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Así se convierte una iglesia en una ruina en 75 años

 

Ruinosa pero bella, la iglesia de San Juan Bautista de Tamariz de Campos es uno de los mejores ejemplos de un expolio y abandono que sigue arrastrando hasta nuestro días

Daniel González // Tamariz de Campos

Si te gustan las ruinas Tierra de Campos será tu destino favorito. Palomares, viviendas, iglesias, monasterios y hasta pueblos enteros completamente abandonados se extienden a lo largo y ancho de su geografía que abarca 4 provincias de Castilla y León: Palencia, León, Valladolid y Zamora. Un atractivo para muchos que, en realidad, es el resultado de un declive poblacional y económico de una comarca antaño próspera y llena de vida.

Si nos centramos en las iglesias, ejemplos hay casi tantos como pueblos tiene Tierra de Campos, y no son pocos pueblos. Algunas en peor estado, de las que apenas quedan casi nada, y otras de las que todavía hay algo que salvar y que no cuesta imaginarse como eran antes. La iglesia de San Juan Bautista de Tamariz de Campos se encuentra a medio camino entre estos dos estados, pues todavía quedan restos de su torre, unos muros de ladrillo y la portada renacentista que servía de entrada. Pero, sin duda, es muchos más lo que se ha perdido que lo queda.

Estado de la iglesia y su torre antes del derrumbe de 1995. Foto sacada de la web www.tamariz.es

Tamariz de Campos se encuentra a pocos kilómetros de Medina de Rioseco, dentro de la provincia de Valladolid, y cuenta con menos de 70 habitantes. La iglesia de San Juan Bautista, del siglo XVI, era el segundo templo dentro del casco urbano, junto con la otra iglesia, la de San Pedro, en origen románica y que sí se conserva íntegra y abierta al culto.

Una iglesia convertida en donante de órganos   

Fue a finales de los años 1940, en pleno éxodo rural, cuando se decidió desmantelar la iglesia de San Juan. Esta por lo visto arrastraba problemas de cimentación y apenas se usaba entonces, solo abierta para actos litúrgicos en determinadas ocasiones, según se afirma en la web consultada www.tamariz.es.

Así fue, como si de un donante de órganos se tratara, como la iglesia se fue despiezando y deshaciendo con los años hasta convertirla en la ruina que es hoy. Muchas de sus obras de arte acabaron vendiéndose a diferentes ubicaciones del norte de España.

El caso más sonado fue el de su retablo principal. Este acabó presidiendo el altar mayor de la Catedral de Santander, aunque no íntegro, pues fue cortado, dorado y adaptado a la devoción del templo, la Asunción, por lo que se cambiaron las imágenes de San Juan Bautista, San Zacarías, Santa Isabel, San Joaquín y Santa Ana. De dichas imágenes no se ha vuelto a saber nada y se desconoce su ubicación actual según la página web tamariz.es.

La iglesia también contaba con una cubierta de madera, un órgano, una pila bautismal que, junto con otros elementos constructivos del templo, fueron vendidos o reutilizados en edificaciones del pueblo. El remate final a su dramática historia aconteció en otoño de 1995, cuando su sólida y agrietada torre de piedra, se derrumbó parcialmente, dejando el aspecto que ahora podemos ver.

Viendo su situación actual, con unas alarmantes grietas en lo que queda del campanario no es de extrañar que cualquier día nos levantemos con la mala noticia de otro derrumbe. Lo más curioso, y por sacar un lado positivo entre tanto expolio y abandono, es que la ruina es bella. No una belleza lustrosa, sino más bien romántica, decadente, algo onírica, pero bella al fin y al cabo.

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