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¡La presa se ha roto! La tragedia de Ribadelago 1959

El día que el embalse de Vega de Tera reventó y arrasó Ribadelago supuso un antes y un después en la historia del municipio sanabrés, hasta entonces ignorado

Por Elena Ortega

La madrugada del 9 de enero de 1959 ocho millones de metros cúbicos de agua se abalanzaron sobre Ribadelago, un pueblo zamorano muy próximo al lago de Sanabria que se convirtió en ruinas cuando la presa del embalse de Vega de Tera reventó y se llevó por delante las vidas de 144 de sus vecinos.

La historia recuerda a la leyenda del lago de Sanabria, del que se dice que existe un pueblo hundido en el fondo llamado Valverde de Lucerna. La historia cuenta que un peregrino llegó a la aldea pidiendo limosna y únicamente consiguió el cobijo y alimento de unas panaderas. Ante la situación, el peregrino les reveló que era Jesucristo y que debían huir, ya que iba a castigar al pueblo con una enorme riada ante su falta de caridad. De este modo, Valverde de Lucerna desaparecería en las profundidades de lo que se convertiría en el lago de Sanabria, algo similar a lo que ocurrió en Ribadelago aquel fatídico 9 de enero de 1959.

La historia de Ribadelago es la historia de un pueblo ignorado y despreciado durante siglos. Una localidad cuyos vecinos, a ojos del resto del mundo, solo servían como peones de guerra y mano de obra barata. Campesinos que suponían más problemas que beneficios, quienes no tenían permitido ni siquiera pescar en los lagos próximos.

Ribadelago estaba muerto mucho antes de que la presa cediese, y así lo reflejó Miguel de Unamuno en algunos de los versos del prólogo de su novela inspirada en la legendaria Valverde de Lucerna, San Manuel Bueno, Mártir, palabras escritas casi treinta años antes de la tragedia: “Servir de pasto a las truchas es, aun muerto, amargo trago; se muere Riba del Lago, orilla de nuestras luchas”.

La presa de Vega de Tera incumplía todas y cada una de las medidas de seguridad y calidad que debe tener una construcción de ese calibre. Por una parte, se construyó con piedras de mala calidad, con una combinación de hormigón y mampostería de la que rápido se crearon fugas que inútilmente trataron de tapar con parches de cemento. Se priorizó lo económico a la calidad, y la avaricia pasó su factura.
Tras la tragedia todo fue en contra de los vecinos. La hidroeléctrica Moncabril, responsable de la presa, no quería pagar indemnizaciones, por lo que ofreció a los supervivientes tratos a la baja. Muchos acabaron aceptando ante las amenazas y las presiones, y muy pocos consiguieron beneficiarse de una indemnización real.

Por otro lado, Franco mandó construir un nuevo pueblo sin tener en cuenta las demandas de los vecinos. Se llamó Ribadelago de Franco, nombre con el que se quedó hasta 2018 a pesar de que nunca lo llegó a visitar. Se aprovecharon los modelos de pueblo utilizados en Andalucía y Extremadura, nada adaptados a las características de la alta montaña. De este modo se sustituyó la piedra, la pizarra y la madera por yeso, frío y goteras. Se asignó a los vecinos de Ribadelago un pueblo peor en todos los sentidos y del que, para colmo, tuvieron que comprar las casas con el dinero de las indemnizaciones.

Ahora, Ribadelago viejo, adjetivo que se le añadió al nombre tras la catástrofe y posterior construcción de su nueva versión, no está abandonado, sino que cuenta con 30 vecinos. De este modo, Ribadelago se ha convertido en un atractivo turístico para los curiosos que quieren ver en primera persona las ruinas restantes de la segunda mayor tragedia en España por la rotura de un embalse, aunque del Ribadelago de 1959 únicamente se conservan algunas casas en ruinas, el campanario de la iglesia y el recuerdo en forma de un monumento de homenaje a las víctimas.

Ruta a Ribadelago Viejo

En el Parque Natural del Lago de Sanabria hay muchos parajes infinitamente interesantes que visitar, y para ello hay múltiples rutas de senderismo. Una de las más destacadas es la que, desde Ribadelago, atraviesa el valle hasta llegar al embalse de Vega de Tera, donde está la presa rota.

Esta ruta sale del mismo pueblo de Ribadelago viejo, y a través de un rocoso camino avanza cañón arriba hacia la presa. Ida y vuelta, llega a alcanzar un desnivel acumulado de casi 1000 metros y una distancia de 22 kilómetros, por lo que no es una ruta apta para todos los públicos, sino que requiere de algo de preparación y forma física, aunque su encanto hace que merezca la pena el esfuerzo. De todos modos, siempre existe la posibilidad de realizar solo parte del itinerario hasta alguno de los puntos de interés.

La ruta avanza de este modo baliza tras baliza a través del cañón del río Tera y atraviesa lugares de una belleza inmensurable, como la de la poza de las ninfas, que no llama la atención por su grandiosidad, sino por su esencia encantadora que recuerda a un cuento de hadas.

Otro buen ejemplo es el lago de Cueva de San Martín. De origen glaciar, al igual que el de Sanabria, es una agradable sorpresa a la que se llega tras cinco duros kilómetros de ascenso y en la que, si se pretende avanzar hasta la presa, merece la pena realizar una parada de avituallamiento para apreciar por completo su majestuosidad.

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