Ricardo Ortega
La maleza ha crecido hasta cubrir el yacimiento autrigón y romano de Arce-Mirapérez, en Miranda de Ebro. Se trata de un antiguo castro ubicado en la colina que domina la zona, el cerro del Infierno, que con el tiempo se extendió por la vega del Ebro y del Zadorra.
Allí se construyó un importante oppidum (localidad amurallada), que se corresponde con el nombre de Deobriga.
Como saben los lectores de ‘Más Castilla y León’, la ocupación romana construyó sobre este espacio una ciudad que abarcaba en torno a 26 hectáreas.
La construcción de un vial para conectar un polígono industrial con una carretera propició la excavación de unos 4.000 metros cuadrados en el año 2010. En aquella actuación se localizaron viviendas y otras estructuras de época romana, pero también parte de los sistemas defensivos que tuvo el oppidum autrigón en distintos momentos.
Rafael Varón, arqueólogo responsable de ArkeoClio y presidente del Instituto Alavés de Arqueología, recuerda que en Deobriga se excavaron el foso y la muralla de una primera fase de esta población, que fue sustituida por otro foso y otra muralla que ampliaban el área de urbanización y la capacidad de defensa, incluyendo una importante puerta monumental.
“Los resultados arqueológicos se salvaron -muy parcialmente- con la construcción de un puente que pasaba por encima de ellos y permitía la (auto)visita a aquello que se había conservado, que no era todo lo documentado”, puntualiza.
Varón recuerda siempre que puede la amabilidad y “buenos propósitos” del Ayuntamiento de Miranda que los restos sean mantenidos en el tiempo. El esfuerzo que hay que hacer se resume en trabajos de jardinería que eliminen la maleza que crece sobre el patrimonio conservado. Y, de paso, limpiar la basura que se acumula en el interior del perímetro que “protege” el puente.
El pasado mayo el arqueólogo dirigió una visita al yacimiento, cuando se pudo comprobar que estos trabajos de mantenimiento no se habían efectuado aún sobre la parte visitable del yacimiento, “por lo que las explicaciones que tuvimos que dar se vieron complicadas por la presencia de la vegetación descontrolada y basura”.
Ha estado en fechas posteriores en el lugar, y pudo comprobar que seguían sin hacerse estos trabajos. “Quizá estén pendientes en la agenda”, razona, antes de advertir: “Esperemos que este importante bien patrimonial sea tenido en cuenta en las labores de mantenimiento que necesita para no volver a enterrarse y desaparecer”.

