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¿Quién tiene las llaves del arte rural?

Castilla y León es un gigantesco museo de arte e historia. Pero hay un problema, y es que muchas de las salas de su excepcional exposición están casi siempre cerradas

Daniel González

Una puerta cerrada, esa muralla infranqueable que impide tener una imagen completa del enorme legado artístico de Castilla y León, se ha convertido en el enemigo número uno de los viajeros inconformistas. Porque a la hora de hacer turismo rural, hay quien se deja llevar por marcas reconocidas como ‘Los pueblos más bonitos de España’, o quien decide elegir por sí mismo qué es lo más “bonito”.

El inconveniente de esta independencia de pensamiento es que conlleva más esfuerzo y, sobre todo, más paciencia. Digamos que esto funciona como una ecuación matemática, en la que cuanto más desconocido y despoblado sea tu destino, más difícil será el acceso a todas las maravillas que esconde. Claro, que cuanto más oculto esté, más son las ganas de descubrirlo y mayor será la sorpresa. Así funcionamos.

Iglesia Mozárabe de Peñalba de Santiago

Un legado muy pesado

Plantear cuáles son los problemas en la accesibilidad al arte rural en la actualidad es una materia ardua en la que se combinan numerosos factores. Desde luego, el más determinante es el demográfico. Castilla y León cuenta con 2.248 municipios, algunos compuestos por varias localidades, pedanías o despoblados, y cada uno con una o más iglesias, ermitas o palacios. Un ingente legado fruto de la rica historia que acopia la región.

Esto no sería un problema, si no fuera porque esa prosperidad que dio origen a tanto arte en el pasado choca con un presente donde una población envejecida, especialmente en el medio rural, tiene que cargar con todo ello. Un escenario aciago que compromete la conservación y seguridad de todo ese patrimonio heredado y su posterior apertura para poder ser visitado y valorado.

Una puerta cerrada que no es porque sí. El hecho de que haya habido tan pocos guardianes de este arte, y que muchos de ellos ni siquiera lo valoren, ha provocado a lo largo del último siglo consecutivos robos y expolios, algunos tan trágicos que han originado un vacío imborrable en nuestra memoria. Lo que a su vez ha hecho aumentar la desconfianza en el forastero.

“No hay un procedimiento concreto”

Sin embargo, hay quienes pese a esta dificultad en el acceso no se dejan vencer. José Daniel Navarro, alias @correuret en Instagram, la red social donde vuelca todos sus descubrimientos artísticos, es uno de estos peces que nadan a contracorriente. Él y su pareja llevan años recorriendo los pueblos de toda la región y se han encontrado de todo. “Generalmente las mayores dificultades se producen con iglesias. En varias ocasiones hemos podido visitarlas al preguntar en la tienda o el bar del pueblo, donde te ponen en contacto con la persona encargada de las llaves”, señala.

Iglesia de Macotera y su artesonado, uno de los descubrimientos de José Daniel Navarro

Un ejemplo que, para José Daniel, pone en relieve la complicada situación en la accesibilidad al arte rural. “Normalmente se hace necesario investigar por Internet o llamar al Ayuntamiento correspondiente para concertar visita. En el caso de las iglesias lo más efectivo es acudir en horario litúrgico, ya que no suele estar contemplada la visita turística. No hay un procedimiento concreto, lo cual dificulta bastante el que la intención de ver un bien determinado llegue finalmente a materializarse”, expone.

Vecinos (y perros) convertidos en guías turísticos

Otro de estos buscatesoros rurales es la cuenta ‘Los Viajes de Tomasa’, una pareja de viajeros inconformistas que, como José Daniel, también difunden a través de redes sociales el patrimonio rural. Su experiencia moviéndose por toda la región los lleva a dividir los pueblos en dos tipos según la accesibilidad a sus monumentos. Están aquellos que “pueden permitirse explotarlos turísticamente, y los que no”.

Del segundo tipo son los pueblos más pequeños, con una población “más envejecida” y que no pueden hacerse cargo de abrir sus monumentos, “ni de remunerar a alguien para que lo haga”, señalan. Por eso, muchas veces, se han encontrado con que quienes abren la iglesia y explican su historia son los propios vecinos que, de forma desinteresada y con poco conocimiento experto, comparten esa historia que “no sale escrita en ningún libro ni en ninguna web, sino que ha sido su vivencia o la de sus antepasados”.

Eso si tienen suerte, pues no es extraño que ni siquiera encuentren a nadie por el pueblo. “Es algo cada vez más habitual”, lamentan. También se les ha dado el caso de toparse con alguien, pero no puede abrirla, o porque no tiene la llave o porque es una persona muy mayor.

El perro guía ‘Vicente’.

Una de las anécdotas más curiosas que han vivido fue en una de esas ocasiones en las calles estaban desangeladas; salvo por un perro. “Nos acercamos a acariciarle, lo estaba pidiendo a gritos, y quizá por el instinto de haber estado con muchos turistas, nos indicó y acompañó durante todo el recorrido”, relatan. Fue en Caracena, Soria, y si algún día vuelven les gustaría volver a ver a ‘Vicente’, como bautizaron al animal. “Sin duda fue un guía muy especial”.

Los adalides del turismo rural

Ya sean perros guía, a veces gatos, o vecinos que señalan con su bastón, todas estas vivencias de quienes viajan por los pueblos ponen en relieve un problema del que debería buscarse una solución.

En los últimos años han ido surgiendo proyectos, cada una con su particularidad, que se han convertido en embajadores de una nueva forma de hacer turismo rural. Algunos tan consolidados como Campos del Renacimiento, que hizo suya la frase “la unión hace la fuerza” y fusionó en una misma ruta todo el catálogo artístico renacentista “de incalculable valor” de los museos parroquiales de Becerril de Campos, Paredes de Nava, Cisneros y Fuentes de Nava. El proyecto ya acumula 25.000 visitas desde su inauguración en junio de 2021.

Paulino, uno de los voluntarios en ¿Te enseño mi pueblo? en Gumiel de Mercado

Otra iniciativa que ha surgido recientemente en la Ribera del Duero burgalesa se llama “¿Te enseño mi pueblo?”. Se trata de un modelo de visita guiada en la que son los propios vecinos quienes te enseñan su localidad. Es gratuita y muy recomendable si quieres averiguar las historias que se esconden detrás de cada rincón y que, en una visita normal, pasan inadvertidas. Digamos que es una especie de free tour urbano, pero con acento rural.

Y no podemos acabar este apartado sin mencionar al otro de los grandes líderes en la innovación del turismo: “Museos Vivos”. Al igual que el anterior, este proyecto salió adelante gracias a 17 grupos de desarrollo rural ubicados en Castilla y León, que hasta la fecha han conseguido abrir un total de 77 museos y monumentos los 365 días del año durante 24 horas al día.

Artesonado en la iglesia de Santa María de Fuentes de Nava, dentro de la ruta de Campos del Renacimiento

Lo consiguen gracias a una tecnología Smart que permite visitar estos espacios con solo una reserva en su página web. Una vez rellenado con tus datos un formulario, recibes en el correo electrónico un código de acceso que se utiliza para abrir las puertas, encendiéndose de forma automática las luces del interior y cualquier otro elemento audiovisual que ayude a completar la visita sin necesidad de un guía.

Como estas ideas hay otras muchas que tratan de aprovechar el gran potencial turístico de los pueblos de la región como forma de combatir los efectos de la despoblación.

El papel de los propietarios de los monumentos rurales

Y llegados a este punto cabe señalar a quienes deberían encabezar este cambio. La Iglesia, como propietaria de la mayor parte de estos bienes, o las instituciones públicas, como ente inversor e impulsor, tienen un papel fundamental.

Una de las iniciativas más exitosas promovidas por la Junta de Castilla y León, en colaboración con las Diócesis, es el Programa de Apertura de Monumentos. Se desarrolla en Semana Santa y en varias semanas de verano y consiste en la apertura excepcional de iglesias, ermitas o monasterios cuyo acceso en época no vacacional es complicado.

Retablo en la iglesia de San Pelayo de Olivares de Duero, incluida en el Programa de Apertura de monumentos.

Este programa podría servir como modelo para la puesta en valor del arte rural si se ampliase su calendario y se le diese más difusión. El problema es que hasta ahora se basa en el apoyo de voluntarios, que no son otros que vecinos de los propios pueblos que se convierten en tenedores de las llaves, guardas, y muchas veces guías, de estos monumentos. Todo, sin recibir nada a cambio.

Sin duda, hay mucho trabajo por hacer en esta materia. Cambiar la forma de hacer turismo es un primer paso, pues a mayor interés por ese patrimonio rural más probable es que se invierta en él y en su apertura. El siguiente paso es tomar la iniciativa, tanto pública como privada, o las dos dadas de la mano. Pues si algo no funciona, lo mejor que se puede hacer es trabajar para remediarlo. Nunca conformarse.

Estos son los 356 monumentos que abrirán sus puertas en Semana Santa

 

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