Tomás Jurío
Una vendimia más a nuestras espaldas. Tiempo atrás escribí “no hay dos vendimias iguales”; con ello me quería referir a que la climatología, como factor más determinante, condicionaba el ciclo vegetativo de la vid y por tanto la calidad de la uva, su producción y su manejo en el campo y posteriormente en la bodega.

Sin embargo, esta vendimia 2026 está rompiendo todos los esquemas conocidos hasta ahora. Viene siendo costumbre cada vendimia hacer valoraciones de la calidad de la uva y predecir cómo serán en el futuro los vinos de esa añada. Algo que ni es fácil, ni se puede generalizar porque la cantidad de factores que intervienen tanto en el viñedo como en bodega son muy numerosos.
En el viñedo existen factores exógenos que, aunque se puede intervenir en un grado bajo sobre ellos no depende del hombre, y factores llamémosles endógenos que son los que el viticultor aplica para paliar o potenciar las consecuencias de los factores exógenos que han tenido lugar durante todo el ciclo vegetativo de la vid. Como factores exógenos tendríamos el clima y el suelo.
Por poner un ejemplo, dos viñedos muy cercanos con la misma variedad de uva pueden tener calidades de uva muy diferentes, como consecuencia de como el viticultor ha ido cultivando el viñedo con riegos, tratamientos fitosanitarios, manejo de la vegetación, tipo de poda, suelo, fecha de vendimia, etc. Sin embargo, una vez que la uva entra en bodega todo está en manos del bodeguero, no hay factores exógenos; si la uva es buena y de calidad el enólogo lo tendrá muy fácil, en caso contrario no tanto.
Entonces, si lo anterior es cierto, lo de los dos viñedos muy cercanos con calidad de uva diferentes, que lo es, ¿por qué nos empeñamos en valorar y generalizar la cosecha de una determinada añada?
El mundo del vino siempre ha sido bastante tradicional y ha venido manteniendo costumbres muy antiguas, y esta de la calificación de añada no deja de ser una de ellas, que además desde el punto de vista marketiniano viene muy bien.
Hace ciento veinticinco años, la viticultura y la enología no estaba tan avanzada como ahora, teniendo entonces el clima una influencia brutal en el ciclo vegetativo y por tanto en la calidad de la uva, si en una zona como consecuencia de la pluviometría y temperatura entraba el oído en la cepa, todas las viñas tenían oidio, si entraba el mildiu o la botrytis ocurría lo mismo. Cierto es que se conocía el azufre (producto para luchar contra el oidio) y el caldo bordelés (producto contra el mildiu), pero hasta ahí o poco más.
No había modelos predictivos del clima ni se conocía tan en profundidad la forma de actuar de estos hongos. Ni siquiera se conocía como ahora la fisiología de la vid. Quiero decir con esto que si un año, desde el punto de vista vitícola, venía malo, lo hacia para toda una zona y para una extensión respetable. Posteriormente en bodega si la uva entraba con buena calidad los vinos eran buenos y si la uva entraba deficiente, aunque algo se podía mejorar, los vinos eran deficientes. De ahí la calificación de añada.
Algunos recordamos añadas míticas del siglo pasado, desde excelentes a deficientes, y todas ellas tienen como denominador común el clima de ese año. Si embargo, en este siglo no conozco ninguna calificación de añada deficiente, ni siquiera normal; y ¿por qué ocurre esto? Porque tanto el viticultor como el bodeguero pueden intervenir más intensamente en el proceso de la uva y el vino gracias al gran avance de la ciencia, que pone a su disposición nuevas técnicas, tratamientos y productos que antaño ni se conocían.
Gracias a ello en la actualidad podemos disfrutar de mejores vinos y con una calidad media superior a la de nuestros abuelos. Por lo que, yendo al inicio de mi exposición hoy en día el clima no marca tanto la añada, sino más bien lo hace el conocimiento y la forma de trabajar del viticultor y del bodeguero. Por ello, en la actualidad, la calidad de las uvas y los vinos pueden ser diferentes dentro de una misma zona.
Volviendo a la valoración de esta añada 2026, la podemos definir como la vendimia más temprana de la historia hasta el momento.
En otoño-invierno llovió lo necesario para que la planta pudiera acumular reservas y se recargaran los acuíferos, la primavera amenazó con lluvias, las cuales pusieron en alerta a los viticultores que tuvieron que proteger sus viñedos del mildiu, y tampoco las heladas primaverales fueron destacables, pero el verano fue extremadamente seco, con altas temperaturas y con tres o cuatro olas de calor.
Uno de los índices bioclimáticos que nos ayudan a conocer la evolución de la maduración de la uva es el índice de Winkler que mide la suma de temperaturas medias por encima de los 10ºC durante todo el ciclo vegetativo, pues bien, este año ha dado valores altísimos propios de otras regiones. Por poner un dato, en la misma fecha los valores de este índice han sido un 15 por ciento más altos que los del año pasado que a su vez ya fueron más altos que el anterior.
A pesar de la que brotación fue normal y con agua suficiente en el subsuelo, las temperaturas veraniegas tan altas, tanto máximas como mínimas han provocado en la planta un adelanto de la maduración alcohólica que ha tenido como consecuencia ser la vendimia más prematura que, de momento, conocemos.
Buena sanidad
Estas condiciones climáticas de baja humedad relativa no favorecieron la aparición de oidio, botrytis y otras plagas, lo cual ha llevado a que sea una campaña con un estado sanitario de la uva excelente, pero por otro lado la acidez ha sido en general baja y en algunos viñedos en secano las bayas se llegaban a deshidratar, lo cual merma el rendimiento y pueden dar lugar a posteriori en el vino toques de sobre maduración.
Cuando decía que se han roto los esquemas, no solo me refiero a ser la vendimia más temprana de la historia, sino también a que está siendo una vendimia digamos “rara”; hablando de las mismas zonas hay bodegas que han terminado de vendimiar y sin embargo otras ni han empezado, y en ambos casos se trataba de elaborar vinos tintos.
Se veían racimos vendimiados por tener un grado alto, pero sin embargo las pepitas estaban verdes o cuando menos no maduras, lo mismo pasaba con los hollejos que algunos no desprendían mucho color. También está siendo raro ver como en viñedos vendimiados sus hojas, su aspecto, no tienen el típico color y porte que te está diciendo que vendimies.
Otra cosa llamativa es que, a pesar de la sequía y el calor los rendimientos de uva están siendo superiores al año pasado, quizá por la ausencia de heladas. Todo ello indica que cada enólogo tiene sus preferencias o busca cosas distintas, y que las carencias las solventará después en bodega. Por ello, no me atrevo a aventurar cómo serán los vinos de esta añada, salvo que, debido a la sanidad, los aromas seguro que serán buenos y francos, pero con intensidad variable. Los vinos aún tienen que dar la cara y necesitan su tiempo.
No quiero olvidarme de los viticultores que como siempre suelen ser los grandes perjudicados, estamos sufriendo una evolución al alza y sin pausa de los costes productivos que no se repercuten en el precio de la uva, y todo ello a pesar de que hay una ley que habla de la cadena alimentaria, pero que no la hacen cumplir.
Muchas bodegas tienen excedentes de vinos y están dejando de comprar uva a sus proveedores habituales, lo cual agrava aun más el problema del viticultor que o bien vende la uva mucho más barata a otras regiones para vinos de mesa o muy a su pesar deja la uva en el campo, que es lo peor que le puede pasar a un viticultor, dejar todo un trabajo de un año tirado en el campo.
Estamos todos, viticultores y bodegueros, en un momento de gran incertidumbre, pero debemos entendernos, y para ello la administración tiene que ayudarnos y no ir poniendo trabas.
Considerando todos los mimbres, me gustaría poder decir que esta vendimia ha sido la mejor, pero seguro que no lo ha sido, ni tampoco la peor; solo espero que la próxima sí sea la mejor.
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Fotografía principal: Bodegas Portia

