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Valladolid acoge la exposición ‘Los orígenes del español II. De Valpuesta a Cardeña’

El programa “Valladolid Letraherido” de la Fundación Municipal de Cultura de Valladolid y el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua programan en la sala municipal de exposiciones de la Casa Revilla, desde el 22 de julio al 6 de septiembre, la exposición ‘Los orígenes del español II. De Valpuesta a Cardeña. Nuevos documentos que relacionan Valladolid con los orígenes del español’, montaje comisariado por José Manuel Ruiz Asencio (UVA) y Gonzalo Santonja, director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, que ofrece un recorrido documental a través de una serie de textos que permiten analizar la evolución de la lengua desde el latín original a la lengua romance.

Esta exposición, que ha sido presentada esta mañana por la concejala de Cultura y Turismo, Ana María Redondo; el director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Gonzalo Santonja, y el comisario de la muestra, enriquece la perspectiva del estudio del nacimiento y desarrollo de la lengua romance castellana con la incorporación de documentos y textos, la mayoría de carácter religioso, de distintas fuentes documentales. Los cartularios de la colegiata de Santa María de Valpuesta y del monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos), primeros documentos en lengua romance, han sido la base del estudio multidisciplinar en torno a la investigación de orígenes promovido por el Ilcyl, junto a las universidades públicas de la Comunidad.

En esta nuestra, que presenta seis nuevos documentos vinculados directamente con la historia de la ciudad de Valladolid, destaca el facsímil del ‘Tratado de Cabreros del Monte (1206)’, considerado el primer diploma real escrito en lengua romance castellana, rompiendo el multisecular uso del latín en los diplomas de las cancillerías reales. Este documento supuso el reconocimiento del infante Fernando, futuro Fernando III el Santo, hijo de Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla, como heredero del trono leonés a la muerte de su padre. El Archivo de la Catedral de León guarda el único original que ha llegado hasta nosotros.

La figura del conde Pedro Ansúrez, promotor de la transformación de una pequeña aldea enclavada en el alfoz de cabezón de Pisuerga, en uno de los núcleos urbanos más importantes del reino de Castilla –“la más noble villa de su tiempo”, en palabras de Juan II- resulta clave a la hora de entender el crecimiento de la ciudad. Pese a que se desconocen los motivos que le llevaron a elegir esta aldea como sede de su fundación eclesiástica, la escasa documentación conservada permite entrever que ya poseía cierta estructura urbana y parroquial. La presencia de una oligarquía urbana, (los ‘hombres buenos’), que consiguió de la monarquía la concesión de dos ferias generales para la ciudad en 1154 y 1156, representó otro factor decisivo en su expansión. Igualmente, otro factor clave para entender esta expansión es el traslado en el último cuarto del siglo XIII de la Universidad de Palencia a Valladolid.

El Archivo de la Catedral de Valladolid, continuador del de la Colegiata y que ha llegado hasta la actualidad sin pérdidas notorias de su rico patrimonio, y el Archivo Municipal de Valladolid, con pocos documentos del siglo XII aunque abundantes del siglo XIII, constituyen las dos principales fuentes documentales en el estudio de la historia temprana de la ciudad. Aunque escritos en el latín de la época, todos los documentos expuestos contienen algún tipo de información sobre la lengua romance que se hablaba en la tierra en la época.

Antes de 1206 no se conoce ningún otro y después de esa fecha hay que esperar hasta 1230 para que la lengua romance empiece a ser empleada en la cancillería regia. Todo aparenta a que hubo falta de tiempo, que las comitivas reunidas en Cabreros tenían prisa por marchar. Se acordó entonces que el borrador en castellano que había llevado Alfonso VIII sirviera para escribir los documentos definitivos, saltándose la traducción a latín, hasta entonces obligada.

El Tratado de paz entre Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León regularizó la situación económica de la ex reina doña Berenguela, hija de Alfonso VIII y ex esposa de Alfonso IX de León, tras la obligada disolución del matrimonio a instancias pertinaces de la Santa Sede por ser Alfonso IX tío segundo de doña Berenguela. En segundo lugar se reconoció al infante Fernando, hijo de ambos, como legítimo sucesor de su padre en el trono de León, en detrimento de su hermanastro llamado también Fernando, nacido del anterior matrimonio de Alfonso IX con la infanta Teresa de Portugal (luego santa).

Se conservan dos ejemplares; un original en el Archivo de la Catedral de León, nº 27, (430 × 490 mm), escrito por el notario Pedro Pérez, que acabó siendo canciller del rey de León y obispo de Salamanca. Es el ejemplar que se quedó el rey de León. El del rey de Castilla se perdió, pero queda una copia coetánea que Alfonso VIII envió a su sobrino y amigo Pedro II de Aragón para su conocimiento de lo acordado, que se guarda en el Archivo de la Corona de Aragón, Cancillería, Pergamins, Pere I, nº 227, carpeta 61.

El conde Pedro Ansúrez y su mujer, doña Eilo, con motivo de la consagración de la iglesia de Santa María, la dotan espléndidamente con la donación de más de veinte lugares repartidos por las actuales provincias de Valladolid, Segovia, Palencia y León. La generosidad se acentúa en la villa de Valladolid, en la que le conceden un barrio completo que va desde la calle mayor hasta el río Esgueva, viñas, sernas, pesqueras, el diezmo del pan y del vino que se generara en la villa, la mitad de las rentas del conde en el mercado, etc. Ordenan que Santa María no sea dividida entre sus herederos y que las casas de los canónigos sean inmunes respecto a los oficiales del señor de la villa o del concejo que pretendan cobrar caloñas o multas.

Debe entenderse este documento como un perfeccionamiento de la carta dotal de Santa María del año 1094/1095 del facsímil precedente. En efecto, Pedro Ansúrez y la condesa Eilo ratifican la donación a favor del abad Salto y sucesores de la iglesia de Santa María que ellos habían fundado en Valladolid y que con su ayuda Salto había construido.

A la muerte de los condes, el abad elegirá a uno de sus descendientes, hijo o nieto, varón o mujer, como señor o patrono, el que más bien le hiciera, el cual no tomará nada de las rentas de la iglesia, salvo lo que el abad quisiera darle. A la muerte de don Salto, los canónigos de la iglesia, con la participación de los descendientes del conde y de los hombres buenos de Valladolid, elegirán como abad a uno de ellos, pero si encontraran que ninguno era idóneo para el cargo, podrán elegir a uno de fuera, contando en este asunto con el consejo del arzobispo de Toledo. El abad habrá de pagar a la Santa Sede cada año cien sueldos pictavienses (de Poitiers).

El conde Pedro Ansúrez, acompañado por doña Elvira, su segunda esposa, dona en remedio de su alma y de las de sus padres al abad Salto y a la iglesia de Santa María de Valladolid un molino en el Vadillo (río Esgueva, Valladolid). Dicho molino había sido de la familia del obispo Pedro Pérez de Palencia, quien fue el que aconsejó al conde su donación.

Son varias las donaciones menos importantes, comparadas con la dotación de Santa María del año 1094/1095, que se han conservado del conde a Santa María: solares en Villavaquerín (1095), Sentinellos en el Duero, en el alfoz de Peñalba (1110), Fuensaldaña (1114), Mucientes (1114) y esta del molino en el Vadillo. No lo dice el documento pero hay que suponer que estaba, como otros muchos molinos, en el río Esgueva, y el lugar llamado Vadillo debía estar por la zona de la actual plaza de Los Vadillos. El tal molino fue propiedad antigua de la familia del obispo palentino Pedro Pérez, personaje descubierto por C. Reglero de la Fuente, antecesor de otro Pedro palentino, oriundo de Agen (Aquitania, Francia). El conde atestigua que fue Pedro Pérez quien le aconsejó su donación.

Alfonso VII concede a Valladolid una feria anual en septiembre de nueve días de duración. [1154], agosto, 6. Carrión de los Condes.

Alfonso VII concede (generalmente se compraba al rey el derecho) a la villa de Valladolid la celebración de una feria general desde el 8 al 16 de septiembre, garantizando la seguridad de los feriantes que a ella vinieren y prohibiendo que nadie embargara bienes de sus casas mientras estuvieran ausentes, bajo pena del pago del doble de lo que hubiesen embargado y de mil sueldos para el fisco real.

Con apariencia de un documento de menor importancia, es una de las concesiones reales más valiosas que podía hacer un monarca para dinamizar el desarrollo de una villa o ciudad gracias al incremento del comercio. Aunque no consigna el año de su expedición, en opinión de Martínez Llorente (UVA) debe situarse en 1154, y su originalidad es indudable por la presencia de los orificios para unir el sello al pergamino mediante una correílla de cuero o de seda.

Una feria anual de nueve días atraía a todo tipo de comerciantes, incluso a los extranjeros, que aportaban productos de su lugar de origen a buen precio y compraban los de la tierra. La feria garantiza el desarrollo de Valladolid como enclave comercial. Sin duda que el concejo no reparó en gastos para recibir la merced de la feria y el rey pudo contar con más numerario para el esfuerzo bélico contra los musulmanes y mantener la administración del Reino. Es una de las ferias más antiguas, si no la más, de Castilla y León. En el siglo XII, el concejo de Valladolid compró en 1156 a Alfonso VII una segunda feria por cuatrocientos maravedís (moneda de oro), feria de un solo día, que sería el 15 de agosto. La compra incluía la adquisición de los montes Alcor y Torre de don Alveiro. El concejo de Valladolid compra al rey Alfonso VIII la villa de Santovenia de Pisuerga por dos mil monedas de oro. 1191, julio, 6. Hita.

 Alfonso VIII, su mujer, la reina Leonor, y su hijo Fernando venden al concejo de Valladolid la villa de Santovenia de Pisuerga, sita en el alfoz de Cabezón, cerca de Santa Cruz y de La Overuela, por la cantidad de dos mil áureos (maravedís, moneda de oro), que ya habían recibido. Cuando Valladolid nace como villa a raíz de la creación de la iglesia de Santa María por el conde Pedro Ansúrez tiene un territorio limitadísimo porque estaba rodeada por los poderosos alfoces de Simancas y Cabezón con sus aldeas y villas.

Desde mediados del siglo XII el concejo de Valladolid emprendió una activa política para ensanchar su territorio mediante onerosas compras de villas de su alrededor: Renedo (1155), Prado (1155), Cabezón (1162), etc. En total fueron quince las poblaciones anexionadas, tres montes y un prado. Los reyes, en especial Alfonso VIII, se veían obligados a enajenar tierras por la necesidad de numerario para atender a la guerra contra los almohades, muy crecidos desde su famosa victoria de Alarcos (1195). Este documento contiene la compra de Santovenia del Pisuerga, que pertenecía al alfoz de Cabezón, y que se adquirió por dos mil monedas de oro. Se empleó el documento más solemne que expedía la cancillería castellana: el privilegio rodado, en pergamino y validado con sello de plomo (que se ha perdido, aunque conserva el cordón de seda para el vínculo). Es el diploma original en pergamino más antiguo del concejo que se conserva en el Archivo Municipal de Valladolid.

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