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Los amantes del western ya no viajan a Almería

Al pie de la sierra de la Demanda, junto al río Arlanza, se rodó la cumbre del denominado ‘spaghetti western’. ‘El bueno, el feo y el malo’ ponía punto final a la ‘trilogía del dólar’ de Sergio Leone y colocaba la primera piedra de una ruta turística nacida medio siglo después, pero que ya es imprescindible

Ricardo Ortega

Hay determinados días del verano en que la comarca burgalesa del Arlanza huele a polvo del desierto, a sudor, a puros apestosos.

Es el fantasma de cuantos participaron, en 1966, en el rodaje de ‘El bueno, el feo y el malo’.

Aquel año el director Sergio Leone halló junto a la sierra de la Demanda los escenarios adecuados para rodar la tercera parte de la ‘Trilogía del dólar’; la continuación de ‘Por un puñado de dólares’ y ‘La muerte tenía un precio’.

Sería la cumbre del llamado ‘spaghetti western’, además de una mirada irónica sobre todo un género cinematográfico que en EEUU parecía agotado.

‘El bueno, el feo y el malo’ es considerada por Quentin Tarantino “la película mejor dirigida de todos los tiempos” y sus escenarios permanecieron ocultos, olvidados, hasta 2015. Ese año comenzaron los trabajos de recuperación del cementerio a manos de voluntarios de la Asociación Cultural Sad Hill.

Era la génesis de una ruta turística por diferentes puntos de la comarca que ya se ha convertido en imprescindible.

En busca del tesoro

La trama de la película gira en torno a dos pistoleros (el bueno y el feo) y un asesino y corrupto sargento del Ejército de La Unión convertido en pistolero (el malo) que luchan por encontrar un tesoro escondido durante la Guerra de Secesión.

Los paisajes de sabinares agrestes y calizos de la Peña de Carazo y el Valle de Arlanza cautivaron al director y a su equipo para convertirlos por similitud en escenarios naturales de Nuevo México y el Río Grande.

Estos son los hitos de la ruta.

Cementerio de Sad Hill

Representa la escena cumbre de la película. En palabras del propio Leone, “la secuencia del duelo entre los tres, junto al cementerio, que evoca la imagen de los coliseos romanos, me enorgullece especialmente».

Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef llegan a un cementerio de guerra donde se disputarán en un duelo a tres los 200.000 dólares enterrados en una tumba.

La escena se rodó en el Valle de Mirandilla, uno de los valles más hermosos y apartados de la provincia de Burgos, entre las localidades de Contreras y Santo Domingo de Silos.

El set se construyó en apenas tres días por 250 soldados del ejército español recreando un soberbio cementerio circular con más de 5.000 tumbas dispuestas en un sistema de círculos concéntricos y radios rodeando una plazoleta empedrada de 30 metros donde se sitúa el clímax del filme.

Las imágenes están montadas como en un videoclip al ritmo de la banda sonora de Ennio Morricone que va ‘in crescendo’ hasta la resolución, con sorpresa incluida.

Hoy el empedrado sobre el que se celebró el duelo se ha recuperado tras una rigurosa campaña arqueológica y una campaña de micromecenazgo ha permitido que las cruces de madera hayan regresado a ese coliseo.

Estamos en la ‘Meca’ de miles de aficionados y ‘freaks’ que acuden solos, en familia, disfrazados o con la música de Morricone a todo volumen a este paraje único, de recorrido emocionante.

Batalla del Puente de Langstone

Se trata de la escena más cara de la película. También es la de mayor contenido antibelicista, aunque pueda resultar paradójico en una cinta de pistoleros.

Nordistas a un lado y confederados al otro libran una aparatosa batalla por el control de un puente de madera de 100 metros de largo sobre un río.

La escena se rodó en el Valle de Arlanza a 3,5 kilómetros de Hortigüela y se contó con más de 2.000 extras.

La anécdota más destacada de la película es la voladura del puente. Tuvo que hacerse tres veces.

La primera fue un fiasco y Leone quería algo espectacular.

Para la siguiente se colocaron más de 400 kilos de TNT y 12 cámaras para registrar la voladura con detalle.

Sergio Leone cedió el privilegio de la detonación a un coronel del ejército español encargado de los extras, pero una descoordinación de órdenes hizo que el puente saltara por los aires antes de que las cámaras comenzaran a grabar.

El puente quedó destrozado pero fue reconstruido por el ejército en una semana y a la tercera la voladura salió perfecta, como se ve en la película.

Misión de San Antonio

La escena se rodó en el interior de las ruinas del histórico Monasterio de San Pedro de Arlanza, en Hortigüela, aunque los exteriores se ruedan en el Cortijo del Fraile en Nijar (Almería).

Se trata de un convento religioso convertido en hospital militar atestado de heridos y donde Tuco (Eli Wallach) lleva a curar las heridas a El Rubio (Clint Eastwood) después de cruzar el desierto.

Los planos contienen gran detalle escenográfico, como la habitación atestada de esculturas llevadas para dejar espacio a los heridos.

Como curiosidad, cuando Eastwood está tumbado en la cama puede verse por la ventana del habitáculo la silueta de la ermita de San Pelayo sobre una loma cercana al monasterio.

El lugar donde se rodó la escena es en la actualidad una parte privada del monasterio, sobre el refectorio.

Las habitaciones donde se recupera El Rubio y donde Tuco se encuentra con su hermano Pablo Ramírez están en ruinas y hundidas.

Campo de concentración de Betterville

La escena se rodó en un altozano cercano a la localidad de Carazo conocido como Majada de las Merinas.

Para ello se construyó un imponente fuerte con profundos fosos, empalizada y edificaciones anejas donde se representa lo peor de la guerra, torturas, ejecuciones…

Sergio Leone se inspiró en grabados y fotografías reales de la Guerra de Secesión americana y del campo nordista de Andersonville (Georgia) en 1864 tomadas por Mathew Brady y donde se cometieron ejecuciones masivas de prisioneros, hacinamiento y hasta canibalismo.

La escena incluye la tremenda paliza que propina el cabo Wallace (Mario Brega) a Tuco durante el interrogatorio del sargento Sentencia.

Sergio Leone incluye una banda de músicos que tocan para silenciar las torturas.

Una ruta por el Arlanza

Esta propuesta de ruta no sigue el orden cronológico de la película pero es el trazado más lógico para visitar las localizaciones.

Partimos de Salas de los Infantes en dirección Burgos. En este primer tramo discurrimos aguas abajo del río Arlanza por su margen derecha y vemos a la izquierda la cara norte de la Peña de Carazo y la Peña de Barbadillo.

En Hortigüela, tomamos dirección Covarrubias; aquí el Valle de Arlanza se va estrechando en un precioso desfiladero, adentrándonos en el Espacio Natural Sabinares del Arlanza.

Llegamos a la primera localización de la ruta: la Batalla del Puente Langstone; hoy casi irreconocible y cubierta por mucha vegetación, pero con las trincheras aún visibles si subimos a la parte más elevada de la ladera.

Seguimos y un kilómetro más adelante llegamos a las ruinas del histórico monasterio de San Pedro de Arlanza, donde se rodaron los interiores de la Misión de San Antonio.

Continuamos el camino dirección Santo Domingo de Silos, donde llegaremos, una vez pasado Contreras, al Valle de Mirandilla donde se encuentra el set del Cementerio de Sad Hill; ascendiendo la ladera de 1.280 metros de altitud para contemplar el mismo en toda su magnitud enclavado en uno de los más bellos paisajes de la Sierra de la Demanda a los pies de la Peña de Carazo.

La ruta continúa por la carretera que discurre encajonada en el impresionante y bellísimo desfiladero de calizas que forma aguas arriba el río Mataviejas, donde en un altozano conocido como Majada de las Merinas se rodó la escena del Campo de Concentración de Betterville, última localización de esta ruta.

Una comarca de cine

La comarca de la Sierra de la Demanda tiene una vinculación estrecha y larga con el cine, pues en ella se han rodado películas como: La Laguna Negra (1952), La sombra del Zorro (1962), El valle de las Espadas (1963), Campanadas a medianoche (1965), Doctor Zhivago (1965), Las petroleras (1971) o El milagro de P. Tinto (1998), entre otras.

Reportaje gráfico: Marcos Albaladejo, Ricardo Ortega y Sara Franco

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