Ricardo Ortega
En Castilla y León el cielo es un recurso turístico. No solo el cielo físico, escrito con minúscula, tan limpio que permite la observación de las estrellas -y del eclipse solar anunciado para agosto de 2026- mejor que en otras partes de España.
También atrae visitas el Cielo con mayúsculas, ese reino al que apelan los creyentes, el que sigue siendo motor del denominado turismo religioso, que registra ‘picos’ puntuales como las exposiciones de Las Edades del Hombre o las procesiones de Semana Santa, pero que está vivo a lo largo de todo el año.
Nos lo recuerdan casi cada pueblo y cada parroquia, y desde luego los museos dedicados a la imaginería o el mismísimo Museo Nacional de Escultura, que depende del Ministerio de Cultura pero que tiene sus tres sedes en Valladolid.
Ese Cielo con mayúsculas ha inspirado a lo largo de la historia a arquitectos y escultores, pero también supuso un punto de luz para los locos que hace 400 años se atrevieron a desafiar el orden imperante y proclamaron a los cuatro vientos que la dignidad humana era universal y, desde luego, amparaba a los súbditos de la Corona que habitaban los nuevos mundos descubiertos.
Hablamos de religiosos, sobre todo dominicos, que en Salamanca y Valladolid se anticiparon cuatro siglos a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Mucho hemos hablado de ello y mucho se ha de hablar a lo largo de 2026, con la conmemoración de la Escuela de Salamanca, surgida cuando aún humeaban las brasas de los fuegos encendidos para dar muerte a buen número de librepensadores, entre ellos los protestantes, erasmistas y ‘alumbrados’ a los que rinde homenaje Delibes en ‘El Hereje’.
También es ocasión para dejar de mirar a las alturas y prestar atención al suelo, de donde brotan hermosas historias en forma de viñedo, la materia prima de la que saldrán unos vinos que siguen dando fama mundial a las bodegas de Castilla y León.
Se siguen sucediendo las novedades en torno a la viña y el vino, noticias de emprendedores, de nuevos productos y nuevos consumidores, pequeñas batallas que se libran para evitar la sombra del fatalismo.
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Imagen principal: Raúl Gutiérrez Leralta



