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«La mística de la Semana Santa es el marco idóneo para una novela de misterio»

El profesor y escritor Enrique Hernández ahonda en las claves del proceso creativo. Vincula su trayectoria vital y profesional al hecho literario, y celebra el formar parte del elenco de colaboradores que aportan su bagaje y su mirada a las páginas de ‘Más Castilla y León’

Ricardo Ortega

Enrique Hernández ha conseguido formarse y crecer profesionalmente en sus dos grandes pasiones: la literatura y la educación. Su obra ha recibido numerosos premios en certámenes de relato breve a lo largo de toda la geografía española, como el Primer Certamen de Relato Breve de Canfranc Estación, del que resultó ganador, y el Certamen Literario Café Compás de Valladolid, en el que acabó finalista en dos de sus ediciones.

Titulado en Biblioteconomía, Archivística y Documentación, y diplomado en Maestro de Educación Primaria, durante 17 años formó parte de la directiva de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Valladolid, como responsable de publicaciones, redes sociales y archivos.  Trabaja como maestro en el Colegio SAFA-Grial de Valladolid, es colaborador habitual de varias publicaciones culturales, entre ellas ‘Más Castilla y León’, y está a punto de finalizar el siguiente volumen de la saga juvenil de ‘Los Indomables’.

-¿Cuáles fueron sus primeros pasos en el mundo de la escritura?

-Mis primeros pasos como escritor, casi sin saber lo que representaba esa palabra, los di a los diez años, al quedar finalista del Concurso de Redacción Escolar Mundial 82. Años después, en 1996, tras finalizar la lectura de ‘El Club Dumas’, de Arturo Pérez-Reverte, algo despierta en mí y siento la necesidad de dar vida a las ideas que poblaban mi mente. En ese momento es cuando comienzo a escribir.

Con ‘Sangre nazarena’ ante la iglesia de Santa María la Antigua.

Mi primera publicación fue una colaboración con la editorial Baile del Sol y el programa radiofónico nacional ‘Cuenta Conmigo’, en una antología de relatos, a la que seguirían otras publicaciones como coautor. Al tiempo comencé a ganar o quedar finalista en varios certámenes literarios, lo que me animó a seguir escribiendo. Pero no sería hasta 2021 cuando vería cumplido el sueño de publicar mi propio libro.

Gracias a Imperium Editores vio la luz ‘Sangre Nazarena y otros relatos inesperados’, compuesto por dieciocho historias con un marcado carácter juvenil.

-¿Qué relación ha encontrado entre su pasión literaria y experiencia en la educación no formal?

-Animado por el recibimiento que tuvo mi primer libro entre los que ya puedo llamar ‘mis lectores’, me animé a cumplir con un viejo reto que tenía pendiente desde que colgué las botas como coordinador de tiempo libre: escribir una guía en la que volcar toda mi experiencia de más de 20 años en la educación no formal y el ocio y tiempo libre.

De ahí nacería en 2022, gracias a Grupo Mina, ‘¡¡S.O.S. Estoy de campamento!! Guía de emergencia para monitores de tiempo libre en apuros’, que va por su tercera edición y cuenta con el patrocinio de AneaCamp. Por estas fechas me incorporo como colaborador habitual a la revista ‘Más Castilla y León’, cumpliendo un sueño largamente perseguido. Tres años después, en 2025, publico la que, hasta ahora, es mi última obra: la novela juvenil de aventuras ‘Los Indomables. El bastón del maestre’, también con Grupo Mina, y que ha tenido una gran acogida hasta la fecha.

El escritor, en la biblioteca del vallisoletano Palacio de Santa Cruz.

-¿Cómo viven sus alumnos tener un profesor que es también escritor?

-En su mayoría, lo viven con mucha naturalidad. En el trato diario prima sobre todo el aspecto docente. Para ellos soy un profe con el que aprenden y se divierten, con un trato muy cercano y que, como afición, escribe libros de más o menos interés para ellos.

Hay una diferencia muy marcada y palpable entre los alumnos que me leen y los que no. Aquellos que, en algún momento, decidieron leer tanto ‘Sangre Nazarena’ como ‘Los Indomables’, siempre se dirigen a mí con un destello de admiración en sus ojos; aprovechan cualquier encuentro en los pasillos, el patio e incluso las aulas para comentar algún aspecto de la lectura, hacerme sugerencias o preguntar por la siguiente novela.

Pocas cosas me resultan tan gratificantes como verlos leyendo alguno de mis libros en su tiempo libre o cruzarnos en las escaleras y que los lleven abrazados a modo de tesoro. Se sienten orgullosos de mostrar en público que me leen, y no voy a negar que eso me emociona.

-¿Ha notado que despierta inquietudes en ellos?

-Es muy gratificante ver cómo bastantes de los que asisten al Taller de Creación Literaria que imparto en el colegio han dado el paso de empezar a escribir sus propias obras.

Casi todos dieron este paso tras leer alguno de mis libros y, en la confianza que les da tener un referente que es al mismo tiempo maestro y escritor, han abandonado sus miedos.

Han iniciado un hermoso viaje literario de destino incierto, en el que no estarán solos. Me siento muy feliz de que me hayan elegido como su mentor.

Firmando ejemplares.

-Ya tiene mérito, teniendo en cuenta la competencia feroz que suponen las redes sociales…

-La lectura en el aula siempre se presenta como uno de los grandes desafíos del curso. Es muy importante que, desde edades tempranas, los alumnos adquieran el gusto por la lectura. Por eso es imprescindible que se la presentemos como una actividad atractiva, cercana y deseable, no como una obligación.

Para ello hay que involucrarse a fondo, haciéndosela atractiva y deseable, fomentándola a través de diversas dinámicas y actividades tales como cuentacuentos, encuentros con los autores, grabación de booktubers, concursos, clubs de lectura… Aunque sigo creyendo que nuestra mejor arma es ser ‘espejo’, un ejemplo para ellos, hablándoles con pasión de cada lectura, haciéndoles partícipes de las aventuras de sus protagonistas, compartiendo sus viajes imaginarios… Siendo, en definitiva, los ‘sherpas’ que los guiarán por el mundo de la literatura.

Un libro es un amigo que no falla, es una puerta a la aventura al que puedes llevar a cualquier lugar contigo. Puedes sumergirte en él unos minutos o unas horas, tú decides. Y, dependiendo de tu estado de ánimo, tú decides si prefieres humor, aventura, amor, drama… Es el compañero ideal, sin adicciones, sin preocupaciones.

Parece fácil, pero hay que saber acompañar al alumno desde chiquitín en su proceso lector, procurando que no caiga en la apatía o aburrimiento. Que nunca lo vea como una carga, sino como lo contrario.

-Pero si el maestro está solo en esto…

-Por supuesto, es fundamental que en casa se fomente este ambiente. Es fácil que, si el niño ve leer a sus padres, él quiera hacer lo mismo. Algo tan sencillo como leer juntos unos minutos antes de irse a dormir refuerza el vínculo con la familia y con el gusto por la lectura.

Esos padres están regando día a día la semillita que hará que su hijo tenga muchas posibilidades de ser un buen lector en el futuro. En vez de dar a tu hijo una tablet o el móvil para que no moleste, dale un libro. Te lo acabará agradeciendo.

Lógicamente esta no es una fórmula mágica, pero mi experiencia profesional me indica que la mayoría de los niños que ha seguido estos pasos ha adquirido un hábito lector que ha perdurado en el tiempo; les ha ayudado a desarrollar la comprensión lectora y a adquirir vocabulario.

-¿Cuáles son las fórmulas que emplea para ‘enganchar’ al lector?

-Intento llegar a la gente joven con un estilo en el que predomine la aventura, la sorpresa, la intriga, la aventura, el humor… pero también que, al leer cada relato, aprendan algo nuevo divirtiéndose, ya sea relacionado con algún episodio histórico, los clásicos o la mitología. Que aprendan a amar la lectura, pero también que sientan interés por todo aquello que los rodea.

-¿Se puede decir que su ciudad, Valladolid, es eminentemente literaria?

-Valladolid respira literatura por sus cuatro costados, algo de lo que muchas veces no somos conscientes los propios vallisoletanos.

Los autores que ha dado nuestra ciudad, o que en algún momento fijaron aquí su residencia, impresionan por la rotundidad de su obra: Cervantes, Jorge Guillén, Zorrilla, Núñez de Arce, Rosa Chacel, Paco Umbral, Emilio Ferrari, Martín Garzo, Pérez Gellida… Sin olvidar a jóvenes autores que vienen pisando fuerte y reclamando su hueco, como Mar Sancho, Alejandro Barrero o Víctor del Pozo.

Son autores que bebieron y se empaparon de nuestras gentes y calles, nuestra cultura y costumbres, nuestros monumentos y festividades o nuestra historia. Valladolid les dio la inspiración y se lo agradecieron generando obras inmortales.

No se puede negar que algo hay entre el Pisuerga y la Esgueva que despierta la creatividad de grandes genios y llama a gritos a la musa de la inspiración…

-¿Considera que la Semana Santa inspira historias de cierto tipo?

-Por supuesto. La mística que envuelve la Semana Santa es el marco ideal para una novela de misterio, aunque todos los aspectos que configuran nuestra Semana Santa pueden dar pie a todo tipo de tramas.

No hay muchas obras de ficción relacionadas con la Semana Santa, algo que no alcanzo a entender, porque en cualquiera de sus vertientes existe material más que de sobra para inspirar un relato o una novela con gran atractivo. Existen algunas excepciones, claro está, como ‘El hombre que esculpió a Dios’ o ‘La sangre de los crucificados’, pero no es lo habitual.

El aspecto místico-religioso de nuestra Semana de Pasión ha sido el que más me ha inspirado a la hora de escribir mis relatos. Quizá los más llamativos son los que convierten algunas de nuestras imágenes devocionales en un protagonista más del relato.

Adquieren importancia las cofradías, los imagineros, los propios cofrades, las procesiones y Valladolid como escenario, tomando como punto de partida algunos hechos históricos acontecidos en la ciudad y poco conocidos.

-¿Qué supuso ‘Sangre nazarena…’ para usted?

-Fue la culminación de un sueño largamente perseguido. Por fin había conseguido sacar al mercado el fruto de muchos desvelos, y nada se puede comparar a la ilusión que me generó el poder compartir mis escritos con toda la ciudad.

Aunque está mal que yo lo diga, la obra fue muy bien acogida y recibí numerosas felicitaciones de lectores que habían disfrutado sumergiéndose en sus páginas. El mejor halago que recibí fue el de un reconocido escritor e historiador que me comentó que “Valladolid y su Semana Santa necesitaban y se merecían tener un libro así”.

-¿Qué tiene de especial la Semana Santa para usted?

-Forma parte de mi vida y de mis creencias desde mi más tierna infancia. Pertenezco a una familia de gran tradición ‘semanasantera’ desde hace generaciones, ligada a la Cofradía de la Preciosísima Sangre y a la Cofradía de las Angustias.

Desde niño me enseñaron a quererla y a respetarla, y he procurado aportar mi granito de arena a su conocimiento y engrandecimiento, primero como cofrade y más tarde como miembro de la Junta de Cofradías de Semana Santa.

En última instancia, también con algunos de los relatos de mi obra ‘Sangre nazarena…’. Mi deseo es que sirva para que todo el que la lea sepa más de algo tan nuestro, tan vallisoletano, pero a la vez tan universal.

-¿Cómo es su faceta como colaborador de ‘Más Castilla y León’?

-Llegar a ser colaborador de esta prestigiosa revista fue para mí cumplir un anhelo largamente buscado. Jamás podré pagar a mi redactor jefe, Ricardo Ortega, la confianza que depositó en mi persona. Desde muy joven había soñado con colaborar en una publicación de prestigio relacionada con la cultura y los viajes y, cuando surgió esta oportunidad, no me lo pensé dos veces.

Aquí siempre me han dado total libertad a la hora de elegir la temática de mis artículos y ello ha redundado en beneficio de todos. Mi objetivo es dar a conocer lugares con encanto que nos rodean y que merecen ser visitados. Muchos de ellos vecinos nuestros que desconocemos que están ahí.

He disfrutado muchísimo con todo el proceso creativo de cada uno de estos artículos, que abarca desde la investigación previa hasta la corrección de las pruebas finales de imprenta, pasando por una ardua tarea de documentación y visita en persona del lugar. Gracias a eso he podido conocer a personas maravillosas que me han abierto sus puertas y facilitado mi trabajo.

Y no menos importante es la amistad que hemos forjado entre algunos de los demás colaboradores y el propio Ricardo, que nos hace desear que llegue cuanto antes la reunión para preparar la próxima revista.

-¿Qué influencia tuvo en el Enrique escritor el formar parte de la Junta de Cofradías de Semana Santa durante 17 años?

-Mi estancia en la Junta de Cofradías de Semana Santa de Valladolid me permitió trabajar desde la ‘sala de calderas’ por engrandecerla y hacerla aún más visible, pero también conocer a un maravilloso grupo de personas con el que guardo un vínculo irrompible.

Aprendí de su saber y experiencia, y haber compartido el día a día con ellos es algo impagable. Detrás de cada exposición, presentación, concierto, pregón… hay muchas horas de trabajo y mil y un detalles por pulir para que todo salga perfecto. Mucha gente desconoce el trabajo entre bambalinas que hay que llevar a cabo y las horas de sueño que te quita. Pero lo pagas con gusto.

Las responsabilidades de mi cargo directivo implicaban, entre muchas otras cosas, la gestión de los archivos históricos de la Junta de Cofradías, revisar las publicaciones de todo tipo antes de ser enviadas a imprenta, comisariar exposiciones, corregir discursos y saludas, o actualizar la web oficial y las redes sociales. Y, por supuesto, todo ello me ayudó a forjarme como escritor, al permitirme entrar en contacto con grandes historiadores y literatos a través de sus escritos.

No puedo desdeñar la influencia que el propio ambiente en el que me movía, sumado a la lectura de tantos documentos relacionados con la Semana Santa en todas sus vertientes, ejerció en mí y en mi obra. Sobre todo, en los aspectos más místicos, religiosos y artísticos.

Recuerdo con emoción el día que, revisando un archivador de contabilidad de 1960, encontré traspapelada una carpeta con los artículos originales de una serie de colaboraciones con la Junta de Cofradías que los grandes autores de la época habían realizado.

Allí se fueron sucediendo ante mis ojos escritos de Miguel Delibes, Francisco de Cossio, Narciso Alonso Cortés o Esteban García Chico, con sus correcciones hechas a mano, sus tachaduras o mensajes de aliento y cariño. Un momento que, años después, aún me emociona recordar por su trascedencia.

-¿Cómo consigue un escritor la paz interior necesaria para centrarse y hacer avanzar el proceso creativo?

-No existe un procedimiento estándar. Cada escritor tiene sus rutinas, manías o necesidades. En mi caso necesito desconectar de un modo absoluto, dejando de lado las preocupaciones diarias. Preciso de un silencio total a mi alrededor para concentrarme.

En mi cabeza solo puede haber en ese momento pensamientos relacionados con lo que voy a escribir. A continuación, releo lo escrito el día anterior para situarme y, si lo veo preciso, lo corrijo. Hay días que la escritura fluye sola y avanzas y otros que te puedes tirar horas atascado en una frase.

Cada día, espero con ansía e ilusión ese momento íntimo frente al folio en blanco, porque nunca sabes qué te va a deparar y con qué te va a sorprender.

-¿En qué proyectos está embarcado en la actualidad?

-Tras el éxito de mi novela de aventuras ‘Los Indomables. El bastón del maestre’, que presenté el pasado verano, me hallo inmerso en su continuación. En el tintero quedan escribir una segunda tanda de relatos relacionados con la Semana Santa y un nuevo manual relacionado con la educación no formal, esta vez para coordinadores de tiempo libre. Y, por supuesto, seguir colaborando con ‘Más Castilla y León’ desde mi sección ‘Rincones con encanto’.

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