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Un recorrido teatralizado por San Miguel del Pino al son del violín

Una iglesia singular, unas aceñas en el Duero, dos mujeres apasionadas y un violín. Esta es la fórmula mágica que revaloriza el patrimonio de San Miguel del Pino

Daniel González

Dos mujeres vestidas de medieval esperaban en la plaza de la localidad vallisoletana de San Miguel del Pino. Se habían citado con unos turistas interesados en ver la iglesia del pueblo. Era enero y el rigor del invierno estaba en su máximo apogeo a pesar de que el sol del mediodía lograba caldear algo el ambiente. No era la mejor época para hacer la visita teatralizada que tenían pensada, pero San Miguel del Pino merecía el esfuerzo.

Los turistas llegaron. Manoli Carreras, la encargada de iniciar el recorrido se ajustó el tocado medieval y puso la mejor de sus sonrisas. A su lado estaba Águeda Sastre, violinista del grupo folk ‘Alicornio’ y encargada de personificar a doña Leonor de Guzmán, un personaje histórico del siglo XIV que fue amante de Alfonso X y propietaria de la villa en esta época.

Iglesia parroquial de San Miguel del Pino

Hechas las presentaciones, Águeda, alias Leonor, se marchó, pues su personaje todavía no tenía que aparecer en escena. Ya sola, Manoli dio comienzo a la visita con una introducción sobre el origen de la villa. Experta y estudiosa de la historia de San Miguel del Pino, explicó que el primer documento escrito que hace referencia a localidad data de 1116, cuando se llamaba San Miguel de Malvavisco.

Emplazado a orillas del Duero, el pueblo prosperó a lo largo de los siglos aprovechando la fertilidad que propician sus aguas, aunque también desolado por ellas en contadas ocasiones. Bien lo sabe su iglesia con advocación a San Miguel Arcángel, una hermosura mitad románica, mitad gótica, situada en la periferia del pueblo muy cerca del cauce del río.

Hasta este templo llegó la visita conducida por Manoli. Las rachas de viento agitaban sus ropajes de época dándole a la ruta un toque más dramático de lo que pretendía. Lo que caló en el grupo de turistas que, ensimismados por la envergadura y singularidad de la iglesia, escuchaban a la apasionada guía mientras buscaban los ángulos más creativos para las fotografías.

Patrimonio no es solo lo que se ve…

Vista por fuera, quedaba conocer los tesoros del interior. El grupo se acercó a la portada principal franqueada por tres arquivoltas apuntadas, y, de repente, empezaron a escuchar un eco de violín. Arrimaron sus orejas a la madera de la puerta y el sonido cobró mayor volumen. ¿Queréis entrar?, preguntó Manoli con una sonrisa traviesa.

Interior de la iglesia de San Miguel del Pino
Interior de la iglesia de San Miguel del Pino

Todos respondieron afirmativamente siguiéndole el juego. Entraron y se encontraron de frente con Doña Leonor. Tocaba el violín con pasión y maestría. Pero no penséis que sonaba la típica música medieval a juego con su vestimenta. Eso sería desaprovechar una oportunidad única para difundir el otro patrimonio del pueblo, el más olvidado de todos.

Águeda Sastre Zamora, quien encarna a doña Leonor de Guzmán, es una experimentada violista integrante del dúo de folk Alicornio, junto a Carlos Martín Aires

Águeda Sastre, violinista de la ruta e integrante del dúo Folk Alicornio

Y es que el violín de Leonor bien podría ser una dulzaina, ya que reproducía las mismas notas de una de las piezas tradicionales mas representativas del folclore vallisoletano, el Corrido de Mariano Encinas. Cuando el arco rozó las cuerdas para sintonizar la última nota de la canción, casi sin pausa, nuestra Leonor medieval hizo aparición y se presentó como la mujer noble de hace 700 años que era.

Enseñó a unos cada vez más atrapados visitantes los entresijos de su templo. Señaló las robustas bóvedas de piedra, las valiosas pinturas apostadas en sus paredes, las esculturas y retablos. Todo ello sin dejar de lado su personaje, y ni mucho menos su instrumento. La música volvió a llenar en varias ocasiones las sagradas dependencias. Sonó una canción en honor a Santa Águeda y hasta una melodía sefardí.

A orillas del Duero

Cuando la última nota hizo su eco y ya no quedó historia que contar de la iglesia, la violinista descansó. Guías y turistas intercambiaron impresiones. Todas positivas. Pero todavía quedaba un rincón del pueblo que ver: las aceñas.
Algo alejadas del casco urbano, el grupo emprendió de nuevo camino por la senda que orilla el Duero, salpicado de un centenar de puestos de pesca y con las mansas aguas del río reflejando el paisaje invernal como si fuera un lago.

Las heladoras rachas de vientos regresaron con su azote. Los ropajes bailaban a su son devolviendo el dramatismo a la escena. Pero no había silencio. No era el viento el que dominaba la situación. La música volvió a sonar. A pesar del frío, a pesar de la larga caminata, nuestra violinista volvió a tocar su instrumento con ahínco, también para entrar en calor. Águeda se convirtió en el flautista de Hamelín, guiando a los paseantes hasta las aceñas al ritmo de las Habas de Bercero, otra pieza típica de Valladolid.

Las aceñas del Duero en San Miguel del Pino
Las aceñas del Duero en San Miguel del Pino

A medida que se acercaban a su destino, el río rompió con su calma, y el ruido de una cantidad inusitada de agua cayendo empezó a rivalizar con las notas del violín. Aparecieron dos grandes espigones de piedra sobre la horizontalidad del Duero que interrumpían el fluir normal del agua, junto con un pequeño desnivel en el cauce que originaba una cascada.

Llegados a este punto, entre las aceñas y la antigua casa del molinero en ruinas, la visita finalizó y un merecido aplauso emergió para culminarla.

Águeda Sastre tocando el violín con la casa del molinero en ruinas al fondo

Una vez hechas las despedidas, los visitantes hicieron balance de lo que habían sentido. La conclusión fue unánime para todos: Águeda y Manoli, ya no solo habían revalorizado el patrimonio del pueblo, sino que ellas mismas, con su historia, con su música, con su amor por San Miguel del Pino, se habían convertido en un monumento más, en un atractivo turístico digno de ser visto y escuchado.

Datos prácticos sobre la visita

Precio: 5€/persona (los menores de 3 años no pagan) y una duración aproximada de 1 hora y 30 minutos. Venta de entradas una hora antes de la visita o hasta completar aforo

Para grupos cerrados, asociaciones, agencias, grupos culturales, instituciones 5€ por persona (grupo mínimo de 15). También disponen de cuentacuentos para grupos cerrados cartel.

Más información y reservas de plazas llamando al 621077314 o por correo: turismosanmigueldelpino@gmail.com

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