Esther del Brío
La Universidad de Salamanca celebra en 2026 el V Centenario de la Escuela de Salamanca, considerando que fue en 1526 cuando el teólogo dominico Francisco de Vitoria llegó como profesor a dicha universidad.
Reconocido en el mundo como el padre de los derechos humanos y del derecho internacional, su sombra alargada impide en ocasiones poner el foco en otras áreas de estudio de la Escuela de Salamanca de igual interés, como es la economía. Ya que, para muchos, la Escuela de Salamanca puso las bases de la teoría económica moderna, a través de estudios fundamentales que avanzaron en el conocimiento del comercio nacional e internacional, la inflación, el valor del dinero en el tiempo, la usura, la oferta y la demanda.
Entre los nombres más destacados, Martín de Azpilcueta, con la teoría monetaria; Domingo de Soto, con el estudio de la desigualdad; Tomás de Mercado, con su teoría del justo precio y el estudio de todo el proceso de contratación nacional e internacional en la obra “Suma de tratos y contratos” (En la foto).

Recordemos brevemente a qué se debe el gran impacto de la Escuela de Salamanca en la economía mundial: el siglo XVI está marcado por el descubrimiento de América y la llegada masiva de especias y metales como la plata (componente esencial del real de a ocho o dólar español, base del comercio internacional).
Durante dos largos siglos se vivió la primera globalización, caracterizada por el control español de rutas marítimas y comerciales (acrecentado aún más cuando Felipe II se convierte en rey de Portugal y suma también las rutas y territorios que le habían correspondido a Portugal en el Tratado de Tordesillas).
La llegada de materias primas, el desarrollo y la innovación detrás de los nuevos intercambios provocan el nacimiento de nuevos “hechos económicos”, siendo el más relevante, y desconocido hasta entonces, el de la inflación.
Ante la llegada de ingentes cantidades de plata (y de moneda falsificada), la masa monetaria en circulación se dispara, disparando con ella los precios; el desequilibrio entre la oferta y la enorme demanda de productos tanto americanos en Europa como europeos en América es enorme, pero además Tomás de Mercado descubre la función de utilidad (no existe un precio único para un mismo bien; las cosas tienen precios diferentes en cada mercado en función de las expectativas y oferta disponible en cada mercado).
Otro factor relevante era la ética moral dominante en el comercio prohibía el cobro de un tipo de interés en los préstamos para evitar la usura. Sin embargo, la Escuela de Salamanca dirá que es ético cobrar un interés justo y prudente porque mientras prestas tu dinero no puedes hacer uso de él y renuncias, por tanto, a tu función de utilidad.
España no ha sido muy leal a una Escuela de pensamiento que marcó la frontera del conocimiento económico, teológico y jurídico durante más de doscientos años. Todavía hoy en día su desconocimiento es importante y no son tantas las facultades y escuelas de negocio que imparten estos conocimientos en sus programas académicos.
Tuvieron que ser economistas extranjeros como Schumpeter, Hayek y Hutchison quienes destacaron en el siglo XX la importancia del pensamiento económico español de los siglos XVI al XVIII (adelantándose así a la obra de Adam Smith).
Ahora, en pleno siglo XXI, es la Escuela Austriaca la que defiende los postulados de la Escuela de Salamanca, lo que ha generado un interesante, pero a veces estéril, debate entre aquellos que incluso niegan la condición de economistas a los pensadores de la Escuela de Salamanca (dado que no existía como tal una teoría económica), frente a aquellos que les consideran economistas ‘austriacos’, de tal forma que incluso quieren llamar a la Escuela austriaca la “Escuela Española de Economía”.
Situándonos en el punto medio, donde siempre está la virtud, consideramos que la apropiación de la Escuela de Salamanca por la Escuela Austriaca le aplica un indebido sesgo libertario del que carecía originariamente, aunque tampoco estamos de acuerdo con los que reducen el debate a si deberían etiquetarse o no como economistas, nublando la relevancia de su aportación en su momento histórico.
Rompamos una lanza a favor de la contribución económica de un grupo de teólogos que conocieron al detalle la realidad económica de su tiempo y elaboraron estudios imprescindibles para facilitar el comercio internacional y aclarar las dudas de los comerciantes para sacar lo mejor del hecho económico.
Las ferias de Medina del Campo, la Casa de Contratación de las Indias en Sevilla, puntos álgidos del comercio internacional, se beneficiaron de este conocimiento y facilitaron el desarrollo de la economía moderna que ha llegado hasta nuestros días. Y todo gracias a la Escuela de Salamanca.
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Esther del Brío es catedrática de Finanzas de la Universidad de Salamanca y vocal de la Comisión organizadora del V Centenario de la Escuela de Salamanca



