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El primer balbuceo en español se escuchó en el norte de Burgos

A pesar de tópicos firmemente asentados, el castellano escrito no apareció en La Rioja, sino en la comarca de las Merindades. Su génesis revela que es una lengua tan latina como el italiano o el rumano, tan burgalesa como las agujas de la catedral de Santa María, tan vasca como el mismísimo euskera.

Ricardo Ortega

El paisaje frondoso del actual municipio de Berberana, en la comarca de las Merindades, fue quizá el que escuchó los primeros balbuceos del idioma castellano. ¿Cómo surgió esa lengua extraña, sin el sonido de la uve y con una efe en rebeldía?

Corría la alta Edad Media, cuando la fragmentación política del norte de la península se reflejaba en la aparición de múltiples idiomas romances.

Además del latín evolucionado que hablaban los mozárabes en territorios de mayoría árabe y bereber, aparecían en el norte de la península el primer gallego, el asturleonés, el navarroaragonés o el catalán.

Al mismo tiempo nacía un primer castellano, hoy también conocido como español; una lengua extraña, poblada de fuertes erres y jotas, nacida de la convivencia del latín con los descendientes de los vascones. Una lengua muy evolucionada que perdía sonidos como la ‘uve’, que pasaba a pronunciarse como la ‘be’, e incluso la ‘efe’, convertida en una ‘hache’ aspirada (como en el paso de fierro a hierro).

Para el estudio de aquella evolución disponemos de muchas hipótesis y de muy pocos documentos escritos. Según nos explicaron de niños, el primer castellano escrito se recoge en las glosas emilianenses, que se conservan en el monasterio riojano de San Millán de la Cogolla.

Monasterio de Yuso, San Millán de la Cogolla (La Rioja), por Rafael Rivero.

Pero queda mucho trabajo pendiente para arrojar luz sobre los descubrimientos de filólogos e historiadores, según los cuales los documentos conservados en la localidad riojana -sin restarles un ápice de valor- tienen más de romance navarroaragonés que de castellano.

En todo caso, un siglo antes de que se escribieran esos párrafos en romance otros monjes habían intercalado palabras castellanas, las primeras que se conservan, en la Colegiata de Santa María, en Valpuesta, en realidad una cuña burgalesa en el alavés valle de Valdegovía.

Los cartularios de Valpuesta son una serie de documentos del siglo XII que, a su vez, son copias de otros documentos. Algunos de ellos se remontan al siglo IX. Están escritos en un latín muy tardío que trasluce elementos propios de un dialecto romance que ya se corresponde con las características del castellano.

En noviembre de 2010, la Real Academia Española avaló los cartularios como los primeros documentos en los que aparecen palabras escritas en castellano. El entonces director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y hoy consejero de Cultura, Gonzalo Santonja, se refería a un latín “tan alejado de la rectitud, que presentaba un estado tan evolucionado o corrompido”, que se trataba de “una lengua latina asaltada por una lengua viva”. Una lengua que se cuela en estos 187 documentos a través de la labor de los amanuenses, que posiblemente se había formado entre los territorios de Lantarón, las Merindades, el sur de Cantabria, Álava y Miranda de Ebro.

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Como señala la filóloga Emiliana Ramos, “los escribanos que redactaban documentos como los de Valpuesta pretendían dar un barniz latino a sus documentos y solo casualmente iban desgranando de forma instintiva elementos romances, como resultado de la confusión que existía a la hora de escribir, al tener que adaptar el sistema gráfico y la gramática latinos a los nuevos sonidos romances”.

Colegiata de Valpuesta, por Toño Antón

Sin saberlo, esos monjes comenzaban una larga andadura hasta que Alfonso X ‘el Sabio’ dio al idioma carta de naturaleza, al incluirlo entre las lenguas publicadas y, por lo tanto, cultas.

El primer libro impreso en español apareció hacia 1472 y veinte años después Antonio de Nebrija elaboró, en Salamanca, la primera gramática española. Era el primer tratado sobre una lengua europea moderna. Hoy la hablan 485 millones de personas como lengua materna.

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