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El Duero, un río de vino

El papel del Duero como eje vitivinícola ha protagonizado la última edición del ‘Duero Wine Fest’, un encuentro con fuerte sabor portugués y que ha destacado la presencia de 17 figuras de calidad en Castilla y León

 

Ricardo Ortega

La del Duero es una de las cuencas vitivinícolas más importantes del mundo y, en su vertiente española, suma nada menos que 17 figuras de calidad. El sector de la viticultura y las bodegas suma una facturación superior a los mil millones de euros. Ese entramado es el que ha sustentado una nueva edición del ‘Duero Wine Fest’, celebrado en Salamanca como homenaje a un curso de agua que define un territorio, una cultura y una forma de entender el mundo.

El Duero nace a 2.160 metros de altitud en los sorianos picos de Urbión y recorre 897 kilómetros antes de desembocar en Oporto. Durante su recorrido, atraviesa de este a oeste la comunidad autónoma de Castilla y León e influye en la configuración de todas las provincias de la comunidad. El protagonismo no es todo suyo y se reparte por toda la cuenca que vierte hacia él. Por eso son tan sugerentes nombres de ríos como el Arlanza, el Pisuerga, el Esla, el Eresma, el Carrión, el Duratón, el Tormes…

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La cuenca del Duero se extiende hasta casi los 98.000 kilómetros cuadrados, de los que casi 79.000 están en territorio español. Además, el ‘padre Duero’ cuenta con 112 kilómetros de caudal en el territorio internacional que supone la frontera de Portugal con España, donde configura un paisaje espectacular, granítico, que al llenar la copa ofrece un gusto mediterráneo y mineral.

Hoy se habla de enoturismo, como se recordó en el encuentro de Salamanca, donde alguien recordó que más de un tercio del patrimonio histórico y artístico de la comunidad se encuentra en las orillas del Duero.

Diversidad

Diferentes altitudes, suelos de distintos orígenes, pendientes y zonas climáticas conforman una diversidad difícil de igualar y dan como resultado distintas regiones vitivinícolas con personalidades y caracteres diferentes. Visto desde la perspectiva del vino, el Duero supone un patrimonio de valor imposible de calcular.

En las márgenes del Duero se concentran unas 180.000 hectáreas de viñedo, más de 200 variedades de uva, muchas de ellas autóctonas, y casi 1.500 bodegas. A lo largo de los 900 kilómetros que recorre su cauce podemos descubrir pequeñas y grandes zonas vitivinícolas, todas ellas con una marcada personalidad.

Aroma, sabor, textura en Castilla y León

En Castilla y León, bajo la influencia del Duero se asientan 13 DOP vitivinícolas: Arlanza, Arribes, Cigales, Ribera del Duero, Rueda, León, Tierra del Vino de Zamora, Toro, Valles de Benavente, Valtiendas, Urueña, Dehesa Peñalba y Abadía Retuerta; en la parte portuguesa se sitúan Douro, Porto, Vinho Verde, Tavora-Varosa, Tras-os-Montes y Beira Interior.

Grandes ríos de vino

Garona, Loira, Ródano, Rin, Miño, Sil, Mosela, Napa… Las grandes zonas vitivinícolas del mundo fundamentan su existencia en las orillas de grandes ríos. El Duero, Douro en su tramo portugués, el Alto Douro Vinhateiro, forma parte de ese conjunto de corrientes en cuyos valles se cultivan viñas prodigiosas, un paisaje salpicado de ‘terroirs’, donde se obtiene la materia prima de vinos de fuerte personalidad, que pelean en los mercados internacionales.

El ‘Duero Wine Fest’ inició su andadura en 2018 sobre la idea de que las grandes zonas vitivinícolas del mundo se asientan en las orillas de grandes ríos. Del mismo modo, el Duero y sus afluentes son las corrientes que articulan la geografía vitivinícola de Castilla y León y del otro lado de la frontera.

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Duero Wine es un congreso bienal promovido por la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de la Junta de Castilla y León. Tiene como objetivo destacar al Duero como uno de los ríos vitivinícolas más importantes del mundo, sustento de vinos de calidad con personalidades diferentes, sabores dispares, a los que se suman los vinos del Bierzo, dotados de su característica atlanticidad, y las singularidades de Sierra de Salamanca y Cebreros.

Tras tres ediciones se puede considerar el mayor congreso de vinos del centro de España, punto de encuentro para los principales expertos nacionales e internaciones del mundo del vino. Un mosaico de miradas y opiniones que analizan este sector económico en sus diferentes ámbitos: producción, elaboración, comercialización, inteligencia artificial, derecho, salud…

Homenaje a la Raya

La tercera edición de Duero Wine ha tenido lugar los días 15 y 16 de abril con el objetivo de rendir homenaje a la ‘raya’ con Portugal. Por eso se decidió celebrarlo en Salamanca.
Bajo el lema ‘Construyendo una propuesta de valor a partir del territorio’ se desarrollaba un amplio programa con atractivas ponencias, debates y catas de expertos y profesionales de gran prestigio a nivel internacional, que analizaban las principales tendencias del sector, con el fin de proporcionar herramientas para la creación de valor.

La conferencia inaugural, a cargo de Tim Atkin, versaba sobre el presente y futuro de los vinos del Duero. A continuación, el historiador Felipe Fernández-Armesto, catedrático de Historia Mundial y Ambiental del Queen Mary College de la Universidad de Londres, hablaba sobre el vino en la alimentación.

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El congreso contaba también con otros expertos internacionales como Sara Jane Evans, especialista en vinos españoles para la revista británica Decanter, para dar su visión como foránea del río Duero y sus vinos, o el profesor alemán Gergely Szolnoki, que habló de las tendencias del enoturismo a nivel mundial.

El impacto de las nuevas tecnologías en la comercialización de los vinos, los mercados y la globalización o la viticultura frente al calentamiento global, fueron otros aspectos abordados en el congreso.

La parte técnica del encuentro incluía diversas ponencias sobre temas de máxima actualidad, como el manejo del viñedo con criterios de sostenibilidad y calidad o las implicaciones del vino y la salud; desarrolladas a cargo de conocidos expertos de la talla de Antonio Graça, José Hidalgo, José Ramón Lissarrague o Victoria Arribas.

Un pilar económico

El sector del vino es uno de los pilares de la economía de Castilla y León, con una facturación que supera los mil millones de euros. Supone el 3,1% del PIB regional y ayuda a mantener un 3,8% del empleo (unos 33.000 trabajadores), la mayoría en el medio rural y dedicados a un negocio con arraigo sin posibilidad de deslocalización.

En conjunto, se trata de un sector estratégico y, precisamente, esta capacidad de generar actividad en el medio rural lo convierte en una herramienta eficaz para luchar contra la despoblación.

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El valor estratégico del sector vitivinícola empieza por el propio cultivo del viñedo que, en el caso de Castilla y León, se caracteriza por su alto grado de tecnificación, actividad y dinamismo.

Además, es importante reflejar que el cultivo de vid fija población en las zonas rurales debido a la gran demanda de mano de obra que se requiere para realizar las operaciones propias de la vid, como las podas, operaciones en verde, tratamientos fertilización, vendimia…

Ese impacto continúa por el gran impacto que las bodegas tienen en el medio rural, pues generan líneas de actividad diversas: desde el propio movimiento de uva o los materiales auxiliares (botellas, componentes, corchos, etiquetas…) hasta el propio producto, el vino. Basta ver cómo se han transformado las zonas en las que trabajan las bodegas amparadas por una figura de calidad.

Toda esta actividad económica se apoya en la imagen de calidad que han alcanzado los vinos, que sirve de plataforma y como presentación de la región. El vino es uno de los pocos productos que crean ‘marca’, van unidos al lugar de producción y son capaces de crear actividades económicas complementarias, como el enoturismo.

El viñedo

En Castilla y León existen unas 82.000 hectáreas de viñedo. La provincia de Valladolid es la de mayor superficie, seguida de Burgos, Zamora y León. La producción anual supera los 300 millones de kilos de uva.

Esta superficie de viñedo se reparte en una gran diversidad de variedades de vid autóctonas, algunas ampliamente difundidas por los viñedos de la comunidad como verdejo, tempranillo, Mencía… y otras de cultivo más reducido, como Juan García, prieto picudo…

Además, existe un tercer grupo de variedades autóctonas de cultivo muy reducido (menos de 200 hectáreas de cultivo en Castilla y León), en algunas zonas de producción con aparentemente buenas condiciones para elaborar vinos únicos y con características diferenciales, como Bruñal, Rufete, Puesta en Cruz, Estaladiña… Son las denominadas variedades minoritarias.

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Esta amplia variedad de castas puede llegar a ampliar la oferta de nuevos productos, nuevos vinos con características diferentes que se sumen a los ya conocidos. La posibilidad de elaborar vinos distintos, con identidad propia, permitirá la diversificación de negocio que el mercado exige de manera constante.

El nivel de especialización y profesionalización de la viticultura en Castilla y León es muy alto. Este sector ha experimentado una reestructuración importante en los últimos años, al disminuir el número de explotaciones mientras se incrementaba su tamaño y capacidad empresarial. Esta evolución no ha sido homogénea; se ha dado sobre todo en las principales DO, pero coexisten con otras zonas en las que se reduce la superficie cada año y el viticultor tipo tiene una edad muy avanzada.

El sector elaborador en Castilla y León lo forman unas 750 bodegas concentradas básicamente en las áreas geográficas de las denominaciones de origen. La producción de vino supera los 2 millones de hectolitros anuales, lo que representa el 5,5% de la producción española. Valladolid, Burgos y Zamora son las principales provincias productoras.

Siguen siendo mayoría las pymes (más del 90% son micro o pequeñas empresas), pero también han desembarcado los grandes grupos bodegueros españoles (García Carrión, Félix Solís, Domecq…), que han contribuido a transformar e incrementar el valor empresarial del sector elaborador.

Vinos de calidad

El sector vitivinícola de Castilla y León ha apostado siempre por la calidad. De las 82.000 hectáreas de viñedo, más del 90% están amparadas por figuras de calidad (más de 60.600 hectáreas inscritas en DOP en la vendimia 2023, más las que destinan uva a la elaboración de uva de la IGP) y, de las bodegas, casi el 95% comercializa vinos amparados por algunas de las DOP o de la IGP de la región (aproximadamente 700 bodegas).

Los viticultores inscritos en DOP están en torno a 13.000. En lo que a cifras de comercialización se refiere, Castilla y León pone en el mercado unos 2 millones de hectolitros de vino como DOP o IGP, destacando el poder comercializador de la DO Rueda (843.000 hectolitros en 2023) y Ribera del Duero (755.000 hectolitros).

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Esta apuesta ha convertido a Castilla y León en un referente en el mercado nacional del vino de calidad, ya que uno de cada cuatro vinos de calidad que se comercializan en España es de Castilla y León.

En el estudio sobre el mercado del vino de calidad de Castilla y León elaborado por la empresa NielsenIQ para el año 2022, destaca la cuota de mercado alcanzada por nuestros vinos de calidad en los canales tradicionales de alimentación y hostelería del mercado interior, un 27,6%, que coloca a esta comunidad autónoma en el primer puesto, desbancando por primera vez a Rioja.

La cuota en valor se mantiene en el 30,2%, ocupando el segundo puesto detrás de Rioja. Estos datos son muy significativos porque los canales tradicionales suponen más del 60% de la cobertura del mercado nacional.

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Todo ello, en un contexto general de crecimiento sostenido para el vino tranquilo y para el vino con DO, que es muy similar al del año pasado; es decir, el comportamiento de los vinos de calidad de Castilla y León en el mercado nacional es mejor que el de otros de la misma categoría.

En la misma línea crecen también las ventas del canal especialista (internet, vinotecas, venta directa en bodega y tiendas gourmet) en torno al 35% en volumen y en valor y las exportaciones en un 25% en volumen y un 22% en valor.

El reto del cambio climático

El desafío en torno al clima y su repercusión en el viñedo ha sido, junto a los nuevos modelos en materia enoturística, uno de los protagonistas de esta tercera edición de Duero Wine Fest.

La primera jornada dedicó atención a una realidad que estuvo presente en casi la totalidad de intervenciones: el calentamiento global es el mayor reto al que se enfrenta la viticultura y puede llegar a afectar a la identidad y tipicidad de las uvas.

La altitud como elemento geográfico presente en el recorrido del río Duero fue otro elemento muy destacado en algunas de las ponencias.

La mayoría de los expertos considera que será una ventaja para los viñedos, ante las consecuencias que está teniendo el cambio climático. Introducir cambios en los sistemas de conducción, plantar viñas en terrenos más elevados y con mayor retención hídrica, utilizar el riego o aplicar sistemas de sombreado han sido algunas de las propuestas.

 

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