Ricardo Ortega
El reino visigodo se puede contemplar como un chispazo, como un parpadeo de poco más de dos siglos en la historia de la península ibérica. Dejó escasos vestigios materiales, pero fue un periodo crucial en la evolución de este rincón del mundo: la transición entre el mundo romano y la Alta Edad Media.
Los visigodos (godos de occidente, frente a los ostrogodos o godos de oriente) reinaron en Hispania desde el año 507 hasta el 711 y tuvieron su centro político en Toledo.
Sintieron predilección por las comarcas de Tierra de Campos y los Torozos, hasta el punto de que tres reyes de esta estirpe germánica acabaron sus días en el territorio que hoy llamamos Castilla y León.

Chindasvinto y el río Hornija
El rey Chindasvinto falleció en el año 653 y se considera enterrado en San Román de Hornija, en la provincia de Valladolid. Concretamente en la actual iglesia de San Román Mártir, construida sobre el antiguo monasterio que él mismo mandó levantar.
Allí se conserva un sarcófago y restos atribuidos a Chindasvinto y a su esposa, Reciberga. Como tantas veces, se mezcla la Historia como disciplina científica con la tradición, las creencias y las apetencias de los vecinos.
Aquí no somos imparciales y tomamos partido por los lugareños; no solo nos interesa su versión desde el punto de vista periodístico, sino que situar a Chindasvinto en San Román nos permite entender el pueblo y el territorio que lo rodea.
La propia localidad conserva una capilla con el supuesto sepulcro. Funciona como un pequeño museo dedicado al rey y contiene el sarcófago de piedra atribuido a Chindasvinto y Reciberga, restos óseos, capiteles y columnas procedentes del antiguo monasterio, la inscripción funeraria dedicada a Reciberga y otros restos visigodos y mozárabes.
La visita turística es gratuita y se realiza a través de la oficina de turismo, aunque no se puede visitar si coincide con un oficio religioso.
Recesvinto, el Derecho y los manantiales
El hijo de Chindasvinto, Recesvinto, falleció en el 672 en Gérticos, una localidad que hoy conocemos como Wamba y que se lee ‘bamba’ por su origen germánico, y no anglosajón.
Se supone que fue enterrado inicialmente en Wamba, aunque sus restos fueron trasladados posteriormente a Toledo.
Su figura tiene mucho que ver con una de las iglesias visigodas mejor conservadas de España. Se trata de San Juan de Baños, en la localidad palentina de Baños de Cerrato, caracterizada por su aspecto sólido, sus arcos de herradura y su planta basilical.
Cuentan que el rey Recesvinto, cansado y con unas dolencias renales que le hacían la vida imposible, se detuvo en Baños de Cerrato para coger fuerzas. El lugar había sido un lugar de culto romano, quizá un complejo termal.
El rey bebió del manatial y se curó, aunque es sabido que esa agua carece de toda propiedad medicinal.
El monarca, como agradecimiento, juró levantar un templo junto a este manantial en honor a San Juan Bautista, por la cosa del agua. El conjunto fue consagrado en el año 661, como señala una inscripción original que aún se conserva. Hay quien la considera la iglesia más antigua de España.
En la decoración aparecen figuras idénticas a las de la corona de Recesvinto y, además, sobre el arco existe una placa de mármol (réplica de la original que se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional), en la que se puede leer:
«Precursor del señor, Mártir, Bautista Juan, posee el eterno don esta basílica para ti construida; la cual devoto yo, Recesvinto rey, yo mismo amador de tu nombre, te he dedicado, erigiéndola y dotándola a expensas mías y dentro del territorio de mi propia heredad en la era 699, año décimo tercero de mi glorioso correinato».
En lucha contra la nobleza
Dicen los historiadores que Chindasvinto ejerció un férreo control sobre la rebelde nobleza. Las fuentes hablan del ajusticiamiento de doscientos miembros de la alta nobleza y de quinientos de la mediana. Otros muchos tuvieron que huir al extranjero.
Para consolidar el poder de su familia frente a la nobleza, asoció al trono a su hijo Recesvinto; trataba de romper con la monarquía electiva de la nobleza e iglesia, y establecer un modelo hereditario.
Recesvinto será reconocido por su labor legislativa con la promulgación del ‘Liber iudiciorum’ del año 654.
Este código, que recoge leyes consideradas “antiguas” desde el Código de Leovigildo, influirá de manera notable en los fueros locales a partir del siglo X hasta el siglo XIX.

De Gérticos a Wamba
El rey Wamba nació en el 672 y murió en 680. Fue elegido rey en esa localidad de los Torozos que recordamos como Gérticos y pasó allí sus últimos años, según la tradición. Su huella fue tan notable que terminó por dar su nombre a la localidad.
La iglesia de Santa María, conocida por su osario, conserva una cabecera de época visigoda o mozárabe, además de elementos posteriores. La visita es obligada.
Wamba tuvo que enfrentarse a una rebelión de vascones, posiblemente en coalición con sectores nobiliarios del noreste del reino godo.
Tras derrotar a los rebeldes, consiguió recuperar el control de toda la Tarraconense, al mismo tiempo que restauraba y fortalecía el poder central de la Monarquía frente a la nobleza y el clero, que trataban de arrastrar al reino hacia un modelo feudalizante.
El rey no fallece en la localidad vallisoletana sino que, tras abandonar el poder, se retiró al monasterio de San Vicente en Pampliega, a orillas del Arlanzón. En la actual provincia de Burgos.
Según las fuentes medievales, fue enterrado allí, delante de la iglesia del monasterio.
El problema es que el monasterio de San Vicente desapareció. Los restos que tradicionalmente se atribuyen a Wamba fueron trasladados desde su lugar original a Toledo por orden de Alfonso X. También, por cierto, los huesos de Recesvinto.
Sus sepulcros toledanos fueron profanados durante la Guerra de la Independencia. En 1845 se recuperaron restos que fueron atribuidos a ambos monarcas y actualmente se conservan en la Catedral de Toledo.
¿Qué pasó después?
En un episodio aún discutido, en el año 711 desembarcaban en la península tropas árabes y bereberes, que tras la batalla de Guadalete conquistaban la Península sin mayor contratiempo.
Volvemos a mezclar mito e historia para dar cuerpo a un grupo de población visigoda, o hispana, que escapa hacia el norte de la Península, a Asturias.
Se supone que un tal Pelayo, que pudo ser astur, hispano o visigodo, se dio una vuelta por Covadonga y derrotó a una partida de musulmanes. Esa batalla o escaramuza, sin fecha concreta y que solo aparece en una crónica redactada un siglo después (en la ‘Crónica albeldense’), es el origen mítico de un proceso de conquista de las tierras más al sur.
En el siglo XIX, cuando se crean los mitos para justificar todo tipo de nación, se puso nombre a ese proceso histórico: la Reconquista. Y aunque Ortega y Gasset dejó escrito que no se puede llamar reconquista a algo que dura siete siglos, debemos felicitar a los autores del término, puesto que ha sobrevivido hasta hoy.
¿Qué nos dejaron los visigodos?
En los museos españoles es habitual encontrar joyas y prendas visigodas que demostraban el estatus de quien las vestía.
Pero nos dejaron algo de uso mucho más común, como ciertas palabras.
Los visigodos hablaban el mismo latín vulgar que la población autóctona, los hispanos, si bien la lengua gótica tuvo cierto impacto sobre algunos aspectos del castellano que hablamos hoy.
Por ejemplo, ciertas palabras conservan el sufijo gótico -ing, que tanto nos recuerda al inglés y que se convirtió en -engo. Podemos ver ejemplos de eso en las palabras «abolengo» y «realengo».
Más ejemplos. Podemos ver influencia lingüística de los visigodos en palabras relacionadas con el comercio, la agricultura, la industria, la vivienda, y el derecho.
Por ejemplo, la palabra jabón se deriva de una palabra gótica: saipo → sapone → jabón.
También de la palabra gótica reiks procede «rico» (‘Rich’ en inglés).
La palabra «guerra» reemplazó a la palabra latina bellum. «Guerra» deriva de la lengua gótica como sigue: werra → guerra. Igual que la palabra «guardia» deriva del gótico wardja, o la palabra «tregua» deriva del gótico triggwa.
De interés particular es el impacto de los visigodos en la antroponimia, como el nombre Fernando, Álvaro, Alfonso, Rodrigo, Rosendo, Elvira, Gonzalo, Alberto…

