Ricardo Ortega
La lápida de una tumba vallisoletana recuerda a Teresa de Ávila, a pesar de que siempre se nos dijo que los restos de esta poetisa mística descansaban en Alba de Tormes, en Salamanca. La estrofa esculpida sobre esa pieza de mármol blanco nos recuerda que “la paciencia todo lo alcanza” y nos advierte de que debemos tener eso, tesón y paciencia, si deseamos desvelar los misterios que encierra el cementerio de El Carmen, situado al norte de la ciudad.
El camposanto se encuentra en un terreno adquirido en 1840 por el Ayuntamiento, en un espacio que ocupaban las huertas de un convento desamortizado.
Desde entonces han pasado muchas páginas del calendario. La prensa local señala que aquí descansan las tumbas de 200.000 personas; sus tumbas y nichos todavía admiten restos, aunque las instalaciones ya no se pueden ampliar porque el cementerio de referencia pasó a ser otro en 1994.
Perder la noción del tiempo y el espacio
Este recinto es una sucesión de lápidas y cruces de piedra, tan densa que a veces debemos hacer un alto para orientarnos; es fácil aquí perder el norte, del mismo modo que se nos puede pasar la mañana entera descifrando las lápidas semiborradas, las cruces derrumbadas, las obras de arte levantadas para rendir homenaje a determinados apellidos, algunos ilustres y otros solo pudientes.
Entre los ilustres, con algo de suerte podemos toparnos con una tumba que nos recuerda a la Roma clásica. Allí descansa Federico Wattenberg (1923-1967), destacado historiador y arqueólogo, especializado en la cultura vaccea y la romanización del Duero.
Otras tumbas y panteones, algunos fascinantes, recuerdan a estirpes vinculadas a la ciudad que ya se han extinguido, o quizá difuminado, desparramados en mil árboles genealógicos.
Es cierto que el visitante puede recibir aquí mil lecciones de historia, de arqueología a flor de piel, lo mismo que el periodista puede perderse en mil digresiones a la hora de abordar este reportaje.
Por eso merece la pena poner algo de orden y guiar al visitante -ya sea turista o vecino de la ciudad- para mostrarle las pistas que encontrará nada más atravesar el acceso principal a El Carmen.
Martínez Anido y el pistolerismo
El general Severiano Martínez Anido (Ferrol, 1862-Valladolid, 1938) fue un militar que ocupó diversos puestos en materia de orden público, llegando hasta el generalato. Pasó a la historia por su actuación en Barcelona, como gobernador civil, entre noviembre de 1920 y octubre de 1922.
La capital catalana vivía los años del pistolerismo, una cruenta guerra urbana entre el sindicato anarquista CNT y los «Sindicatos Libres» (impulsados por la patronal).
Martínez Anido aplicó una durísima represión clandestina contra el movimiento obrero. Se le asocia directamente con la ejecución extraoficial de detenidos mediante la «ley de fugas» (simular que el preso escapaba para dispararle por la espalda).
El historiador Paul H. Lewis lo define como un hombre “cruel y violento”. Nosotros diremos que durante la dictadura de Primo de Rivera fue una de las principales figuras del gabinete, y ministro de Orden Público del primer gobierno del general Franco, ya durante la guerra civil.
La muerte le sobrevino en Valladolid, donde el Ayuntamiento le costeó un mausoleo con aspecto de obús. Las efigies de dos soldados flanquean la entrada, aunque bien miradas sus facciones, parecen las efigies de dos fantasmas que protegen la entrada al averno.

Panteón de los vallisoletanos ilustres
La parte más lúdica del cementerio, con permiso de los presentes, es el Panteón de Hijos Vallisoletanos Ilustres.
De estructura octogonal y ubicado en la glorieta principal del camposanto, fue inaugurado en 1902 y construido por Aurelio Carretero.
Algunas lápidas han quedado borradas por el tiempo, pero conviene recorrer las tumbas y echar mano de internet para diferenciar a los políticos de los escritores, porque no todos los nombres están bien identificados en la cabeza del público. Por cierto, aquí se echa de menos a Wattenberg, pero eso es una opinión personal.
José Zorrilla
José Zorrilla y Moral (Valladolid, 1817-Madrid, 1893) tocó todos los palos. Poeta y dramaturgo, hay quien opina que no ha suido el mejor escritor nacido junto al Pisuerga. Pero a lo mejor tuvo el mérito de llegar antes que, quién sabe Delibes o Paco Umbral, en realidad un vallisoletano que fue a nacer a Madrid.
Hay en su obra tres elementos de gran interés para comprender la orientación de su obra.
En primer lugar, las relaciones con su padre. Hombre este despótico y severo, rechazó sistemáticamente el cariño de su hijo, negándose a perdonarle sus errores juveniles. El escritor cargaba consigo una especie de complejo de culpa, y para superarlo decidió defender en su creación un ideal tradicionalista y reaccionario muy de acuerdo con el sentir paterno, pero en contradicción con sus íntimas ideas progresistas.
¿Dónde está Freud cuando se le necesita?
En segundo lugar, hay que destacar su temperamento sensual, que le arrastraba hacia las mujeres: dos esposas, un temprano amor con una prima y amoríos varios en París y México dan una lista que, aunque muy lejos de la de Don Juan, camina en su misma dirección.
No es ocioso preguntarse, como tercer factor condicionante, sobre la salud de Zorrilla. A cierta altura de su vida, en efecto, se inventó un doble, loco (Cuentos de un loco, 1853), que aparece casi obsesivamente después.
Habla de su afición al Tarot, sus alucinaciones, sonambulismo y epilepsia. ¿Cuándo apareció el tumor cerebral que lo llevó a la tumba y cómo afectó a su comportamiento? Quizá el papel predominante de la fantasía en el escritor y su enorme sentido del misterio (la estética romántica) encuentre una explicación por este lado.
Pío del Río Hortega
Valladolid tuvo su candidato al Nobel de Medicina y solo el rencor generado por la política impidió la obtención del galardón.
Después de Cajal, es la figura más destacada de la llamada Escuela Histológica Española, conocido sobre todo por su descubrimiento de la microglía, llamada también «células de Hortega».
Pío fue propuesto en dos ocasiones al Premio Nobel de Medicina, 1929 y 1937, esta segunda en plena guerra civil. De filiación republicana, tuvo que exiliarse primero a Inglaterra y luego a Argentina. En ambos destinos estuvo acompañado de su pareja, Nicolás Gómez del Moral.
Cedió la propiedad del castillo de Portillo a la Universidad de Valladolid, pero los vallisoletanos le pagaron llamando ‘la Residencia’ al hospital que llevaba su nombre. Es de esperar que el traslado del hospital a un nuevo emplazamiento ponga las cosas en su sitio.
Francisco Pino
Paco Pino (Valladolid, 1910 – Valladolid, 2002) pertenecía a una importante familia burguesa, nunca se interesó por el dinero. Apoyado por su madre, mujer culta y buena lectora, se inclinó por el camino intelectual.
En 1927 conoce a Jorge Guillén, cuyo Cántico le influirá en su primera poesía junto la vanguardia creacionista.
Se involucra en el movimiento surrealista, después funda DDOOSS (1931), año en que se licencia en Derecho.
En Inglaterra revive su interés por el catolicismo y funda la revista A la nueva ventura (1934).
En 1936 publica la colección de poemas Asalto a la cárcel Modelo, en la que canta la gesta de los falangistas madrileños.
Hoy da nombre a un instituto de Parquesol.
Emilio Ferrari
Emilio Pérez Ferrari (Valladolid, 1850-Madrid, 1907) fue un poeta y periodista vinculado al Realismo.
Fue doctor en Derecho y Filosofía y Letras. Ingresó en el Cuerpo de Archiveros y se trasladó a Madrid, donde le protegió decididamente Gaspar Núñez de Arce.
Hoy se le recuerda por una calle soportalada junto a la plaza Mayor y por un instituto en el barrio de Huerta del Rey.
Núñez de Arce
Gaspar Núñez de Arce (Valladolid, 1832-Madrid, 1903) fue un poeta y político que evolucionó del Romanticismo hacia el realismo. Miembro del Partido Liberal, fue gobernador civil de Barcelona, diputado por Valladolid en 1865 y ministro de Ultramar, Interior y Educación. Fue nombrado académico de la RAE en 1874
Su obra, amplia y diversa, incluye desde los epigramas de Humoradas a poemas pacifistas, y otros en los que expresa la crisis de su fe religiosa. Fue un gran artífice del verso, cuya forma le obsesionaba, negándose a la inspiración apresurada.
Es recordado en la ciudad por un instituto y por una calle, que los despistados confunden con la de Fray Luis de León, situada de forma paralela.
El nombre antiguo de la calle era la Cárcava. Ese nombre lo tomó un bar cercano, cuyo éxito con las tapas hace intransitable algunas veces ese tramo de la calle Cascajares.
Miguel Delibes
Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920-Valladolid, 2010) fue, de forma resumida, un novelista español y miembro de la Real Academia Española desde 1975 hasta su muerte.
Licenciado en Comercio, comenzó su carrera como dibujante de caricaturas, columnista y posterior periodista de El Norte de Castilla, diario que llegó a dirigir, para pasar de forma gradual a dedicarse enteramente a la novela.
Gran conocedor de la fauna y flora de su entorno geográfico, apasionado de la caza y del mundo rural, supo plasmar en sus obras todo lo relativo al campo de León y de Castilla la Vieja.
Fue reconocido con multitud de galardones, incluido el Premio Cervantes y el Príncipe de Asturias de las Letras. Su influencia va más allá de lo literario, ya que varias de sus obras han sido adaptadas al teatro o se han llevado al cine, siendo premiadas en certámenes como el Festival de Cannes.
La muerte de su mujer en 1974 le marcó profundamente y en 1998 se le detectó una enfermedad. Ese año se publica El hereje, su testamento moral y literario.
Está acompañado en su tumba por la mujer de su vida, Ángeles de Castro.
Rosa Chacel
Rosa Clotilde Chacel Arimón (Valladolid, 1898-Madrid, 1994) fue una escritora de la Generación del 27. Incluida en el grupo de «las sin sombrero». Chacel escribió muchas novelas, narraciones breves, poesía, ensayos y memorias.
Nacida en una familia liberal, creció en un ambiente que le permitió desarrollar una personalidad de gran independencia, amplia cultura literaria (no debe perderse de vista que era sobrina nieta de José Zorrilla) y una autonomía de pensamiento poco frecuentes.
Tuvo dificultades significativas por ser mujer en la sociedad de su tiempo. A pesar de ser una destacada escritora y miembro de la Generación del 27, se enfrentó a exclusión y falta de reconocimiento en el ámbito literario.
Al estallar la guerra civil, Rosa permaneció en Madrid. Colaboró con publicaciones progresistas y suscribió manifiestos al tiempo que realizaba trabajos como enfermera.
Por su parte, su marido fue uno de los responsables de que se evacuaran los cuadros del Museo del Prado durante la guerra. En un primer momento se trasladaron de Madrid a Valencia, y luego a Cataluña, y de allí a Francia y a Suiza. Rosa y su hijo se trasladan durante esta época a Barcelona, Valencia y finalmente en 1937 a París.
Con el regreso de la democracia se produjo un redescubrimiento de Rosa Chacel y se empezó a valorar su obra. Este proceso coincidió con una etapa de gran producción por parte de la autora, que publicó y reeditó muchas de sus obras.
Publicó el ensayo La Confesión (1970). Al año siguiente salió Saturnal. Publicó los relatos de Sobre el piélago (1951) y Ofrenda a una virgen loca, y en un solo volumen tres libros: Icada, Nevda, Díada. Y en 1976 publicó Barrio de Maravillas, que en cierto modo supuso su consagración.
Recomendamos con énfasis las ‘Memorias de Leticia Valle’.
Vicente Escudero
Vicente Escudero Urive (Valladolid, 1888 – Barcelona, 1980) fue un bailarín y coreógrafo de flamenco; teórico de la danza, conferenciante, pintor, escritor. También, ocasionalmente, actor cinematográfico y cantaor.
Nacido en el seno de una familia humilde —su padre era zapatero—, Vicente dio sus primeros pasos de baile siendo todavía un niño sobre las tapas de las alcantarillas de su barrio de San Juan.
Ya de adolescente, y con una formación totalmente autodidacta, combinó las actuaciones en locales de la ciudad y provincia con trabajos como linotipista en varias imprentas.
Decidió ir al Sacromonte granadino a aprender de los maestros gitanos y, poco después, se vio con la confianza suficiente para empezar a actuar en los cafés de Madrid.
En 1925, en la cumbre de su éxito parisino, Manuel de Falla le encargó, junto a «La Argentina», el montaje de El amor brujo, que constituyó un extraordinario triunfo.
Después de la guerra civil se instaló en Barcelona. Su última actuación tuvo lugar en Madrid en 1969.
General Almirante
José Almirante y Torroella (Valladolid, 1823-Madrid, 1894) fue un militar del arma de Ingenieros y escritor español que alcanzó el grado de general de división.
Ascendió a capitán en 1843 por gracia general y tras realizar trabajos de fortificación en la Ciudadela de Barcelona fue recompensado con el grado de capitán de Ingenieros y destinado en el Depósito General Topográfico.
Participó en la redacción del Memorial de Ingenieros del Ejército y presidió una comisión para estudiar asuntos militares en países del centro y oeste de Europa.
Martín Santos Romero
Martín Santos Romero fue un químico y político, alcalde de Valladolid entre 1965 y 1971.
Ejerció toda su vida como catedrático de Física y Química en el instituto Zorrilla de Valladolid, del cual fue director durante muchos años. También como profesor de la Facultad de Ciencias.
En calidad de primer edil, fue procurador nato en las Cortes franquistas entre 1965 y 1971.
Un dato curioso es que comparte sepultura con el poeta Francisco Pino. Da nombre a una calle del barrio de Parquesol.
Mariano Miguel de Reynoso
Mariano Miguel de Reynoso y Abril (Valladolid, 1799-Valladolid, 1863). Político del Partido Moderado, fue el primer responsable del Ministerio de Fomento en el gobierno presidido por Juan Bravo Murillo, durante el reinado de Isabel II.
Vivió oculto durante el periodo del régimen absoluto de Fernando VII, regresando a la política tras la muerte del rey.
Fue alcalde de Valladolid y diputado en las Cortes por Valladolid entre los años 1837 y 1846.
Perteneció a la Sociedad de Amigos del País y a todas las sociedades vallisoletanas de la primera mitad del siglo XIX, tanto artísticas como culturales o políticas.
Jerónimo Ortiz de Urbina
Jerónimo Ortiz de Urbina Díaz de Junguitu (Vitoria, 1824-Valladolid, 1909) fue un arquitecto de origen vasco, conocido por trabajar en la modernización de la ciudad de Valladolid.
Entre sus obras destacan el Pasaje Gutiérrez, la fachada del Teatro Calderón, el Colegio de San José (1881), la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y San Ignacio de Loyola (1896) y la continuación del diseño de Ventura Rodríguez para el colegio e iglesia de los Agustinos-Filipinos.
Narciso Alonso Cortés
Narciso Alonso Cortés (Valladolid, 1875-Valladolid, 1972) fue un poeta e historiador de la literatura
Dirigió durante doce años el Instituto Zorrilla de Valladolid, institución que llegó a dirigir durante doce años hasta su depuración por la dictadura franquista.
Fue el primer director de la Casa de Cervantes de Valladolid y presidió el Ateneo de la ciudad, la Comisión provincial de Monumentos histórico-artísticos y la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción. Fue académico de Real Academia Española.
Macías Picavea
Ricardo Macías Picavea (Santoña, 1847-Valladolid, 1899) fue un escritor, geógrafo, y periodista perteneciente al regeneracionismo.
Profesor de instituto en 1874, en las asignaturas de latín y geografía, su vida trascurrió en Valladolid, donde desarrolló su labor como catedrático del Instituto Zorrilla, intelectual y escritor.
Sin ser krausista, fue discípulo de Julián Sanz del Río, a quien Macías conoció en la Universidad de Madrid, y de Nicolás Salmerón, de aquí su republicanismo progresista. Fue un comunicador más radical que sus contemporáneos regeneracionistas.
Estuvo en el Ayuntamiento Republicano de Valladolid desde que fue elegido concejal en 1891 hasta que abandonó voluntariamente en 1895 como reacción a lo que llamó «acomodamiento del republicanismo a la Restauración».
Hoy se le recuerda por la calle Macías Picavea, que antes se llamaba calle de Cantarranas y que sigue el trazado de la antigua muralla de Valladolid.
Concha Velasco
Concepción Velasco Varona (Valladolid, 1939-Majadahonda, 2023), conocida como Conchita Velasco o Concha Velasco, fue una actriz todoterreno de cine, teatro y televisión, cantante, bailarina y presentadora de televisión.
Se la recuerda por tantas cosas que cuesta elegir una, así que elegimos dos: su papel de Santa Teresa en la serie de TVE y ser la chica ye ye.

Estudió danza clásica y española en Madrid, en el Conservatorio Nacional de los 10 a los 20 años. Se estrenó como bailarina en el cuerpo de baile de la Ópera de La Coruña y en la compañía de Manolo Caracol como bailaora flamenca.
Como actriz destaca su participación en La fierecilla domada (1956). Coprotagonizó Muchachas en vacaciones (1957) y Las chicas de la Cruz Roja (1958) hasta su consagración profesional, junto a Tony Leblanc, con el que rodaría seis películas.
A finales de los años 1960, Conchita va realizando ya «papeles de esposa» en filmes con directores como Mariano Ozores, José Luis Sáenz de Heredia o Pedro Lazaga; Las que tienen que servir (1967), Cuatro noches de boda (1969), El taxi de los conflictos (1969), Susana (1969), La decente (1970), El alma se serena (1970), Préstame quince días (1971), Venta por pisos (1971), Los gallos de la madrugada (1971), Yo soy Fulana de Tal (1975), etcétera.
Aparece junto a las principales figuras masculinas del momento, como Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, Antonio Ozores o el mencionado Tony Leblanc,
De su discografía cabe mencionar la ya dicha Chica ye ye (1965), Perdida (1966), Amores perdidos (1969)… hasta su ¡Mamá, quiero ser artista! (1986).
En su tumba se han esculpido los versos de santa Teresa que abrían este reportaje. Sobre ellos es habitual encontrar ramos de flores, fotografías, poemas y hasta discos y cintas de música.

Memorias de guerra
No se agota la visita en el panteón de los ilustres. Si continuamos la vista llegaremos al monumento a Onésimo Redondo, fundador de las JONS y fallecido en Labajos (Segovia) en un cruce de disparos al iniciarse la guerra civil. El origen. De la bala que acabó con su vida sigue siendo objeto de debate.
Un poco más adelante nos topamos con el memorial a las más de mil personas fusiladas en Valladolid al inicio de la guerra.
En él se pueden leer los nombres de las víctimas, ordenados por localidades. Algunos de los homenajeados fallecieron en campos de concentración.
En 2016 se inició la excavación de fosas, unas diez, hasta alcanzar el millar de represaliados. Se trata de uno de los conjuntos de fosas más grandes de España.
La visita es imprescindible para conocer la historia de la provincia. El flujo de visitantes no se detiene.


