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La mejor pasta de té nace del pinar

Dos elaboraciones de la familia Arranz, con epicentro en Pedrajas de San Esteban (Valladolid), se imponen en el Premio Dulcypas a la Mejor Pasta de Té Artesana

 

Miguel Ángel García Velasco

El Gremio de Pasteleros de Valencia ha sido este año el encargado de organizar el concurso a la Mejor Pasta de Té de España. Más de 300 elaboraciones de todos los rincones del país se presentaban al certamen y en el primer corte quedaron 30 finalistas.

Entre ellas, dos de Castilla y León. Más en concreto, de la provincia de Valladolid. De forma más precisa, ambas de la familia Arranz, que lleva tres generaciones endulzando la vida de miles de personas.

Entre las finalistas se colaron las dos pastas realizadas por la familia: ‘The Waffle’ (el gofre) representando a Pastelería Julián Arranz, de la ciudad de Valladolid, y ‘Sonia’ en representación de Pastelería Arranz, de Pedrajas de San Esteban.

El segundo puesto del concurso fue para The Waffle.

The waffle

Al final, ‘Sonia’ fue galardonada con el premio Mejor pasta de té de Castilla y León 2024 y el segundo puesto fue para ‘The waffle’. Las dos elaboraciones apostaban por ingredientes de la provincia que están presentes en el día a día del obrador.

La pasta ‘Sonia’ está inspirada en la que es posiblemente una de las pastas de té más icónicas, que es la pasta coronada con una guinda roja. Una pasta clásica no solo de las pastelerías sino de muchos hogares de la región.

Se compone de una base de ‘crumble’ de piñón, una gianduja de chocolate blanco y piñón, y una media esfera roja brillante a modo de trampantojo de guinda rellena de una pasta de frutas de fresa, ganache de frambuesa y, de nuevo, gianduja.

La propuesta de Julián es innovadora y atrevida.

La pasta ‘The waffle’ hace referencia al concepto de waffle o gofre, uno de los formatos dulces más reconocidos internacionalmente. La pretensión de esta creación era traer ese formato visual a la pasta de té creando un concepto visual divertido y reconocible por cualquier persona.

La línea gustativa del relleno va de la mano de la clásica tarta de queso o ‘cheesecake’, compuesta por una pasta de frutas de fresa, un praliné de piñón y queso curado de oveja, como corresponde a la provincia de la que procede, un sablé deconstruido de piñón y barquillo para recrear la basa crujiente típica de la ‘cheesecake’ y un fiorentín de piñón, que es todo un clásico dentro del mundo de la pasta de té.

La pasta ‘Sonia’ despliega su colorido en el mostrador de Julián Arranz.

Cosechando éxitos

La prueba celebrada en Valencia demuestra que la familia sigue cosechando éxitos, como ya sucedió al conquistar el premio a la Mejor pasta de té de España en 1999, cuando este concurso se realizaba en otro formato (Copa de España de Pastelería), así como diversos galardones, como el Segundo Mejor Maestro Pastelero Español en el 2011.

Es la renovación de su eterno idilio con la pasta de té, el reconocimiento al trabajo que realiza en su obrador con un producto por el que siempre ha apostado, hasta el punto de que lo considera su seña de identidad.

Un trocito de Castilla y León

Julián Arranz lleva muchos años mostrando su trabajo por todo el mundo impartiendo formación, asentamientos y otras actividades gastronómicas. Llevando a cada lugar un trocito de Castilla y León.

Para él la pastelería ofrece “un mundo por descubrir, por saborear, por probar, un universo de colores y sabores que seducen a la vista y al paladar”. Su apuesta pasa por retomar la receta tradicional, “elaborada con técnicas modernas y con productos de alta calidad para transportarte a esos recuerdos de tu infancia”.

Esa ternura, ese mimo y ese buen hacer de unas manos profesionales hacen de los productos de Julián Arranz “un puente entre generaciones, entre el pasado que no podemos olvidar y el futuro que empezamos a vislumbrar”.

Todo comenzó con una abuela emprendedora aficionada a la repostería, que con tesón y mucho trabajo abrió un pequeño negocio de pastelería, naciendo así la marca Julián Arranz.

Julián y el ‘orgullo’ de la palmerita.

La tradición familiar continúa con Raúl y con su hijo Julián, dos apasionados de la repostería que ponen en práctica sus conocimientos realizando una pastelería donde conviven las elaboraciones tradicionales con las más modernas aplicando las mejores materias primas y buscando un equilibrio gustativo perfecto y una genial estética.

Pero el equipo no estaría al completo sino mencionáramos a Begoña, esposa y madre de los dos reposteros y a su hermana Inés, formando el Universo Julián Arranz.

Familia, tradición, innovación y mucho estudio hacen que Julián Arranz sea un referente en la pastelería de autor de Castilla y León.

Tienda en la calle Lencería de Valladolid.
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