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La riña mortal que cambió la vida de Cervantes en Valladolid

En junio de 1605, en la Pucela de la corte real, la muerte de don Gaspar de Ezpeleta, caballero de la Orden de Santiago, provocó que el autor del Quijote fuese detenido y acabase por abandonar la ciudad

Edu Mongil 

Las noches de verano muchas veces son moviditas, y la Valladolid de la corte real fue testigo de ello en junio de 1605. En el lustro en el que la ciudad pucelana ostentó de facto la capitalidad del imperio español vivieron en ella un montón de personajes ilustres, caballeros distinguidos y, obviamente, miembros de la realeza. Entre esas personalidades se encuentra el escritor Miguel de Cervantes, algo que es de sobra conocido, ya que en el lugar donde residió está instalada una casa-museo.

Antiguo cauce del Esgueva, con la zona del incidente al fondo

El literato, nacido en Alcalá de Henares, vivió tan solo dos años en Valladolid, pero la urbe castellana tuvo mucha influencia en su vida y obra, ya que, por ejemplo, una de sus novelas más conocidas, El coloquio de los perros, está ambientada en la ciudad.

Su morada vallisoletana estuvo situada junto al antiguo cauce del río Esgueva, en el Retiro de los Carneros, y con él convivirían su mujer, Catalina de Salazar; sus dos hermanas, Andrea y Magdalena; la hija de Andrea, Constanza; su hija Isabel, y una joven criada llamada María de Ceballos.

Que conozcamos exactamente el lugar que habitó Cervantes se debe en gran medida a un controvertido suceso ocurrido en una de esas moviditas noches de verano, concretamente la del 27 de aquel lejano junio de 1605. Un caballero navarro de la Orden de Santiago llamado Gaspar de Ezpeleta caminaba por la zona de la actual calle Miguel Íscar cuando tuvo un encontronazo con un desconocido. La riña desembocaría en una lucha de espadas que acabó con el militar herido de muerte y con su agresor huyendo hacia el Campo Grande.

Fachada de la Casa Cervantes

Las autoridades realizaron las pesquisas pertinentes -o casi- para esclarecer los hechos, y en el proceso tuvieron que testificar los vecinos que vivían más cerca de la zona del crimen… entre los que se encontraban Miguel de Cervantes y sus acompañantes.

Jamás se consiguió dar con la identidad del asesino

A pesar de que se llevó a cabo la investigación, jamás se consiguió dar con la identidad del autor del asesinato del militar navarro, lo que puso en problemas serios a Cervantes. Los hechos probados que se deducen de los papeles que se conservan determinan que Gaspar de Ezpeleta había ido a cenar con su favorecedor, el marqués de Falces, para después, sobre las 10 de la noche, ir a dar una vuelta hacia la zona de los hechos, que en la época estaba a las afueras de la ciudad. El caballero tenía fama de seductor, por lo que se rumorea que habría ido a visitar alguna amante casada. Al pararse a escuchar a unos músicos, su verdugo le abordó, invitándole a marcharse, ante lo que Ezpeleta se negó, lo que propició una discusión que desembocó en la fatal trifulca.

Interior de la Casa Cervantes

Tendido en el suelo y con abundante sangre, el caballero pidió ayuda a gritos, una llamada a la que acudió primero el clérigo Garibay, que, al ver la gravedad de la escena, llamó después a su vecino Cervantes. Entre los dos consiguieron llevar al caballero herido a la vivienda del escritor hasta que pudiera llegar algún facultativo.

Allí apareció nada menos que un barbero cirujano que solo pudo determinar la imposibilidad de salvar la vida de Ezpeleta, quien moriría dos días después.

Durante la agonía del caballero, el juez de Valladolid, don Cristóbal de Villarroel, se personó en la Casa Cervantes para comandar la instrucción de los hechos y recabar los primeros testimonios. El moribundo Ezpeleta no quiso aclarar la identidad de su oponente y se limitó a decir que todo el incidente vino por una discusión. Por su parte, las declaraciones de los testigos, lejos de aportar luz, enredaron aún más un caso ya de por sí escabroso. Entre dimes y diretes, cotilleos varios, acusaciones de adulterios y promiscuidad, y líos vecinales, Villarroel decidió declarar sospechosos a todos los vecinos y detenerlos hasta nueva orden.

Esto significaba que Miguel de Cervantes era imputado como presunto autor de un asesinato, una mancha tremenda a su reputación en un momento personal y profesional muy importante, debido a que acababa de publicar la primera parte de su novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Casi nada.

Suspicacias con el juez

Esta maniobra del juez levantó muchas suspicacias, ya que se comenta que uno de sus ayudantes podría haber sido el autor del espadazo mortal de don Gaspar. La detención de Cervantes y sus vecinos habría sido una cortina de humo para desviar la investigación y que el caso se centrase en la polémica con el escritor, y no en la vinculación de algún miembro de su equipo.

48 horas más tarde, Villarroel puso en libertad condicional a los detenidos, a pesar de que las diferentes declaraciones les iban exculpando. El 5 de julio, Miguel de Cervantes solicitó que retirasen la ropa de Gaspar de Ezpeleta de su casa, ya que estaba manchada de sangre y en estado de descomposición. Pero no sería hasta el 18 de julio cuando los sospechosos dejarían por fin de serlo.

El período de capitalidad vallisoletana terminó en marzo de 1606, cuando el rey Felipe III decidió que la corte regresara a Madrid para permanecer allí hasta nuestros días. Coincidiendo en el tiempo, Miguel de Cervantes también se marchó de la ciudad del Pisuerga y del Esgueva, y, según lo que se comenta, el caso Ezpeleta pudo tener bastante que ver en su decisión. El escritor, herido en su orgullo por el trato recibido y la difamación sufrida al ser detenido, decidió alejarse de un vecindario que también acusaba a sus acompañantes, las “cervantinas”, de llevar una “mala vida”.

Miguel de Cervantes no fue la única persona que puso pies en polvorosa. Después del traslado de la realeza y su comitiva, Valladolid vivió un momento crítico, ya que su población bajaría de 70.000 habitantes hasta 18.000 en menos de cuatro décadas. No sería hasta 1900, tras la llegada del ferrocarril, cuando la ciudad volvería a recuperar su población.

Los papeles del expediente y casi todas las investigaciones sobre el caso de la muerte de Gaspar Ezpeleta se pueden consultar en la compilación ‘Proceso Ezpeleta’, un libro editado por la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua en el que la labor de transcripción al castellano actual la efectuó el filólogo Martín Aires.

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