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Un pavimento con huesos en pleno centro de Valladolid

El singular pavimento de la planta baja del claustro de Las Francesas de Valladolid es una de las joyas más desconocidas de la ciudad

Daniel González

Seguro que te pasado alguna vez que vienen amigos o familiares de fuera a hacerte una visita, y ya de paso les enseñas tu pueblo o ciudad. Les haces una ruta y buscas los lugares que más les puedan gustar, y, de repente, descubres un rincón que ni siquiera tú conocías o por el que hacía tiempo que no pasabas.

Esto es más común de lo que se pueda pensar, y más en ciudades grandes con una notable historia. Un ejemplo lo tenemos en Valladolid, donde hay rincones escondidos que ni los propios vallisoletanos conocen bien. Uno de estos esquivos lugares lo tenemos en pleno centro de ciudad, pero encorsetado y descontextualizado dentro de un centro comercial moderno. Hablamos del claustro de Las Francesas, situado entre las calles de Santiago y María de Molina.

Y es que es difícil encontrarse con este bello espacio gótico-renacentista por accidente. Para llegar a él deberás entrar en el susodicho centro comercial y ser muy observador, pues no se muestra a primera vista. Y te preguntarás, ¿cómo llegó a esta situación y qué había antes del centro comercial?

El antiguo convento de las Comendadoras de la Santa Cruz

Este claustro de tres pisos y planta cuadrada perteneció a un antiguo convento vallisoletano, fundado en 1487 bajo la advocación de Santa Cruz. Renovado y ampliado en los siglos posteriores, el convento funcionó como tal hasta la Desamortización. Después fue concedido a la comunidad de las Dominicas Francesas, que lo mantuvieron como colegio hasta bien entrado el siglo XX.

Más tarde se empezaron a construir viviendas de gran altura y el centro comercial, lo que despedazó todas sus dependencias. Del primitivo convento se ha conservado el claustro mencionado, la iglesia, utilizada en la actualidad como sala de exposiciones, así como la portada que da a la calle Santiago.

Portada de la iglesia. Foto de Valladolid Turismo

Un claro ejemplo de la voraz urbanización de mediados del siglo XX, especialmente en los años 60, que milagrosamente nos ha dejado algún cachito del que podemos disfrutar en nuestros días. No obstante, cabe decir que en el caso del claustro, tuvo que pasar por numerosas penurias y trámites burocráticos para lucir sus bondades. Porque vaya si las tiene.

El curioso suelo de la planta baja

Un vistazo rápido al claustro ya enamora, pero, como suele pasar con muchos monumentos, la belleza o lo que lo hace especial se encuentra en el detalle. En el caso del claustro de Las Francesas, la sorpresa la hallarás en el singular pavimento de la galería inferior llamado Patio de las Tabas.

Detalle del pavimento

Este está compuesto por un empedrado de guijarros seleccionados y multitud de huesos, concretamente tabas, de ahí su nombre. Su dibujo puede recordar en cierto modo al conseguido con las teselas de los mosaicos romanos, aunque este caso las figuras geométricas en forma de espigas se consiguen gracias a la aportación cromática de miles de tabas, que con su tono blanquecino forman las líneas maestras del dibujo.

Una rara reliquia, que por desgracia ha estado muy mal atendida en estas últimas décadas, llegando a presentar algunas calvas tapadas con cartones.

Un complejo laberinto burocrático para su restauración

En diciembre de 2022 comenzaron, por fin, las labores de restauración del Patio de las Tabas. Cuatro técnicos especializados en recuperación del patrimonio y contratados por la Junta de Castilla y León por 60.000 euros, llegaron para pasar por quirófano este tesoro. Pero llegar hasta este punto fue todo un tormento. Antes tuvo que atravesar por numerosos litigios y desavenencias entre propietarios y Ayuntamiento de Valladolid.

En el año 2013 el claustro presentaba un aspecto de total abandono, incluido su patio al aire libre que pertenecía a un particular. El Ayuntamiento expropió este patio en 2017, al igual que adquirió antes la primera planta del claustro y la iglesia para uso cultural. Pero no el Patio de las Tabas, que pertenece a una comunidad de vecinos.

A esta misma comunidad es a la que correspondía, según una sentencia de 2020, su conservación. Finalmente, tras 3 años de bloqueo, Patrimonio (la Junta) asumió la restauración que se está acometiendo ahora mismo.

Sin duda, toda una larga lista de obstáculos que, ahora conocidos, hacen más que nunca obligatorio el pasarse por este singular rincón.

Nuestros agradecimientos a Vicente Díaz Pardo del grupo ‘Valladolid Escondido’ por recordarnos esta joyita escondida, valga la redundancia.

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