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La Mojonera, una tradición ancestral que dice no a la guerra

En los tiempos que corren,  bien se podría aprender del significado de esta festividad de la Montaña Palentina

Dicen los expertos que las guerras del futuro serán por el agua. Una idea que ya ha sido trasladada a la gran pantalla en famosas sagas cinematográficas como Mad Max. Pero, hay dos pueblos en la Montaña Palentina, que pueden servir de ejemplo modélico para que nunca se llegue a este caso hipotético. Dos pueblos que, en 1575, tras décadas de confrontación, acordaron una explotación sensata y compartida del agua y de los pastos como fuente de riqueza.

Estas dos poblaciones palentinas eran Brañosera y el Valle de los Redondos, compuesta por los pueblos de San Juan y Santa María de Redondo. La solución de la controversia supuso el nacimiento de una tradición que desde 1575 y hasta nuestros días rememora y “verifica” el acuerdo con una fiesta conocida como La Mojonera, y que acaba de ser declarada Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial.

La resolución pacífica de los conflictos como bandera

El valor de esta celebración está, no tanto en lo llamativa que puede ser, sino en su significado y ejemplaridad. La Mojonera, como celebración de casi 450 años de antigüedad, nos recuerda que a pesar de que el mundo ha cambiado, los motivos de enfrentamiento entre pueblos siguen siendo los mismos, pero también las soluciones.

Un acuerdo pacífico que para los dos pueblos enfrentados no fue sencillo; más bien el conflicto entre el Valle de los Redondos y Brañosera se alargó durante siglos. Los dos concejos competían por la titularidad del glaciar del Sel de la Fuente, cuya agua se utilizaba para el regadío de los pastos. Esto desembocó en un primer pleito en 1399 que otorgaba a los vecinos del valle de los Redondos el uso de los pastos para sus animales durante el día, debiendo retirar sus animales a la puesta del sol.

Pero no fue suficiente, y después de sucesivos incumplimientos del acuerdo, en 1575 se vuelve a dictar sentencia y tiene lugar la resolución definitiva del conflicto. En ella se conminaba a los vecinos a “ser buenos amigos y hacer buenas obras, hasta aquí lo han hecho sus mayores y antepasados”.

Se trata de en un proceso muy bien documentado y que satisfizo a ambas partes, permitiendo el uso de los pastos a los dos pueblos. Su transcripción constituye un interesantísimo documento que pone en relieve la realidad social y económica en la Montaña Palentina del siglo XVI, así como sus derechos, costumbres y la dependencia a los recursos naturales para su supervivencia.

Vecinos brindando tras la marcha

Una oda a la buena relación entre vecinos

Generación tras generación se ha ido transmitiendo la trascendencia de este pacto con la fiesta de la Mojonera, que desde 1575 ha permanecido inalterada con el mismo escenario y los mismos elementos que la han definido desde su nacimiento.

La celebración, que tiene lugar cada nueve años en los primeros días del mes de septiembre, cuenta con dos fases e implica a los vecinos de los dos concejos. La primera consiste en una marcha hacia la Sel de la Fuente y un recorrido por los 28 mojones que delimitan los pastos según la resolución.

Con esta marcha se verifica mediante acta notarial la posición de estos 28 mojones que, durante transcurso del recorrido, van siendo limpiados de maleza e identificados. Esto culmina en la conocida como ‘escritura de recorrido de la Mojonera’, poniendo de manifiesto la voluntad de las dos comunidades de seguir resolviendo sus discrepancias de manera pacífica y consensuada.

Una vez firmada el acta de conformidad se celebra el acuerdo con una comida conmemorativa y un brindis muy particular realizado con unas copas de plata utilizadas en cada edición de la fiesta y con el mismo propósito: reforzar el carácter ceremonial de la celebración. Estas copas pertenecen a los ajuares de los concejos participantes y presentan un diseño diferente: las de los Redondos son copas más bajas, y las de Brañosera presentan una boca muy ancha, como copones litúrgicos medievales. Además, están hechas de modo que se pueda beber por los dos lados.

Así, y con el trascurso de los años, la Mojonera se ha convertido en una fiesta familiar en la que los vecinos llevan a sus hijos a participar activamente en el descubrimiento y verificación de la posición de los mojones uno a uno, en su ascenso al pago objeto de la controversia, el collado del Sel de la Fuente, garantizando de este modo la continuidad de la tradición.

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