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Así es el ciclo vegetativo de la vid 2023-2024

Por mucha predicción que hagan los servicios meteorológicos, en el ciclo de la vid van a influir otros muchos factores. Debemos tener claro que no hay dos campañas iguales, pero sí las puede haber parecidas

Tomás Jurío. Finca Museum

Escribir en meses tempranos sobre cómo vendrá el ciclo vegetativo de la vid en España, aparte de ser una ilusión o un mero número de prestidigitación, no deja de ser algo que a todos nos preocupa o cuando menos nos inquieta. Por mucha predicción que hagan desde los servicios meteorológicos tanto a corto como a medio plazo, en el ciclo de la vid van a influir otros muchos factores, por lo que aventurar con éxito cómo acabará dicho ciclo es misión imposible.

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Tomás Jurío. Ingeniero Agrónomo y Master en Viticultura y Enología. Director de Nuevos Proyectos del Grupo Barón de Ley

Ahora bien, tenemos muchas campañas sobre nuestras espaldas, y si además tenemos buena memoria siempre podremos entrar en el debate sobre el nuevo ciclo vegetativo. La memoria o en su defecto el tomar notas sobre las fechas del lloro, de la brotación, de la floración, del envero; recordar las enfermedades y plagas que tuvimos y su incidencia, etc., es fundamental en un buen viticultor; igual de importante es tener información de lo que llovió, de las temperaturas medias, de las integrales térmicas, etc., datos éstos que en la actualidad ya nos guardan automáticamente nuestras estaciones implantadas en los viñedos o en las plataformas existentes de libre acceso.

Debemos tener claro que no hay dos campañas iguales, pero sí las puede haber parecidas.

El viñedo lleva varias campañas sufriendo, sufriendo porque en los últimos años se está constatando que el clima está cambiando; periodos extensos de sequía, lluvias torrenciales, pluviometría en periodos que no son los hasta ahora habituales, temperaturas medias más altas y temperaturas en general que no corresponden con la estación que debieran corresponder.

Todo ello está provocando que nuestros viñedos sean más débiles o sensibles a las plagas y enfermedades, y a que su fisiología se vea afectada provocando cambios en el desarrollo de los estados fenológicos, que al final redundará en las fechas de vendimia y en la calidad de la uva.

Vendimia en la DO Cigales. Imagen: Tomás Jurío
Vendimia en la DO Cigales. Imagen: Tomás Jurío

En cambio permanente

Como consecuencia de lo anterior la viticultura está cambiando en diferentes frentes, desde la implantación de nuevos viñedos en altitudes mayores y latitudes más al norte, hasta nuevas técnicas vitícolas de manejo en verde, tratamientos diferentes de los suelos, mejor manejo del riego, desarrollo de nuevos portainjertos y mejora genética de las variedades buscando variar el ciclo vegetativo, mejorar la resistencia a plagas y enfermedades, modificar el tamaño de racimos y bayas así como su compacidad, variar la composición de los parámetros analíticos, etc.

Todo ello con el fin de, por un lado, compensar el efecto de este cambio climático, y por otro seguir mejorando la calidad de las uvas para adaptarse a los vinos en el tiempo actual, que en líneas generales para el consumidor medio la tendencia es ir hacia vinos menos alcohólicos, más frutales, con uvas procedentes de viñas más sostenibles, etc. En definitiva, vinos procedentes de uvas más respetuosas con el medio ambiente, menos complicados en su cata y que sean más fáciles de beber.

Temperaturas altas

Escribimos estas líneas a mediados de mayo de 2024 y podemos decir que este ciclo no ha comenzado demasiado bien. Según la Aemet, la temperatura media de enero, febrero, marzo y abril de este año ha sido más alta de lo normal, y eso que venimos de años que en general han sido más cálidos.

Por otro lado, el invierno ha sido suave y seco, lo que ha provocado un adelanto, primero del lloro

por haber alcanzado antes el suelo la temperatura de 10ºC, y segundo de la brotación a consecuencia de una mayor temperatura media. Todo ello ha provocado que en abril prácticamente la totalidad de los viñedos estaban brotados en mayor o en menor medida.

El refranero popular “brotes de abril no llenan el barril” no suele equivocarse. En este mes de abril llegaron dos noches consecutivas de heladas, además creo que han confluido dos tipos de helada diferentes, la de convección y la de irradiación, por ello se han visto afectados viñedos en diferentes altitudes y orientaciones.

En España se han visto afectadas por las heladas primaverales, al menos, unas 46.600 hectáreas repartidas en diez comunidades autónomas, que sobre el total nacional representa un 5 % de viñedo afectado. Sin embargo, Castilla y León ha sido la más afectada tanto en valor absoluto como relativo con algo más de 20.500 hectáreas que representa casi un 27% de su viñedo, seguido de Castilla la Mancha con un 3% afectado y de La Rioja que se ha visto afectado el 10% de su viñedo. Ni siquiera técnicas tales como cubiertas vegetales o calles labradas alisadas perfectamente con rulo han podido resistir (ver imágenes 1 y 2).

Imagen 1: Tomás Jurío
Imagen 1: Tomás Jurío

Por tanto, a nivel nacional la producción total no se verá demasiado mermada por este hecho, pero en determinadas comunidades autónomas si lo van a notar. La recuperación de las vides vendrá dada por la brotación de los conos secundarios de las yemas francas, de las yemas ciegas, de corona o incluso de las latentes ubicadas en la madera vieja, y todo ello dependerá en gran medida de varios parámetros como, la edad del viñedo, el estado de desarrollo en el que les pilló la helada, el tipo de poda, la fortaleza de las cepas y por supuesto de las condiciones climáticas que vengan de aquí en adelante.

Una producción mermada

Aunque las vides se recuperen con nuevos brotes, la producción se verá seriamente mermada e incluso la poda podrá verse comprometida. Ante una helada tan temprana, desgraciadamente poco o nada puede hacer el viticultor. A pesar de que hay zonas como Murcia o Valencia que no ha llovido lo suficiente, no todo es negativo, en la mayoría del país ha sido una primavera lluviosa, y eso es bueno.

El futuro del ciclo vegetativo y por tanto la calidad de la uva dependerá de cada viñedo en particular, y en general de los parámetros climáticos futuros del verano y de los días previos a la vendimia.

Me gusta considerar la Integral Térmica de Winkler, y en comparación con otros años lo que parece bastante probable es que un año más la vendimia va a venir adelantada, aunque no tanto como el año pasado. Falta mucho todavía, pero en la zona de Cigales me atrevería a aventurar que la vendimia comenzará entre el 6 y el 10 de septiembre en viñedos que no hayan sufrido heladas.

Imagen 2, foto Tomás Jurío
Imagen 2, foto: Tomás Jurío

Tampoco quiero olvidar la situación del sector, que no se encuentra en sus mejores momentos; los costes de producción siguen siendo altos o muy altos, la ley de la cadena alimentaria no se cumple en muchos casos, la burocracia administrativa complica y ahoga al viticultor, los precios de la uva muchas veces no cubren, o lo hacen escasamente, los costes de producción, y el relevo generacional, muy influenciado por todo lo anterior, es escaso.

Por otro lado, zonas vitícolas prestigiosas tienen excedentes de vino y para ello, subvencionan la vendimia en verde, solicitan al gobierno destilación de crisis, arrancan viñedo o bien prohíben o pretender prohibir nuevas plantaciones de viñedo.

En España según datos del MAPA, en el año 1980 había una superficie de viñedo de vinificación de 1.642.622 hectáreas y en 2023 estábamos en 928.517 hectáreas, es decir, un descenso del 43,5% Y en cuanto al consumo mundial de vino la tendencia es a la baja.

Sin embargo, la viticultura siempre ha sabido adaptarse y lo seguirá haciendo.

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