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Cuando España se adelantó cuatro siglos a los derechos humanos

 

El Colegio de San Gregorio acogió la Controversia de Valladolid, un debate sobre la dignidad de las poblaciones indígenas que demostró una sensibilidad sin parangón en la historia del colonialismo

Ricardo Ortega // Historia de España

Se convocó en 1550 bajo el nombre de Junta de Valladolid, aunque el debate allí planteado ha pasado la historia como la Controversia de Valladolid, que enfrentaba dos formas antagónicas de concebir la conquista del Nuevo Mundo: la defendida por Bartolomé de las Casas, hoy recordado como pionero en la lucha por los derechos humanos, y la sostenida por Juan Ginés de Sepúlveda, que defendía el derecho de los españoles a conquistar y someter a los indígenas.

Conviene delimitar el objeto del debate, puesto que han sido muchas las ideas equivocadas que han quedado en la conciencia popular en relación con este capítulo crucial del Derecho español: Sepúlveda no defendía la posibilidad de convertir en esclavos a los indígenas, algo que impedía la ley en aquel momento; en la bula ‘Sublimis Deus’, el papa Paulo III subrayaba la capacidad de los indios para tener libertad y propiedad, así como el “derecho” a abrazar el cristianismo, que se les debía predicar de forma pacífica.

Retratos de fray Bartolomé de las Casas (izquierda) y Juan Ginés de Sepúlveda (derecha).

Un debate inaudito

El propósito de Juan Ginés de Sepúlveda era justificar la conquista de nuevos territorios y el sometimiento de aquellos pueblos por parte de la Corona. Un objetivo bastante bárbaro si lo contemplamos con los ojos del siglo XXI, pero antes cabe hacer una consideración: ninguna otra potencia europea, y no digamos los EEUU de los siglos XVIII y XIX, planteó jamás un debate similar, con implicaciones morales, religiosas y jurídicas, al que tuvo lugar en el vallisoletano Colegio de San Gregorio.

Se pusieron sobre la mesa los ‘derechos naturales’ de los habitantes del Nuevo Mundo, cuáles podían ser las ‘justas causas’ para hacer la guerra a los indios y cuál podía ser la legitimidad de la conquista.

Era una polémica inserta en otra mucho más amplia, entre los partidarios de la libertad de los indios y quienes respaldaban el dominio, el empleo de la fuerza contra los indígenas. En definitiva, en Valladolid se discutió sobre la dignidad humana.

Ninguna otra potencia europea planteó jamás un debate similar

Sepúlveda estaba a favor de la “guerra justa” contra los indios por sus «pecados» y su idolatría. También defendió su inferioridad, que obligaba a los españoles a ‘tutelarlos’.

Ejecución de indígenas en el Nuevo Mundo.

Correspondió a Bartolomé de las Casas el esfuerzo de demostrar que los americanos eran seres humanos iguales a los europeos. Demostró la racionalidad de los indios a través de su civilización: la arquitectura de los aztecas sirvió para rebatir algunos de los argumentos de Sepúlveda.

Tampoco encontró en las costumbres de los indígenas mayor crueldad que la que pudiera encontrarse en las civilizaciones del Viejo Mundo, o incluso en España: “Nosotros mismos, en nuestros antecesores, fuimos muy peores, así en la irracionalidad y confusa policía como en vicios y costumbres brutales por toda la redondez desta nuestra España”. El lector tampoco puede perder de vista que, ocho años después, ardía en la plaza pública el doctor Cazalla, acusado de herejía.

No hubo sentencia ni resolución final tras este debate, pero sirvió para actualizar las Leyes de Indias y crear la figura del ‘Protector de indios’.

Luces y sombras después de la controversia

Dicen los historiadores que, tras la Junta de Valladolid, las conquistas se frenaron y pasaron a regularse. De este modo, en teoría solo a los religiosos les estaba permitido avanzar en territorios vírgenes. Las ordenanzas de Felipe II (1573) llegaron a prohibir nuevas conquistas.

Pero la dicha nunca es completa. En numerosas ocasiones, las nuevas Leyes de Indias quedaron en papel mojado, y el propio Bartolomé de las Casas adoptó alguna postura que sin duda nos hará arquear las cejas: le parecía una buena idea la importación de esclavos procedentes de África, más inclinados al trabajo que los indios.

En su visión, las personas de raza negra eran equiparables a los árabes o ‘moros’, y por tanto eran infieles: susceptibles de ser esclavizados.

El propósito de Juan Ginés de Sepúlveda era justificar la conquista de nuevos territorios

Si deseamos quedarnos con buen sabor de boca, retengamos las palabras del hispanista John Elliott, que destacaba el esfuerzo realizado para garantizar los derechos de la población indígena: “Tanto la discusión de Valladolid como la legislación que le siguió constituyen un testimonio del compromiso por garantizar la ‘justicia’ para sus súbditos indígenas, un empeño para el que no es fácil encontrar paralelos por su constancia y vigor en la historia de otros imperios coloniales”.

 

La hectárea en la que cabe un imperio

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