Tordesillas, donde Portugal ganó a Castilla con las cartas marcadas

Las dos partes que negociaron el Tratado contaban con el respaldo de geógrafos y juristas, pero el bando lusitano dispuso de mayores conocimientos sobre el océano, además de una bien engrasada red de espionaje

Ricardo Ortega

Los más viejos del lugar aún recuerdan viajar a localidades fronterizas de Portugal y comprar productos típicos, como ropa o las afamadas toallas lusas. Todavía existían las fronteras, los aranceles con el país hermano, y las adquisiciones más caras había que esconderlas en el fondo del maletero por si, al regresar, la Guardia Civil detenía el vehículo y preguntaba a los ocupantes si llevaban ‘algo que declarar’.

Aquellos españoles que realizaban el viaje transfronterizo, que hoy se percibe como una aventura pintoresca, conservan el recuerdo de lo hábiles y buenos comerciantes que eran los portugueses. Algo parecido percibieron, a buen seguro, quienes en 1494 negociaron con ellos los límites de la expansión por el Atlántico. Desde luego, la lectura sosegada de los hechos revela que los lusos no tenían un pelo de tontos y que probablemente jugaron aquella partida con las cartas marcadas.

Portugal se presentó en Tordesillas con una combinación de experiencia marítima muy superior a la castellana, un secreto cartográfico muy bien guardado y un hábil equipo diplomático. Los estudiosos siguen debatiendo sobre si hubo engaño consciente por parte del equipo luso.

El historiador tordesillano José Manuel Campos resta peso a esta hipótesis. “No es que tuvieran conocimientos distintos a los de Castilla, pero sí estaban más avezados en la navegación atlántica; llevaban ventaja en ese sentido”, señala.

“Diplomáticamente los portugueses siempre han sido hábiles, pero también lo eran los que acudieron a Tordesillas en representación de Castilla”, recalca. “Cada parte tenía un asesoramiento científico, que en el caso de Portugal incluía a los navegantes que habían viajado por el Atlántico”.

El historiador José Manuel Campos resalta las habilidades diplomáticas de los portugueses, pero resta importancia a la tesis de que los lusos engañaron a los castellanos. Fotografía: Ricardo Ortega

Un precedente: Alcáçovas

Para Campos, el Tratado de Tordesillas se comprende mejor atendiendo a su antecedente casi inmediato, el Tratado de Alcáçovas (Alcazobas en castellano), que puso fin a la guerra entre Castilla y Portugal, en 1479.

En virtud de ese acuerdo, Azores, Madeira y Cabo Verde pasan definitivamente a Portugal, además del dominio de la costa africana, mientras se confirma la titularidad castellana sobre las Canarias. Los firmantes eran Alfonso V de Portugal y los Reyes Católicos, que se comprometían a respetar la paz y renunciaban a pretensiones dinásticas sobre el otro reino.

“Alcáçovas es un tratado que da pie al Tratado de Tordesillas porque se ve una futurible disputa por los territorios que se han descubierto en 1492”, recuerda Campos. En 1494 se sabe que se han descubierto nuevos territorios y de ahí esa necesidad de evitar enfrentamientos. “Los precedentes con Portugal no eran amistosos. Había desconfianza y con mediación de Alejando VI, Borgia y español, se acuerda este reparto de lindes entre vecinos, porque se trata de eso, aunque trasladado a un nivel muy superior”.

Nos recibe Campos en las llamadas Casas del Tratado, un conjunto que incluye el inmueble en el que se firmó el documento (actual Oficina de Turismo y sede de la Univeridad de Valladolid), un edificio posterior que hoy acoge biblioteca y salón de actos, y la iglesia, “muy posterior, encargada por la familia Alderete, que tuvo su papel en algunos momentos de la conquista, como el Perú, acompañando a Pedro Lagasca”.

Por cierto, la acera es continuación del palacio que acogió a Juana I de Castilla, recordada como la Loca, encerrada en ese complejo y no en el monasterio de Santa Clara, como a veces se afirma erróneamente. “De ese conjunto solo quedan los jardines del palacio, que se asoman como un balcón al Duero”, señala nuestro guía.

Para él, haber sido escenario de un tratado de semejante relevancia ha marcado la historia posterior de la localidad. “El vecino de Tordesillas es consciente de lo que supuso aquel hito, sobre todo a raíz de la celebración del quinto centenario, un evento con una labor divulgativa muy importante, que dejó su impronta”, recuerda.

El tratado no solo está presente en la vida cultural de la localidad a lo largo del año, sino que la mencionada sede de la Uva acoge el Centro Tordesillas de Relaciones con Iberoamérica y una cátedra específica sobre Brasil. “Para aquel país el Tratado de Tordesillas es un tótem, casi un acta fundacional”, subraya.

Un rey portugués enojado

Merece la pena recordar que, en el regreso de su primer viaje, Colón se encontraba en la Niña, que hizo escala el 17 de febrero en la isla portuguesa de Santa María, en Azores, y el 4 de marzo recaló en Lisboa. Allí fue interrogado por el rey Juan II y lo puso al corriente de sus descubrimientos.

Inmediatamente, el monarca portugués reclamó la pertenencia de las nuevas tierras alegando derechos derivados del Tratado de Alcáçovas. Isabel y Fernando negaron tal pretensión aduciendo que la navegación se había efectuado siempre al oeste, “y no al sur de Canarias”.

Para afirmar la soberanía castellana sobre los territorios recién hallados por Colón, Isabel y Fernando solicitaron ayuda al papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia), con el que tenían una larga relación de favores mutuos. El papa estableció que pertenecerían a la corona de Castilla las tierras y mares al oeste del meridiano situado a 100 leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde. Además, se decretaba la excomunión para todos aquellos que cruzasen dicho meridiano sin autorización de los reyes de Castilla.

Las bulas consternaron al rey portugués, pues quedaba excluido en la práctica de las empresas americanas, toda vez que la línea de demarcación trazada por designio papal lo relegaba a las costas africanas. Los Reyes Católicos defendieron la nueva situación con la misma firmeza que los portugueses habían defendido el Tratado de Alcáçovas, pues su situación ya no era precaria, al contar con el apoyo papal y la paz firmada con el rey de Francia.

El tordesillano José Manuel Campos destaca la importancia del Tratado de Alcáçovas como precedente inmediato. Fotografía: R. Ortega

Potente red de espionaje

Los Reyes Católicos y el monarca luso negociaron pues un tratado bilateral. Las delegaciones diplomáticas se reunieron durante meses en Tordesillas. Según el cronista portugués García de Resende, Juan II disponía de una red de espionaje muy eficaz formada por personas cercanas a los Reyes Católicos y de un sistema de correos a caballo que llevaban rápidamente las noticias a Lisboa: los embajadores portugueses recibían desde Lisboa informes secretos sobre cuál iba a ser la posición negociadora de los castellanos junto a instrucciones directas del rey Juan.

Finalmente, los delegados de ambas monarquías alcanzaron un acuerdo, que se plasmó en un tratado firmado el 7 de junio de 1494. Por parte de los Reyes Católicos firmaron Enrique Enríquez de Quiñones, mayordomo mayor de los reyes, Gutierre de Cárdenas, comendador mayor de la Orden de Santiago y contador real, y el doctor Rodrigo Maldonado.

Por el lado portugués firmaron Ruy de Sousa, su hijo Juan de Sousa y el magistrado Arias de Almadana. Se fijó un plazo de cien días para su ratificación por los respectivos monarcas. Los originales del tratado se conservan en el Archivo General de Indias en Sevilla y en el Archivo Nacional de la Torre do Tombo en Lisboa.

Ahora entra en juego el análisis de los matices porque en Tordesillas se dibujó una línea de demarcación, pero la delimitación de esa raya sobre las aguas de un océano casi sin explorar fue mucho más comprometida técnicamente de lo que parece a simple vista.

¿Cuánto mide una legua?

La esencia del Tratado consistía en el convenio de una nueva línea de demarcación: la que pasase a 370 leguas al oeste de Cabo Verde. La gran diferencia con la demarcación establecida en las bulas era que la parte oriental de América del Sur, el extremo este de Brasil, quedaba ahora adscrito al área de acción de Portugal, lo que posibilitó el sometimiento a su soberanía cuando Pedro Álvares Cabral arribó en 1500 a las costas brasileñas. ¿Tan al este quedaba la costa portuguesa? Nótese un dato: entre la España peninsular y Rio de Janeiro solo hay una diferencia de cuatro horas.

Pero atención, además, porque el Tratado de Tordesillas solo especificaba la línea de demarcación como una raya a 370 leguas al poniente de las islas de Cabo Verde. No especificaba la línea en grados de meridiano, ni cuántas leguas entraban en un grado, ni identificaba la isla desde la que debían contarse las 370 leguas. El tratado declaraba que esas materias serían establecidas por una expedición conjunta que nunca se llevó a cabo.

“Se dijo entonces, y era mentira, que los hermanos Pinzón (que habían participado en el primer viaje de Colón) estaban asesorando a la parte española, lo cual es falso”, apunta el historiador.

Los navegantes de la época no se ponían de acuerdo respecto de cuántas leguas había en un grado de meridiano; entre los españoles se encontraban opiniones entre: 14 y 1/6, 15, 16 y 2/3, 17 y 1/2 y 21 y 3/8 leguas por grado.

Lo mismo ocurría entre los portugueses, entre los cuales había opiniones de 18, 20 o 25 leguas por grado. Entonces no se conocía exactamente el tamaño de la esfera terrestre y, por lo tanto, la distancia entre cada meridiano variaba de acuerdo a la longitud que se le atribuía a la esfera, lo que hacía que, aunque se estuviera de acuerdo en cuántas leguas había en un grado de longitud.

Nótese que en esa época era posible determinar la latitud mediante la observación de la estrella polar con un cuadrante o un astrolabio, pero para la determinación de la longitud, la única manera de poder fijar distancias en el mar, y la única forma -muy imprecisa- de determinarla, era por medio del tiempo empleado en recorrer una distancia determinada.

Por si fuera poco, Portugal transgredió en su colonización del continente americano la demarcación del Tratado de Tordesillas al avanzar paulatinamente desde Brasil hacia el oeste y sur de América del Sur.

Felipe de España… y de Portugal

Hubo tratados posteriores que modificaron la línea fijada en Tordesillas, y además se dio un hecho aún más relevante: durante sesenta años el tratado dejó de tener sentido legal, puesto que entre 1580 y 1640 España y Portugal tuvieron un mismo monarca en una unión dinástica: los reyes Felipe II, Felipe III y Felipe IV. En aquel periodo los reyes otorgaron a exploradores portugueses capitanías y concesiones en la cuenca amazónica.

A partir de 1580 los comerciantes y colonos portugueses podían establecerse sin preocupaciones más allá del citado meridiano, penetrando profundamente en la selva brasileña. De este modo, cuando en 1640 Portugal volvió a ser un reino independiente, retuvo consigo las posesiones adquiridas hasta entonces, mucho más al oeste de la demarcación del Tratado de Tordesillas.

Desde luego, conviene repasar la historia de los dos países antes de hacer negocios al otro lado de la Raya, aunque se trate solo de comprar unas humildes toallas.

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