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Las Treixas, el lujo de estar en la frontera

Las escapadas rurales siempre tienen algo de romántico ya sean en pareja, en familia o con amigos, vernos rodeados de paisaje natural deja en cualquier ocasión la posibilidad de mirar la grandiosidad del entorno durante unos segundos, o minutos, según sea de ruidosa nuestra compañía.

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Chelo Miñana

Cerca o lejos, este tipo de escapadas tienen un componente de viaje compartido como pocos, porque hay que coger el coche y porque seguramente nos despistaremos en alguna carretera secundaria por mucho gps y móvil que llevemos a mano, pero lo que seguro ya no llevamos es un plano en la guantera.

Los tiempos cambian, los viajes se viven de otra forma, preparamos y anticipamos, pero menos, jugamos al instantáneo en algunas actividades, en otras preferimos no jugar a la improvisación y el alojamiento suele ser una de ellas.

La elección del hotel es cosa seria, además de las clásicas, y siempre presentes, recomendaciones de amigos y familiares no podemos evitar abrir una pantalla para buscar imágenes, comentarios y opiniones de alojados y profesionales ¿qué buscamos? ¿un centro de operaciones para conocer el entorno? ¿un lugar de descanso? ¿un punto gastronómico? Dime que tipo de hotel buscas y te diré quien eres … por lo menos quien quieres ser en esa salida.

En esta ocasión buscamos el reflejo del agua, rodearnos de historia y sentir la quietud de un patrimonio rehabilitado que invita a la relajación, reservamos en el Hotel Las Treixas situado en Puebla de Sanabria, provincia de Zamora.

Elegir habitación es sencillo porque todas son Junior Suite, habitaciones amplias y decoradas con gusto, al igual que el conjunto del hotel, con colores que invitan a momentos de paz y armonía, una fusión perfecta entre el interiorismo, que nos aporta la comodidad a la que estamos acostumbrados, y la sólida estructura de un antiguo convento Cisterciense del siglo XIV, restaurado en el s. XVI.

Puebla de Sanabria, lo tiene todo, naturaleza, cultura, patrimonio y gastronomía, porque además de restaurantes podemos encontrar lugares cercanos para disfrutones como una fábrica de embutidos y jamones que seguro se convierte en la mejor tienda de souvenirs.

El agua siempre es un atractivo y aunque esta vez no hemos metido el bañador en la maleta nos dirigimos al lago de Sanabria … sí, hay playas en Sanabria. Y se puede conocer a fondo el lago disfrutando de un paseo en barco.

Descubrimos cuánta vida incendiaba el día a día de esta población rural cuyo emplazamiento junto a la frontera la convirtió en centro militar, eclesiástico y político: el Castillo de los Condes de Benavente, su Plaza Mayor con la Iglesia de Santa María del Azogue, la ermita de San Cayetano y la Casa Consistorial.

Hay que ampliar nuestro paseo para encontrar el Fuerte de San Carlos que se sitúa fuera de los muros que delimitan esta villa declarada bien de interés cultural en la categoría de conjunto histórico.

No podemos dejar de acercarnos al Centro del Lobo Ibérico con recuerdos a la figura de Félix Rodríguez de la Fuente, porque el toque de romanticismo también son los recuerdos y están en todas partes si nos escuchamos a nosotros mismos.

Y al llegar al hotel, nos espera un maravilloso spa que nos vuelve a sumergir en nuestros pensamientos y la serenidad que dan los restaurados muros de piedra que nos acogen para contarnos lo que allí se vivió, y para ayudarnos a construir nuestra propia historia.

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