Edu Mongil
La inesperada muerte el año pasado de José Luis Cienfuegos, director de la Seminci desde 2023, hacía presagiar que la 71ª edición del Festival Internacional de Cine de Valladolid sería especialmente emotiva. El dolor, el recuerdo y el homenaje al impulsor de la nueva era del certamen eran ingredientes que iban a impregnar de solemnidad a una cita ya de por sí ligada a la conexión con las emociones más íntimas.
El cine de Seminci siempre ha buscado la introspección, mirar a lo que nos transforma y nos duele por dentro, y reivindicar la memoria ante la apisonadora del olvido. Con una herida comenzó el festival y con otra herida terminó, la de la tragedia del accidente ferroviario en Urda, que llevó a la organización, coliderada este año por Mariona Viader y Javier H. Estrada, a cancelar el tradicional fin de fiesta, la Gala de Clausura, como señal de duelo.
Casualidad o no, el palmarés del certamen también ha destacado propuestas que tienen la memoria o la herida como parte fundamental de su narrativa, además de consagrar al cine francés como gran triunfador.

La Espiga de Oro a mejor película se lo llevó ‘Dao’, una película arriesgada y poco convencional del director franco-senegalés Alain Gomis, que transita de forma circular sobre la pérdida de un patriarca, el recuerdo colonial y la influencia social de los puentes entre África e Europa.
El jurado, integrado por la productora italiana Francesca Andreoli, el compositor francés Grégoire Hetzel, el programador y escritor Dennis Lim, la cineasta y productora española Elena Manrique y el realizador uruguayo-español Federico Veiroj, destacó en el fallo la “singular forma cinematográfica”, en la que “el ritmo, la duración y el movimiento crean una atmósfera a la vez íntima e inmersiva”, y subraya que la película de Gomis consigue “evocar un espacio libre, abierto y poroso entre la ficción y el documental, en el cual lo personal y lo colectivo, lo visible y lo sensible, resuenan con una intensidad hipnótica”.

La Espiga de Plata fue a parar a ‘La Gradiva’, de Marine Atlan, otra cinta francesa que se está convirtiendo en obra de culto en el país vecino. El jurado reconoció su “riqueza narrativa”, que combina “con maestría el naturalismo y lo novelesco, los arrebatos líricos y las profundidades mitológicas, las verdades sociológicas y los vértigos metafísicos”. Es una película en la que también se siente con crudeza el escozor de las heridas sin curar.
Pero el reconocimiento al cine galo no termina en los dos galardones más importantes del festival. Los premios a mejor actor y a mejor actriz recayeron también en dos intérpretes de películas francesas. Swann Arlaud fue premiado por su contenida encarnación de un funcionario de la Francia de Vichy en ‘Un hombre de nuestro tiempo’, de Emmanuel Marre.
Por su parte, la italiana Alba Rohrwacher confirmó el gran momento de su carrera con el premio a mejor actriz por su papel ‘A good little soldier’, de Stéphane Brizé, donde hace las veces de responsable de RRHH de una gran empresa de La Defénse parisina, mientras lucha por mantener la cordura en una rutina llena de contradicciones morales.

Los lazos familiares: salvación y condena
Los vínculos familiares suelen ser el origen, el final y la explicación de muchas emociones humanas. Y esta Seminci ha querido meter el bisturí en muchas de esas dinámicas para desmenuzarlas desde lugares muy diversos. Cabe destacar en ese sentido ‘Everytime’, -premio a mejor guion- un desasosegante acercamiento a la pérdida familiar y a las diferentes formas de canalizarla. Una propuesta muy particular que no ha dejado indiferente a nadie.
Más reconfortantes son otras obras como la iraní ‘A bit of light’, que reafirma el papel de los seres queridos como último sostén, o el documental ‘El ladrón de la noche’, donde el rapero Elio Toffana reflexiona, acompañado por buena parte de la escena nacional del hip hop, sobre las enfermedades degenerativas y los cuidados. Un homenaje, una vez más, a la memoria.

El festival pucelano ha sido también el lugar donde se ha presentado en sociedad Ricardo Gómez como director. El mítico Carlitos de Cuéntame ha mostrado una obra cuyo elocuente título, ‘Una Familia’, sirve para trazar una narrativa que alude de forma clara a su propia historia, y que ha sido aplaudida por los espectadores.
Y si se menciona esto último, es justo señalar otras dos propuestas que han contado con el reconocimiento del respetable. Una es ‘Rose’, premio del público, y la otra es ‘Elsinore’. Protagonizadas por dos estrellas como Sandra Hüller y Andrew Scott, respectivamente, la buena acogida de ambas obras en Valladolid es buena prueba de que habrá que estar atentos a su posible éxito en los Oscars.
Porque convencer al público de la Seminci significa convencer a un público cinéfilo, culto y exigente, que ha vuelto a llenar salas y a responder a la llamada del cine de autor. A la espera de los datos, los grandes teatros como Calderón y Carrión han presentado grandes entradas incluso en horas tardías, lo que ya es una tendencia que se consolida desde la pandemia.
El certamen goza de buena salud en ese aspecto, y la ciudad se ha beneficiado del buen ambiente de cine durante toda la semana, a pesar de que la organización decidiera suspender los eventos de Seminci Noche en los bares por el luto por el accidente ferroviario.
En síntesis, lo que comenzó siendo un homenaje a la memoria de Cienfuegos ha terminado siendo un homenaje a la memoria humana, a la búsqueda de la belleza y de la fuerza en la herida, y a seguir creando y compartiendo el arte desde ahí.
En la Gala de Apertura, el equipo del festival dedicó unas palabras de homenaje a su añorado jefe que reflejan perfectamente esta idea: “A José Luis, por todo lo que imaginamos, aprendimos y disfrutamos a tu lado. Por la curiosidad, la exigencia, el humor y las ganas de seguir descubriendo”.
Que esta Seminci sirva para no olvidar este compromiso.

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Reportaje gráfico: ©Seminci-Photogenic

