Esther del Brío
Si pensamos en la Escuela de Salamanca tradicionalmente son dos los edificios que nos vienen a la cabeza, la fachada plateresca o fachada rica de la Universidad de Salamanca, con su lema “La universidad para los reyes y los reyes para la universidad”, y el convento y la iglesia de san Esteban. Dos lugares emblemáticos de Salamanca edificados en piedra de Villamayor.
Frente a la iglesia y al convento de San Esteban se erige una estatua de Francisco de Vitoria, quien también tiene dedicados en la ciudad un medallón en la plaza Mayor, un colegio de primaria, una biblioteca, un aula en el edificio de Escuelas mayores…

Un poco más difícil quizás parezca encontrar los gestos de reconocimiento a Domingo de Soto, el discípulo de Vitoria y su sustituto en el Concilio de Trento. Sin embargo, hay más elementos de los que podríamos pensar a simple vista: la propia fachada de la iglesia de San Esteban (en la imagen), realizada por Gil de Hontañón por encargo del propio Soto.
También lleva su nombre, y su firma, la escalera interior que embellece el convento, conocida como “escalera de Soto”, fuera del convento, el pequeño puente que se levanta tras la estatua de Vitoria y que en su día se veía cruzado por el arroyo de Santo Domingo, se conoce también como puente de Soto.
Parece pues que el impacto de Domingo de Soto en Salamanca es muy notable. No lo olvidemos. Como tampoco debemos olvidar su obra, excelente en cantidad y calidad, además de sumar de su puño y letra algunas de las pocas ediciones que se conservan de las relecciones de Vitoria ya que el maestro nunca encontró tiempo de sentarse a transcribirlas.
Pero ¿quién era Domingo de Soto? De entrada un joven de familia modesta y honrada, nacido en Segovia que estudia en Segovia, en Alcalá de Henares y en un momento dado decide iniciar la vida religiosa, recibiendo el buen consejo de entrar en la orden de predicadores (los dominicos de Salamanca), ya que su buena formación le sería de gran utilidad para la docencia y la predicación.
Después de un tiempo en París, acaba siendo recibido en el convento de San Esteban en Salamanca en el año 1625, antes por lo tanto de la llegada de Francisco de Vitoria a la Universidad. Soto impartirá sus lecciones hasta que sustituirá a Vitoria en su cátedra (por enfermedad de éste) y finalmente ocupará su puesto, sin que se resintiesen ni la calidad ni el buen hacer.
De hecho la Real Academia de la Historia en su biografía recuerda estas palabras de Diego de Carro: “con Vitoria y Domingo de Soto en Salamanca, el Renacimiento teológico y teológicojurídico, adquiere su forma definitiva; con ellos dos la Universidad de Salamanca será la primera universidad del mundo, arrebatando el cetro a la de París”.
Efectivamente, no sólo ocupará su docencia sino que también continúa su labor teologal, pues los temas de interés que se impartían en la cátedra salmantina versaban sobre derecho natural, derecho internacional, ética, economía, … Su obra cumbre De iustitia y de iure sigue el mismo guion que la obra homónima de Vitoria y que otros antes y después, si bien será él quien realice el primer aporte relevante a la teoría económica a través del estudio del impacto de la oferta y la demanda en el precio del dinero.
También imita a su tutor en el sentido de que si Vitoria se atrevió a interpelar a Carlos V con motivo de que imprimiese mayor humanismo en la conquista de América, Soto también se atreverá a interpelar a su hijo, el futuro Felipe II, con motivo de ayudarle a desarrollar la virtud de la caridad y, en términos de gestión pública, enseñarle a luchar contra la pobreza y la injusticia social.
Así ocurre con la publicación de su obra “Deliberación en la causa de los pobres” que publica en 1555 , dos años después de que se celebrase en Salamanca, con gran fastuosidad, la boda del propio príncipe de Asturias don Felipe con su primera esposa, María Manuela de Portugal.
La obra va dedicada expresamente al príncipe, del que ha oído tantas cosas buenas que sólo le cabe esperar que entenderá el sentido de su obra y de las intenciones docentes en pro de una buena gobernanza del reino cuando el príncipe lleve las riendas del país.
Por su gran labor en Trento recibió un emblema heráldico (dos manos que se estrechan lanzando llamas y una leyenda que dice “Fides quae per charitatem operatur”. La fe que obra por caridad, así fue Domingo de Soto.
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Esther del Brío es catedrática de Economía Financiera de la USAL y vocal de la Comisión V Centenario de la Escuela de Salamanca



