Eduardo Gay
Las hermanas Martina y Faustina Garzón Martín dejaron Ciruelos de Coca, su pueblo natal, para labrarse un futuro en la ciudad de Valladolid donde se casaron, formaron familia y abrieron al público dos establecimientos de hospedaje.

Faustina Garzón se casó en Valladolid con Pablo Merino Fernández, natural del pueblo de Algadefe (León). En el año 1903, y en compañía de Ezequiel Merino, su cuñado, convirtieron la antigua fonda de La Fama Española en el Hotel Español, ubicado en la calle de la Pasión 4-6, a pocos metros de la Plaza Mayor.
Ofrecía a sus clientes una envidiable situación y un ambiente confortable, convirtiéndose en el preferido de los viajantes de comercio y en el de las cuadrillas de toreros que no podían pagar el precio de los hoteles donde se alojaban los primeros espadas.
Este hotel tenía veinte habitaciones distribuidas en tres pisos, con un amplio comedor en la planta baja, situado junto a la recepción. Además de atender a los clientes alojados en el hotel, también se daba servicio de bodas y banquetes.
Dos personas esenciales en el buen funcionamiento de este establecimiento fueron Eustasio Lasa y Luis Martín, que abandonaron el Español en 1922 para hacerse cargo del Hotel Roma.

A pesar de ello, Pablo Merino siguió manteniendo el negocio a buen ritmo ya que en 1923 estuvieron comiendo allí los miembros de la directiva de la Sociedad de Fondistas de Castilla la Vieja, y de forma unánime se elogió el suculento menú que les había servido el Español, que en nada desmerecía al de otros hoteles y restaurantes que visitaron, como el Hotel Moderno o el Hotel de Francia.
En noviembre de 1939 se alojaba en este hotel el fundador del Opus Dei, José María Escrivá de Balaguer, junto a Álvaro de Portillo y Ricardo Fernández.
Después de la Guerra Civil, al Español no le fueron bien las cosas y acabó cerrando sus puertas en el año 1949.
Por otro lado, en el número 23 de la actual Acera de Recoletos, y a tiro de piedra de la estación del ferrocarril, se encontraba la Fonda Antonino de Andrés Migueláñez que abrió sus puertas en el año 1889.
Había nacido este en el pueblo de Carbonero el Mayor y contrajo matrimonio, también en la ciudad de Valladolid, con Martina Garzón Martín.
Antonino era primo segundo de Ángel de Andrés Pascual, natural del mismo pueblo y que se había casado con Juana Bueno Monasterio, hermana de Santos Bueno Monasterio, propietario del Gran Hotel de France y de la Fonda de la Estación, con lo que buena parte de la familia se encontraba relacionada en torno a los negocios del hospedaje.
El establecimiento de Antonino de Andrés se anunciaba en sus comienzos como una casa de viajeros, pues dejaba muy claro lo que era: una casa para los viajeros que acababan de llegar a la ciudad y que no tenían ni familiares ni amigos que los alojasen.
Unos años después, la influencia de la moda imperante cambió su denominación de casa de viajeros por fonda, coincidiendo con la inauguración del monumento a Colón en el año 1905; una escultura de bronce y granito que impresionaba a la gente que llegaba por primera vez a la ciudad.

En el mes de junio de 1911, la prensa local se hacía eco de un suceso ocurrido en este local. Parece ser que un sujeto llamado Juan Orozco sustrajo de la habitación de una señorita natural de Oviedo un maletín con una importante cantidad de alhajas y dinero en metálico.
El caco, que resultó ser empleado del ferrocarril y tomó un tren en la inmediata estación con destino Asturias, fue interceptado por los agentes en la ciudad de León.

Antonino de Andrés fallece en abril de 1927 a los 59 años de edad y toma las riendas del negocio su viuda, Martina Garzón, con el consiguiente cambio de razón social, ya que el establecimiento pasó a llamarse a partir de entonces, Fonda de la Viuda de Antonino de Andrés.
Cuando se elabora la hoja de empadronamiento en diciembre de 1931, pasan a relacionarse todas las personas que se encontraban hospedadas en ese momento en la fonda. Entre ellas, podemos mencionar a Silvino Losa, eclesiástico burgalés; Gabriel Blanco, perito de Santander; Belisario Castro, viajante salmantino; Bernardo Lastra, comerciante asturiano; Eloy Merino, secretario natural de Cáceres; Santiago Cuadrado, sacerdote palentino, y K. Laplala, un inspector de origen finlandés.
Martina Garzón, supo mantener durante bastante tiempo el buen tono alcanzado por su esposo en el negocio, aunque de vez en cuanto tuviese que hacer frente a algún problema como la multa que en el año 1933 le puso el ayuntamiento “por descargar un carro de carbón en la avenida, sin permiso para ello”.
En septiembre de 1948 se la autoriza para ejercer esta industria en cumplimiento de la Orden Ministerial de 1939 dentro de la categoría de “Fonda de Segunda Clase” y fijando los precios en 20 pesetas para la pensión completa, 4 pesetas para el desayuno, 8 pesetas para el almuerzo o la comida y 2 pesetas para el servicio de baño.
Al fallecer doña Martina en el año 1954, fue una de sus hijas, Felisa de Andrés Garzón, quien se puso al frente de la fonda con nuevo enunciado, Hija de Antonino de Andrés, que se mantuvo hasta que el negocio fue traspasado al Hostal Avenida.


