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Los tesorines de El Valle

La subcomarca vertebrada por el arroyo del Valle de Fontecha nos invita a visitar sus pequeñas localidades y sus templos, auténticos reservorios de memoria de la España despoblada

Cristina García Alonso

El Páramo, ese territorio en el que se inspiró el escritor Luis Mateo Díez para crear el imaginario reino de Celama, ocupa una considerable extensión del sur de la provincia de León y limita con el norte de Zamora. Es una superficie en su mayor parte plana y árida, de tierras pobres.

Cristina García Alonso. Periodista
Cristina García Alonso. Periodista

En su día, cuando inspiró al académico lacianiego, podía recibir la calificación de seco, pero en estos momentos, con la reciente modernización de los regadíos y el agua que llega desde hace más de 70 años de los pantanos de los ríos Luna y Órbigo, en la temporada en que las plantaciones de maíz están en su máximo esplendor, parece un auténtico vergel. Algo que no ha impedido que la población de las pequeñas localidades y pedanías que lo integran vaya cayendo en picado, como ocurre en toda la España despoblada debido a la falta de oportunidades para los jóvenes, muchas carreteras en estado lamentable, etc, etc.

Se van las gentes, pero permanecen las casas, las cuadras, los pajares… y, sobre todo, las iglesias. Y en estas queda la memoria, los archivos, y el arte. Hay mucho arte escondido en los templos de la España vaciada. También en los de algunos de los pueblos que forman parte de El Valle, la única subcomarca del Páramo que rompe esa planicie que caracteriza a este territorio.

Valdevimbre es uno de los tres ayuntamientos que forman parte de esa subcomarca. Está integrado por 8 localidades, la mayoría de ellas -a excepción de la propia Valdevimbre, la mayor de ellas y sede del consistorio, y Farballes- en torno al curso del arroyo del Valle de Fontecha, cuyas aguas terminan en el río Esla.

Entre todas apenas rozan el millar de habitantes, pero sus iglesias albergan obras de arte del Románico, del Renacimiento y del Barroco dignas de conocer, y en muchos casos necesitadas de conservación y mantenimiento. Es cierto que las más importantes han acabado custodiadas en museos, pero merece la pena visitar las que quedan, testigos mudos de generaciones pasadas y esperemos que también futuras.

La parroquia de la localidad que da nombre al ayuntamiento es de construcción reciente, siglo XX, pero alberga obras mucho más antiguas, como la pintura de la Virgen de las Angustias, de estilo románico de transición del siglo XIII, y un Cristo del siglo XVII. Además, su obra más importante, un lienzo del siglo XVII, está depositada en el Museo Diocesano de León. Contiene, asimismo, sendas tallas barrocas de San Lorenzo y San José y otra de San Blas. Como peculiaridad, la torre de la iglesia fue construida bajo la influencia de la Torre del Gallo de San Isidoro de León.

Fotografía: Piotr-Tomasz Wach

En esta población, aparte de las cuevas-restaurante que atraen a tantos visitantes a disfrutar de la gastronomía local, se puede visitar el Museo del Vino, ubicado en una cueva-bodega tradicional de más de 300 años de antigüedad excavada a mano, como todas las de la zona, donde se muestra el proceso de elaboración del vino característico de la comarca.

En la visita guiada se pueden ver elementos originales, como una viga ‘romana’ (una especie de palanca en la que termina la prensa con la que se aplastan las uvas) de 10 metros y una cuba de 400 cántaras (cada cántara equivale a unos 16 litros).

De esta zona procede, por otra parte, un conjunto de útiles y armas hallados en 1925, que se han datado en la Edad de Bronce y están depositados en el Museo Arqueológico Provincial de León.

Muy cerca de Valdevimbre se encuentra Farballes, una minúscula pedanía que apenas cuenta con un par de habitantes. Su iglesia parroquial, dedicada a San Vicente Mártir, del siglo XVI, está en un estado tan lamentable -con apenas un par de muros y la espadaña en pie- y ha sido tan expoliada que la asociación Hispania Nostra la ha incluido en su nómina.

En los márgenes del arroyo

Pero la mayor parte de los pueblos de este ayuntamiento se encuentran en los márgenes del arroyo del Valle de Fontecha. La aldea que da nombre al mismo, aparte de albergar el bosque de encinas más extenso del Páramo, tiene una iglesia dedicada a San Pedro construida a finales del siglo XVII, según la web del municipio. Precisamente, una talla barroca dedicada al apóstol es una de sus obras más destacadas. Y merece la pena citar una escultura interesante de Santa Lucía.

Arroyo abajo, la iglesia parroquial de Pobladura de Fontecha, con advocación a Santa María, contiene una talla barroca de Santa Marina, su patrona, y otra del mismo estilo artístico de San Martín de Tours, aquel santo francés que partió su capa para darle la mitad a un mendigo.

Las aguas del pequeño reguero llegan a continuación a Palacios de Fontecha, la pedanía más poblada. Conserva una iglesia consagrada a San Adrián (de acuerdo con la información municipal), su patrón, que luce en su fachada el escudo de los Osorio, ya que formó parte de los dominios del marqués de Astorga, y tiene un capitel romano en la base de una de sus columnas.

En su interior, cobija un interesante retablo renacentista de 1554-55 atribuido a Francisco de Carrancejas, colaborador asiduo de la Catedral de León y autor de numerosas obras en esta provincia, según la Real Academia de la Historia.

El retablo contiene cinco pinturas sobre tabla. La del cuerpo central es la Dormición de la Virgen y las otras cuatro representan a las santas Lucía, Bárbara, Apolonia y Catalina, las dos últimas cada una con un donante.

Lo completa una hornacina con una talla de la Virgen de la Asunción. En la base del retablo se puede leer la siguiente leyenda (en la parte ilegible señalado aquí con x): “EN COMEMORACIÓN DE LA ASSUMPCION DE NUESTRA SEÑORA HIZO HAxER HERNANDO DE LA CxxxADA ESTE RETABLO A COSTA DE SUS Bxxxxxx Y DE SU MUGER IOHANA GONZALEZ   LOS OVAxxxx NBAXO DESTASxxxxxxNSEPULTADOS”.

No muy lejos, otro retablo, este de estilo barroco, también procedente de una donación, adorna el templo. En él aparece el siguiente texto: “ESTE RETABLO DIO DE LIMOSNA I LO IZO A SU COSTA DOMINGO CASTRILLO I SU MUGER INES DE PRADO”.

Una talla barroca del patrón, San Adrián, otra de Simón Zelote, uno de los apóstoles más desconocidos de Jesús, y varias pinturas y tallas no tan bien documentadas completan la imaginería de la iglesia.

Siguiendo el curso del arroyo aparece Villagallegos. Su iglesia, del siglo XVII, según la web del Ayuntamiento, está adosada a una torre mudéjar. Una talla de madera policromada de Santa Catalina procedente de ella se custodia en la Sala de Piedra de la Catedral de León, según consta en la web de la seo. En la actualidad, en esta parroquia se pueden contemplar tallas como la barroca de San Roque, su patrón, o la de San Juan Evangelista, entre otras.

Una joya del románico tras un retablo

A un paso de Villagallegos, curso abajo, se encuentra Vallejo, la pedanía menos poblada después de Farballes, pero no por ello la menos importante, artísticamente hablando. En ella destaca, entre otras obras, una talla barroca de Santiago el Mayor. No obstante, de esta iglesia procede una de las joyas de la Sala del Románico de la Catedral de León. Se trata del llamado Cristo de Vallejo, una talla del siglo XII de apenas 116 centímetros de altura. La imagen apareció hace más de 30 años tras el retablo de la iglesia y fue entregada al entonces Museo Diocesano para su restauración.

En el límite sur del municipio de Valdevimbre, siguiendo el curso del arroyo del Valle de Fontecha, se encuentra Villibañe. Como en el resto de pedanías de este ayuntamiento, la iglesia es el único ‘museo’ del que pueden gozar sus habitantes. Según la web municipal, data del siglo XVII y conserva restos de estilo mudéjar.

En su interior se encuentra un sepulcro con un escudo cuyas armas corresponden a Juan de Luna, explica la web municipal. Entre las obras artísticas más destacadas del templo, una talla románica de la Virgen de los Morones, patrona del pueblo. Según la leyenda, la Virgen María se apareció entre un zarzal de moras en el mismo lugar donde hoy se levanta la iglesia a unos moros que huían de Don Pelayo desde Asturias. No deja claro si el nombre procede del moral o de los moros. Otras imágenes destacadas son tallas de San Isidoro de Sevilla, de San Fernando III, hijo del rey Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla, o de Santa Teresa de Jesús.

La mayoría de las obras de las iglesias de la subcomarca de El Valle carecen de un estudio detallado que pueda documentar su origen y fecha de creación. Con el fin de divulgar el patrimonio religioso de este municipio y mostrar su precaria situación y la necesidad de restaurar muchas de ellas, hace dos años una estudiante de Grado en Historia del Arte con orígenes en la zona, Elsa Cantón Benéitez, realizó una labor de inventariado de la iconografía de cada parroquia y tras ello se las explicó in situ a los vecinos de las respectivas localidades.

Lo hizo a través del proyecto ‘Arte en el Valle’, que recibió una de las becas RALBAR, impulsadas por la Universidad de León y la Fundación Banco Sabadell. La iniciativa, que tuvo una gran acogida, no se ha vuelto a repetir… Quien quiera disfrutar de los tesorines de El Valle podrá hacerlo, como desde hace siglos, durante las celebraciones religiosas.


Reportaje fotográfico: Elsa Cantón Benéitez

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