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El Auschwitz español está en Miranda de Ebro

Dirigido por miembros de la Gestapo, el mayor campo de concentración de la historia de España encerró en condiciones infrahumanas a más de 80.000 personas entre combatientes republicanos, militares de la II Guerra Mundial, judíos que huían del Holocausto, dos premios Nobel de Medicina y miembros del Gobierno francés. 58 nacionalidades estaban representadas entre sus alambradas. Nadie conoce el número de fallecidos

Ricardo Ortega

Desde 1937, un rincón apartado de Miranda de Ebro fue escenario de uno de los episodios más escabrosos de la historia de España. Entre el ferrocarril y el río Bayas, se erigió el mayor campo de concentración jamás organizado en nuestro país. También el de mayor duración.

Sus restos, aún visibles, ofrecen un espejo luctuoso en el que también podría mirarse la historia de Europa.

Un visitante repasa los nombres de algunos de los fallecidos en el campo de concentración.
Un visitante repasa los nombres de algunos de los fallecidos en el campo de concentración.

El campo se creó en 1937, con el asesoramiento de las SS, para albergar a presos republicanos y se mantuvo abierto hasta 1947. La captura de prisioneros en el norte de España fue muy considerable en poco tiempo, lo que motivó el hacinamiento de los presos en condiciones inhumanas.

Para abordarlo, el BOE del 5 de julio de 1937 ordenó la construcción de cuatro campos de concentración en la provincia de Burgos. En Miranda se instaló uno de ellos gracias a su situación, cercana al frente y con excelentes comunicaciones. En apenas dos meses el campo ya estaba activo, pero se trataba de un espacio lamentable.

 

campo de concentracion de miranda
Una escena cotidiana en el campo: los presos lavan su ropa.

Las condiciones de vida, según diversos informes internacionales, eran «deplorables». No había cristales en las ventanas ni calefacción, los internos dormían en el suelo y estaban infestados de piojos. La alimentación era «insuficiente y de calidad ínfima», y los castigos corporales eran habituales. Se practicaban ‘sacas’ de presos (generalmente por la noche) para ser fusilados.

Un visitante lee la dedicatoria «A todas las personas que fueron privadas de su libertad en el campo de concentración de Miranda de Ebro 1937-1947».
Un alcalde insumiso

Su capacidad era de 1.500 prisioneros, pero pronto se superó este límite debido a la llegada de más presos. El Ayuntamiento mirandés era obligado a afrontar parte de los gastos generados.

Algunas de estas partidas eran sorprendentes. El 7 de agosto de 1937, el pleno municipal rechazó pagar un coche nuevo para el jefe del campo. Una semana después el alcalde, Enrique Tobalina, era destituido por las autoridades militares. El 21 de agosto el pleno facultó al nuevo alcalde “para que, de acuerdo con la Comandancia Militar, vea el medio más fácil de adquirir el coche que se desea”.

campo de concentración de Miranda
Imagen aérea de las instalaciones, rodeadas por la vía del ferrocarril al norte, el río Bayas al este y el camino de acceso al oeste.
Al servicio de los nazis

Por el campo de concentración llegaron a pasar 65.000 prisioneros republicanos. El 27 de junio de 1940 cruzó su umbral el primer grupo de prisioneros foráneos afectados por la Segunda Guerra Mundial, formado por 105 marineros belgas que huían de la invasión nazi.

La influencia que la Gestapo tuvo en Miranda fue muy importante. El campo fue dirigido durante un tiempo por Paul Winzer, un alto cargo nazi. Desde 1941 hasta 1943 la Gestapo interrogó a los prisioneros, organizó el centro e incluso decidían el destino de los presos. Algunos de ellos eran judíos que escapaban del Holocausto.

El lavadero de hormigón es uno de los restos relativamente bien conservados del campo.
Presos de más de 58 nacionalidades

Estuvieron recluidas personas pertenecientes a más de 58 naciones distintas. Al inicio de 1943 había más de 3.500 prisioneros extranjeros, aunque el cambio en la dirección del viento traído por la batalla de Stalingrado llevó a acelerar las liberaciones. En junio se repatriaba, tras un lustro de cautiverio, a los últimos 27 brigadistas internacionales.

Muertos «con el debido desprecio»

Hay constancia documental de la muerte entre sus alambradas de 143 prisioneros españoles y 14 internacionales, aunque las cifras reales se estiman muy superiores.​

Como en Auschwitz, los presos llegaban amontonados en vagones de ganado. En la imagen, acceso al campo de concentración.

Los gobiernos democráticos europeos emitieron protestas formales; ha quedado constancia de una de las respuestas de la Administración franquista, escrita a lápiz por un alto cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores español: «Archívese con el debido desprecio».

Últimos vestigios del horror

Sobre los terrenos del campo solo queda un viejo depósito de agua, algún muro, los restos del lavadero y una caseta de guardia, con una placa en recuerdo de los prisioneros. Entre 2005 y 2006 se consolidaron unas ruinas correspondientes al lavadero y al puesto de guardia.

Los presos aguardan en formación a que empiece el reparto del rancho.
Presos destacados

François Jacob, premio Nobel de Medicina.

Jacques L. Monod, premio Nobel de Medicina.

Georges Bidault, primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Francia.

Félix Gouin, presidente provisional del Gobierno francés.

Frantisek Fajtl, general de la aviación checoslovaca.

Philips Leclerc, general del Ejército francés.

Jean Lartéguy, escritor y corresponsal de guerra francés.

Hans Hartung, pintor francoalemán.

Centro de interpretación, centro de memoria

Hay que dar muy pocos pasos desde los restos del campo para llegar al Centro Cívico Raimundo Porres, que acoge una muestra permanente sobre el Campo de Concentración de Miranda.

Su objetivo es dar a conocer la historia del campo y servir de homenaje a aquellas personas que estuvieran presas.

La sala permanece rodeada por una alambrada que recuerda el perímetro que tuvo el campo. Exhibe documentos, objetos y archivos gráficos y sonoros relacionados con el campo.

Seis paneles hacen un recorrido por su historia, mientras una maqueta reproduce las instalaciones, que tuvieron una superficie de 42.000 metros cuadrados.

También se pueden contemplar tres reproducciones de las garitas de vigilancia y la recreación de uno de los barracones, con elementos de la vida cotidiana de los presos.

El arquitecto Jacobo Gasset compara la fotografía histórica con la ubicación actual del lavadero, el puesto de guardia, el depósito de agua y el resto de elementos que se han conservado.

 

Centro de Interpretación sobre el Campo de Concentración
Centro Cívico Raimundo Porres
Avenida República Argentina, 93

 

 

Miranda industrial, autrigona, ermitaña… y pop

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