Ricardo Ortega
La Biblioteca Municipal Fray Bartolomé de Olmedo acoge el jueves 9 de julio la presentación de ‘Arrabales, caseríos y otros diseminados de Olmedo’, el último libro de Eduardo Gay Guerrero.
El evento se celebra a las 19,00 horas y en él participa, junto al autor, el arquitecto Carlos Sobrino, que ha sido el encargado de prologar la obra.
Gay Guerrero es licenciado en Documentación por la Universidad Carlos III de Madrid y especialista en Archivística por la UNED, de donde le llega la pasión por la genealogía y la investigación documental.
Combina el ejercicio de esas disciplinas con el estudio de los pueblos y lugares de sus orígenes y en su cuarta obra, ‘Arrabales, caseríos y otros diseminados de Olmedo’, profundiza en la investigación de sus antepasados “residentes en diferentes puntos del término municipal de Olmedo, entre otros, desde mediados del siglo XVI hasta nuestros días”.

-¿Por qué ese empeño en analizar sus raíces a través del ensayo?
-En realidad no se trata únicamente de un empeño personal en analizar mis propias raíces familiares, sino que a través de estos estudios trato de prestar mi ayuda a una cada vez mayor cantidad de personas que sienten curiosidad por saber quiénes las precedieron en el tiempo.
Además, trato con estas investigaciones de rescatar aquellos lugares recónditos ya olvidados, para que se mantengan en la memoria colectiva.
-¿Qué acogida reciben sus obras entre el público de las localidades analizadas?
-Este tipo de obras van dirigidas sobre todo a personas que sienten inquietud por saber más de la tierra en la que viven, qué secretos e historias esconde a lo largo del tiempo.
Por supuesto no se trata de historias noveladas, sino que realmente son guías geográficas y sociales sobre un territorio en concreto, en este caso sobre el término municipal de Olmedo.
-En el caso de Olmedo, gran parte de su historia se ha escrito de forma periférica, en estos barrios, caseríos, arrabales…
-Precisamente por eso creo que es muy necesaria esta obra. Olmedo no es solo villa, sino también término municipal; un término muy extenso que estuvo poblado en muchos puntos, muy distantes unos de otros.
En muchos de estos diseminados ni siquiera quedan restos de su existencia. De ahí la necesidad de recopilarlos en este libro.
-Según nuestros datos, el municipio solo cuenta hoy con una entidad local menor, Calabazas. ¿Cómo percibe usted esta pedanía? ¿Como un animal en peligro de extinción digno de estudio? ¿Como un conjunto de casas que pronto formará un despoblado más?
-Efectivamente, hoy en día el único núcleo habitado dentro del término municipal es Calabazas. Yo percibo esta pedanía como un lugar con mucha historia local. Ya a finales del siglo XVII era un despoblado y, sin embargo, volvió a establecerse población y alcanzó una cantidad considerable de habitantes.
Allí también nació el guerrillero Jerónimo Saornil, un gran personaje durante la Guerra de la Independencia. Sin duda se trata de un lugar que debemos proteger y conservar.
-¿Cómo aborda la escritura de sus libros? ¿Prima el rigor histórico o da prioridad a que los textos sean amenos, fáciles de leer?
-Los libros que yo escribo no son historias noveladas. Son estudios de historia local, fruto de años de investigación en archivos y fuentes de información. Todo lo que escribo está sacado de otro libro, de otro documento, y en este caso incluso de los propios testimonios de las personas que vivieron en estos lugares.
Además, muchas de las fotografías que aparecen en este libro las he tomado yo mismo cada vez que buscaba la ubicación y posibles ruinas existentes de estos lugares.
-¿En qué se nota su formación en documentación y archivística?
-La formación que tengo se nota a la hora de saber dónde tengo que buscar la información, a qué fuentes debo acudir para encontrar los datos históricos que necesito para componer mi estudio.
Por supuesto, se nota también a la hora de poder leer y transcribir textos de siglos pasados.
-¿Es fácil en España acceder a los archivos históricos? ¿Las administraciones se abren a colaborar?
-Hoy en día en España es muy sencillo para cualquier persona acceder a la mayoría de archivos históricos. Otra cosa es saber desenvolverse una vez que se está en ellos. No siempre podemos depender de que nos ayuden en estos centros; hay que ser autodidactas e ir aprendiendo durante el camino.
Por otra parte, no hay que dejar de agradecer la cantidad de patrimonio documental que ya está digitalizado y se sigue digitalizando, poniendo a disposición de todos de forma gratuita en internet.

