Ricardo Ortega
Como sabe todo el que haya vivido en el País Vasco o se haya movido por su topografía montañosa en busca del paisaje o el mar, una de las palabras vascas más extendidas es la de ‘agur’.
La emplean los euskaldunes y los castellanoparlantes, los ‘caseros’ guipuzcoanos y los viajeros que desean sentirse integrados; se dice con simpatía y también con empatía.
No se pronuncia diferente en ninguno de los dos idiomas empleados por aquellas latitudes (tres si incluimos en francés) y no dispone de variantes en función del dialecto vasco que se hable.
‘Agur’ es una palabra universal. Se comprende en Burgos, en Albacete y en Cochabamba, y lo que se sabe poco es que en realidad es una palabra que trajeron a la Península los descendientes de Rómulo y Remo.
Destacan los filólogos que, efectivamente, esa despedida tan local y universal al mismo tiempo deriva de la palabra latina ‘augurium’, que era una forma utilizada para desear a alguien salud y prosperidad, a la hora de saludar o despedirse: se deseaban buenos augurios.
No se sabe con exactitud cómo se incorporó el término al vocabulario vascuence, pero es que en realidad son numerosísimas las palabras tomadas del latín y de otros idiomas: el euskera como lengua viva que toma palabras prestadas de aquellos idiomas con los que convive.
Al parecer, el término del que hablamos ya se empleaba en la Edad Media ya era utilizado, y además de un modo culto y como forma de reverenciar a alguien.
Al introducirse en el euskera, la palabra empezó a usarse como una fórmula de cortesía tanto para saludar al llegar como para despedirse al marchar. Incluso en la actualidad se utiliza formalmente como encabezamiento de una carta o escrito oficial, en el que se da un tratamiento de distinción al destinatario. Más, por cierto, en la parte norte o ‘francesa’ del País Vasco.
Con el paso del tiempo, el uso cotidiano de ‘agur’ se fue empleando casi exclusivamente como una fórmula de despedida; algo así como el ‘ciao’ de los italianos, que en castellano solo se emplea para decir hasta luego.
En cualquier caso, el término ‘agur’ proviene directamente del latín vulgar, ‘agurium’, que a su vez deriva del latín clásico ‘augurium’.
En la Península se convirtió en ‘agur’ y en el menos empleado ‘abur’, aunque lo interesante es que ese augurium derivó en dos palabras castellanas: augurio y agüero.
Son casi sinónimas, aunque bien es cierto, que suenan distinto al oído del usuario. Para la RAE augurio significa presagio, anuncio, indicio de algo futuro, mientras que define agüero como “presagio o señal de cosa futura”, como sinónimo de señal, signo, premonición, predicción, pronóstico, anuncio, vaticinio, auspicio… También especifica la Real Academia que se refiere a un “pronóstico, favorable o adverso, formado de forma supersticiosa por señales o accidentes sin fundamento”.
Con esta pequeña excursión al País Vasco hemos ganado un nuevo argumento para epatar a nuestro cuñado en las reuniones familiares. A partir de ahora comprenderemos mejor su posible llegada (no siempre, ojo) a nuestra casa como un pájaro de mal agüero.
—
Fotografía de portada: 8photo en Magnifique

