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Castilla y León se queda sin investigación arqueológica

En Castilla y León desaparecen las subvenciones a las actividades de investigación arqueológica. También a numerosos centros de difusión patrimonial. Se nos habla de números, de euros, pero los mal pensados nos tememos que la causa de estas decisiones sea bien diferente

 

Rafael Varón. ArkeoClío
Rafael Varón. ArkeoClío

Nuestros queridos administradores autonómicos, nunca bien ponderados, han decidido cerrar el año con una sorpresa para el sector de la arqueología. Mala.

Han decidido fulminar las subvenciones a las actividades arqueológicas de investigación. Estas se venían concediendo -supongo que entre a otros-, a equipos universitarios que concentraban en verano sus actuaciones. De esas que leíamos antaño en los medios, para rellenar el espacio vacío de noticias de las realmente importantes, de esas que generan nuestros queridos políticos.

Termina así la agonía de estas líneas de financiación. En los últimos años su tramitación, adjudicación y cobro tenía más trampas que una película de Fu Manchú.

Museos que hacen territorio

Parece que están también por aniquilar esos pequeños museos de sitio, aulas arqueológicas y centros de interpretación abiertos en las últimas décadas y que salpican la geografía de las nueve provincias de Castilla y León.

Al parecer, la investigación histórico-arqueológica no es de suficiente calidad, y esos puntos de información no generaban suficientes ingresos como para ser del interés de nuestros gestores.

Para que no se me acuse de mentir, la Junta dice que va a redirigir esos esfuerzos económicos a través de ayuntamientos y fundaciones, sin especificar mucho más.
Me sorprenden unos cuantos aspectos, pero no voy a ser extensivo. Me conformaré con unos pocos.

excavaciones, firma Arkeoclio

La función de la Universidad

Voy a empezar con la calidad de los proyectos. Sorprende esta afirmación en diseños que vienen de universidades -sin menospreciar al resto de equipos que no son universitarios, que la preparación es la misma o superior-. No sacaré la cara a instituciones que arrastran muchos problemas.

No obstante, puestos a medir valores objetivables, la comparación de currículos entre los políticos que toman estas decisiones y los investigadores e investigadoras que forman parte de estos proyectos está muy desequilibrada en favor de los segundos.

Por formación, por experiencia acumulada y por capacidad demostrada de gestión, tanto de la producción de ciencia como en la optimización de recursos, así como en la adaptación a distintos escenarios administrativos (locales, provinciales, autonómicos, estatales, europeos, transoceánicos).

Difusión patrimonial

La cuestión económica en los puntos de difusión arqueológico-patrimonial es el otro jardín en el que me voy a meter. Los fríos números, las gráficas descendentes -o no lo suficientemente ascendentes- pueden ser razón suficiente para cerrarlos, igual que la mala gestión político-administrativa es razón suficiente para votar a otras personas que parezca que lo van a hacer mejor.

Pero hay que tener en cuenta que esas cifras no reflejan los intangibles. Por si usted es aficionado al fútbol o al baloncesto, nos referimos a acciones sin balón, poco vistosas quizá, pero que ayudan a ganar facilitando el juego de equipo.

Los intangibles de estos lugares -que en otros países sí se miden- nos cuentan que hay que valorar la felicidad que generan en su entorno: ¿prefieren vivir cerca, o trabajar, en una fábrica/oficina deshumanizada? Tampoco parece tenerse en cuenta la capacidad de aportar conocimientos históricos directos a sus usuarios o visitantes, que no clientes.

Cohesión del territorio

Otro valor que no sabemos medir en acumulación de euros, pero lo tiene, es la cohesión del territorio que suponen estas actividades, en nuestras singularidades locales y cercanas, pero también en lo global y lejano.

No será la primera vez, ni la última, que nuestro paisanaje reconoce en sus yacimientos -cuando los trabajamos o los mostramos- los caracteres de nuestro pasado común. E identifican también los matices que nos hacen únicos dentro de nuestro grupo humano.
Esto nos hace personas más instruidas, con una mayor de empatizar con los otros, y aumenta nuestra capacidad crítica ante relatos impuestos.

la olmeda

Un dinero que se queda aquí

Quizá no sepan nuestros líderes que el dinero que invierten en investigación patrimonial se queda aquí. Con los hosteleros que nos acomodan y nos alimentan, con las pequeñas tiendas que se convierten en nuestros proveedores, en las nóminas de las personas que trabajan en las actuaciones arqueológicas o en los centros de difusión cultural.

Por experiencia propia añadiré que esos suministradores se convierten, además, en agentes activos de la difusión de ese patrimonio.

Si ha llegado usted hasta aquí y le parece que me he quedado corto, coincido. Podría haberme metido en el jardín de explicar que esta medida es un intento de controlar los contenidos históricos -y por tanto sociales y críticos- que obtenemos en nuestras labores de campo, gabinete y publicación de resultados, y que se trasladan a los paneles de los centros de interpretación. Bueno, pues estén atentas y atentos, y si les parece que la razón última es esta, por favor, defiéndanse.

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