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Las misteriosas aguas de Gayangos, un castigo divino por maldecir a la Virgen

También conocidas como las lagunas de Antuzanos, conforman uno de los humedales más interesantes de la provincia. Las leyendas les atribuyen una energía sobrenatural y explican su formación a partir de un castigo divino por maldecir a la Virgen

Para el viajero inadvertido pasan desapercibidas en la mayoría de las ocasiones, a pesar de su cercanía. La carretera C-629 asciende el alto de Bocos, en el norte de Burgos. Son cinco kilómetros y medio de pronunciada pendiente, y acusadas curvas, los que conectan la localidad que le da nombre con la vecina Gayangos, en la merindad de Montija. Apenas durante un momento del recorrido, volviendo la vista al Este cuando enfilamos la última bajada para entrar en el pueblo -yendo desde Villarcayo-, se vislumbran algunas de las lagunas de Antuzanos, también conocidas como de Gayangos. Se trata de una de las zonas húmedas más importantes de la provincia burgalesa, tanto por su interés medioambiental como por los valores paisajísticos.

Basta con detener el coche en el aparcadero, al lado de la carretera, remontar caminando la pequeña loma, y en apenas tres minutos se despliega ante el observador un paisaje que lamentaría haber perdido a cambio de tan poco esfuerzo. Un poco más adelante, siguiendo la senda, se encuentra un mirador equipado con mesas y asientos. Desde este lugar es posible contemplar el conjunto lagunar, formado por profundas depresiones del terreno que han hecho posible que los lagos sean profundos. La existencia de bolsas freáticas superficiales de origen kárstico en la zona favorece que apenas registren oscilaciones de nivel en las aguas a lo largo del año, con independencia de que se produzcan más o menos precipitaciones.

La leyenda, por su parte, atribuye el origen de las lagunas en un antiguo pueblo, Antuzanos, que fue destruido con una inundación como castigo divino por maldecir a la Virgen. También se dice que el emperador romano Galba -desde Clunia- dio órdenes para averiguar el emplazamiento exacto de las lagunas, ya que se suponía que un rayo había dotado de una energía sobrenatural a estas aguas. Casi como si se tratara de las aguas del río Estigia, que según la mitología griega transmitían la inmortalidad.

Sí está documentada la existencia, en la Edad Media, del monasterio de Santa María de Antuzanos, tal y como lo recoge un documento de adhesión a San Millán de la Cogolla. Destruido a mediados del XIX, hoy no quedan restos. A la entrada del pueblo podemos ver las ruinas del balneario, en el que en otros tiempos era posible tomar baños del agua salutífera de Fuente Santa.

Un artículo del Boletín de la Real Academia de la Historia refiere en 1887 la existencia de “cinco pozos o lagos de los que uno mide 400 áreas aproximadamente, y tiene unos cinco metros de profundidad. Sus aguas con claras y transparentes, sin que aumenten ni disminuyan en invierno ni en verano. No tienen comunicación con río alguno, viéndose en ellos abundantes anguilas, sangujas, y barbos de dimensiones extraordinarias. Antiguamente hubo una pequeña barca para recreo de los bañistas, pero hubo de sumergirse por las desgracias que ocasionaba a jóvenes inexpertos”. Investigaciones más recientes han constatado aportaciones desde los lagos a los ríos Nela y Trueba.

Diversidad de especies

En un entorno cerealista, con algunas fincas de pasto y rodeadas por colinas en las que predominan robles y encinas, las lagunas constituyen el refugio ideal para muchas aves. La exuberante vegetación palustre distribuida en orlas concéntricas da refugio entre juncos y carrizos a la focha, rascón europeo, gallineta, zampullín común y cuellinegro, pato cuchara, y al ánade azulón. El verano es tiempo del milano negro, carricero tordal y de la tarabilla norteña, mientras en invierno abundan los cormoranes grandes, las cercetas comunes y los porrones, entre otras aves. El ánsar común, cerceta carretona, pato colorado, fumarel cariblanco, agachadiza común, carricerín cejudo y el carricerín común son algunos de los que no suelen fallar durante periodos concretos de tiempo en Gayangos.

Es habitual observar la silueta de los buitres leonados que se desplazan desde sus posaderos en los cercanos cortados calizos, y de distintas rapaces. En las aguas nadan diversas especies de peces –algunas introducidas- como black bass, carpas y barbos, que sirven de alimento junto a algunos invertebrados a las aves que residen en este entorno de manera permanente o temporal. Las lagunas están incluidas en el Catálogo Regional de Zonas Húmedas, con acceso restringido a 50 metros alrededor de los lagos.

El complejo lagunar está ubicado, además, a medio camino entre las ciudades de Burgos y Bilbao. A escasa distancia de localidades como Medina de Pomar, Espinosa de los Monteros y Villarcayo. Desde ahí quedan muy cerca espacios de alto interés patrimonial y medioambiental como el Valle de Mena, los valles pasiegos, los cañones del Ebro, Puentedey, y otros muchos lugares. La zona cuenta con una amplia oferta de plazas de alojamiento y una gastronomía variada y muy rica, que las influencias cántabras y vascas enriquecen.

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