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¡¡Brindemos siempre!!

Todos recordamos y recordaremos que las Navidades de hace un año fueron quizá las peores vividas hasta el momento, personas queridas que nos dejaron, reuniones familiares que no se produjeron y brindis que se perdieron para siempre.

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Tomás Jurío. Ingeniero agrónomo y enólogo

Curiosamente, brindar es un acto que históricamente se ha venido realizando desde muy antiguo y en diversas culturas. La RAE define el brindis como la “acción de brindar con vino o licor”. Parece ser que la palabra viene del alemán “bring dir´s” que significa algo así como “yo te lo ofrezco”. Por otro lado, brindar se define como “manifestar, al ir a beber vino, licor u otra bebida alcohólica, el bien que se desea a alguien o la satisfacción por algo”.

Quizá la bebida alcohólica con la que más se brinda en el mundo sea el vino. Seguramente es la bebida alcohólica más antigua del planeta, ya en el neolítico en el VI milenio a.C. en los montes Zagros (Irán) se atestigua la elaboración de vino, después vendrá la antigua Mesopotamia, pasando por Egipto, las culturas griegas y romanas, edad media, llegando así hasta nuestros días.

Sin embargo, cuando el vino empieza a ser considerado, además de litúrgico, algo social y lúdico es cuando se convierte en una bebida que la pueden disfrutar todos los estamentos sociales. Ello ocurre con las antiguas civilizaciones griegas y romanas, que sumando las dos estamos hablando desde el 800 a.C. al 476 d.C.

Los romanos levantaban sus copas de vino y las chocaban con ímpetu llegando a desbordarse el líquido, de tal manera que se mezclaban los vinos de las diferentes copas. Esto que podría considerarse como un posible origen del brindis, también podría ser un acto para demostrar que el vino no estaba envenenado, algo muy común en la antigua Roma. El vino en aquella época no era exactamente como lo entendemos ahora, entonces lo habitual era mezclarlo con agua, o bien con frutas, hierbas, miel, etc.

En la liturgia cristiana, el sacerdote cuando llega la consagración levanta su copa de vino ofreciéndosela a Dios para después beber el vino. No deja de ser una representación donde la sangre de Cristo se convierte en vino, pero no deja de ser un “yo te lo ofrezco”.

En el siglo XVI cuando Carlos V tomó Roma, cuentan que los mandos militares alzaron sus copas de vino y dijeron la frase “bring dir´s”. Al parecer, este hecho puede ser el origen del brindis para celebrar algo. Hablando de conquistas y guerras y como anécdota, en Hungría no está bien visto brindar con cerveza, pues cuando lo austriacos celebraron la victoria después de aplastar una revuelta húngara en el siglo XIX lo hicieron con cerveza, hoy en día se sigue considerando un acto irrespetuoso, por lo que si usted viaja a Hungría mejor evítelo.

Sin embargo, no es hasta el siglo XVIII cuando de forma casual el monje benedictino francés Dom Pierre Pérignon descubre el método para la elaboración del Champagne y por consiguiente los vinos espumosos actuales. Si nos ceñimos a España no es hasta 1872 cuando se elaboran las primeras botellas del actual CAVA en Sant Sadurní d’Anoia, término este que se acuña en el siglo XX. Los brindis se dan en eventos muy variados, se brinda en las bodas, en cumpleaños, en Navidad, en Fin de año, etc., y generalmente va a asociado a hacerlo con burbujas, bien sean de cava, champagne o simplemente de otros vinos espumosos, tanto secos como más o menos dulces.

La acción del brindis suele tener tres fases, la verbal donde alguien manifiesta un deseo o bien se ofrece una alocución finalizando eso sí, en el verdadero brindis, la ratificación donde el resto levanta las copas y se procede o no al choque de ellas (chinchín), y el trago con el que esperamos que se confirme el deseo por el cual brindamos. En definitiva, el brindis es un acto social donde se desea lo mejor a alguien o a algo, con una cordialidad que solo el vino puede dar.

La costumbre de hacerlo con vinos espumosos viene dada porque las burbujas son motivo de alegría, de fiesta, y porque estos vinos tradicionalmente en España se descorchan en situaciones excepcionales y por tanto de celebración y generalmente siempre al final de las comidas.

Sin embargo, este tipo de vinos, en contra de lo que muchos puedan pensar, y sobre todo en Europa, se toman en cualquier situación, con unos entrantes, un paté o unos ahumados por poner algunos ejemplos. Además, y esto lo he vivido yo en Navidad cuando era un chaval, el cordero al horno se tomaba siempre con lo que denominábamos champagne que no era otra cosa sino cava, y los niños que solo nos dejaban olerlo tomábamos sidra con burbujas, que sin querer hacer publicidad se llamaba El Gaitero, y como no, se brindaba cuando se servían las copas.

No obstante, el mundo del vino y de las relaciones sociales evoluciona muy rápidamente, y por ello hoy en día ya no brindamos solo con vinos espumosos y al final de una comida, sino que brindamos con cualquier vino y en cualquier momento.

No hace falta ninguna ocasión para ello, brindemos con nuestra pareja, con los amigos, con los compañeros, con nuestros familiares; brindemos en casa en un día normal, en una terraza de un bar, en un restaurante. Brindemos siempre porque el brindis es una manifestación de cordialidad, de amistad, de amor y de buenos deseos.

Se acerca la Navidad, en cualquier momento descorchen el vino que más les guste y expresen un deseo, levanten sus copas y beban.

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