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Cuatro décadas con Mario; diez años sin Delibes

Hay pocos casos de identificación entre personaje y actriz tan intensos como el de Lola Herrera y Carmen Sotillo. Han caminado juntas para comprender el papel de la mujer en la España tradicional y para hacer justicia a la Menchu de la gran obra de Miguel Delibes. El 12 de marzo se cumplen diez años del fallecimiento del escritor

Ricardo Ortega

Lola Herrera vuelve a ser Menchu. Siempre lo fue, en realidad, como descubrió Miguel Delibes cuando la vio subida a un escenario para interpretar a la protagonista -o quizá debamos decir coprotagonista- de ‘Cinco horas con Mario’. La novela se publicó en 1966 y fue trece años después cuando se convirtió en obra de teatro. La actriz vallisoletana (del barrio de Las Delicias) encarnaba a la viuda de Mario, uno de los grandes papeles de su vida, a los 44 años de edad.

Interpretó a este personaje, con las normales interrupciones, durante una década. Tiempo después, en 2001, volvió a encarnar a Menchu cuando tenía 66 años, con el mismo o mayor éxito que en el periodo anterior. Y lo ha vuelto a hacer con 80 años, subiendo a un tren del que no ha bajado hasta sus actuales 84.

Este mes de marzo, con numerosas actuaciones, algunas de ellas en Castilla y León: en el Teatro Principal de Zamora, en la casa de las Artes de Laguna de Duero, el Reina Sofía de Benavente o el Auditorio de Medina del Campo. Es una buena ocasión para regresar sobre una de las grandes obras de Miguel Delibes cuando se celebran cien años de su nacimiento. En ‘Cinco horas con Mario’ el escritor cuenta la historia de un matrimonio que bien podría resumir a las dos Españas de Machado. Menchu como devota católica, ama de casa, con aspiraciones de haber llegado a más, pero también incrédula ante el empeño de tantas jóvenes por formarse y tener su propia carrera profesional.

Mario es el intelectual crítico, cristiano progresista, de gustos sencillos y que no tiene problema en desplazarse en bicicleta en vez de comprar un coche.

Una novela viva

De todos los análisis realizados sobre la novela y su versión teatral, llama la atención el carácter vivo de sus personajes y del conflicto que encarna. En un mundo que acostumbramos a ver dividido entre buenos y malos Carmen Sotillos fue considerada durante mucho tiempo el personaje negativo, mientras que su difunto marido era sin duda el personaje que encarnaba la rectitud.

Pero pasaron los años y muchos observadores, incluido el propio escritor, percibieron que si Carmen era de un modo determinado, con tanto sufrimiento autoinfligido, era en buena medida por culpa del hombre que la relegaba a la casa, el marido que nunca se esforzó en colmar los deseos más profundos de ella. Mario pasaba, así, a ser considerado el malo. Incluso contaba Miguel Delibes a su biógrafo, Ramón García Domínguez, que de ver tantas veces a Lola Herrera subida al escenario terminó por sentirse culpable de haberse ensañado de aquel modo con ella.

El personaje de Carmen sigue ganando en complejidad con los años. Ha ido creciendo con la propia Lola. Como ella misma recuerda, tuvo serias dificultades para entrar en el personaje. “Después de dar vueltas y vueltas al texto, de estudiar sin descanso, empecé a vislumbrar lo que guardaba Carmen detrás de sus palabras. Encontré una mujer llena de carencias, vacíos, frustración, soledad, deseos no satisfechos, sueños no cumplidos… Fue una especie de parto, largo y lento, en el que Carmen y Lola empujaban a la vez. El resultado fue un enorme espejo donde encontré fragmentos que reconocí como parte de mí misma”.

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