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Una de romanos

Al redactor jefe de esta casa, con quien negocio los temas que voy a abordar, le encantan los romanos. Los romanos históricos, no se vayan a pensar. No sabemos muy bien la razón, pero parece creer que es bueno hablar de la presencia en nuestro territorio de Roma, esa República transmutada en Imperio y que sucumbió decadente, víctima de sus propios pecados -como pensaba Gibbon-.

Rafael Varón
Rafael Varón. ArkeoClio

No, hablar de los restos materiales e inmateriales que nos ha legado aquella potencia militar, colonial, política y cultural -al menos- no es malo. El paseo por nuestra comunidad nos deja visitas y sensaciones brillantes. Sobre todo, en aquellos lugares donde la investigación y la inversión han avanzado más. Pero también nos deja un poso amargo cuando reconocemos otros sitios -leído como yacimientos-.

Son aquellos lugares en los que la constancia de restos arqueológicos ha sido menospreciada o destruida porque “no era el momento de detener el progreso por cuatro pxxxs piedras” (escribo esto en el fin del verano, no me tengan en cuenta el exabrupto postvacacional).

Seamos positivos, lancemos algunas ideas sobre la razón del gusto por aquella cultura clásica. Este que suscribe tienes sus filias arqueológicas y patrimoniales sobre esta época. Por un lado, la vinculada a su desarrollo profesional como arqueólogo con estas realidades; por otro, hay que sumar la experiencia del viaje, de la visita, que casi siempre ha tenido un componente ligado a las personas que lo han guiado, acompañado y disfrutado en y de estos lugares. Y su cabeza, pero también sus sentimientos, se va hoy a sitios muy conocidos que, probablemente, ustedes también han visitado.

En un listado desordenado me vienen a los recuerdos acueductos. Claro, el de Segovia, pero también el de Tiermes, o la red de canales que surtían de agua a ese otro imponente lugar que son las Médulas. Joyitas más o menos evidentes de la ingeniería. Elementos que te hacen levantar la vista al cielo para admirar toneladas de sillares acumulados con pericia, o vislumbrar un pequeño fragmento de un túnel o un canalito excavado en la roca para imaginar los kilómetros que comprende y su terrible uso final.

Oigan, y con un mérito increíble. No parece que para esa época y en estas tierras se tuviera -salvo ulterior noticia, que no evidencia- la ayuda de esos alienígenas que montaron otros espectaculares restos allende nuestros mares.

 

Segovia, Spain at the ancient Roman aqueduct.

Otras veces, las gollerías vienen en forma de cuadradito de piedra que conforma una alfombra historiada, geométrica, decorativa, en cientos de metros cuadrados, en kilómetros cuadrados si pensamos el conjunto de la actual comunidad. La Olmeda, las villas palentinas, el Museo de las Villas Romanas de Almenara de Adaja-Puras. Lugares que revelan el esplendor de una vida a la que una parte de la población tenía acceso y disfrutaba, mientras que otra parte solo podía limpiarlos, mantenerlos y pasearlos con el fin de servir a sus amos.

Probablemente, todas estas gentes recorrieron, como hacen hoy otras muchas personas, por diversión o amor al patrimonio, millas de calzadas. Estas vías, como otras obras de esos tiempos, no son un recuerdo de un pasado lejano, sino una infraestructura viva, tanto para la cultura y el turismo, como para la comunicación efectiva en los, ahora, espacios vaciados.

Las calzadas y las rutas creadas por Roma forman, aún hoy, parte de nuestro acervo cultural, como ha mostrado Isaac Moreno en sus trabajos. Tan brillante y útil es esta red que somos capaces de comparar aquella con la actual, sin que en esa comparación la antigua pierda.

Hijos de Roma en el cerro del InfiernoOtras veces todas estas evidencias, y otras muchas más, se concentran en un lugar concreto, en las ciudades. La arqueología nos enseña cómo era el entramado urbano, casas, calles, cloacas, establecimientos hosteleros; y también cómo funciona la materialidad de la política y la religión de la metrópoli a través de sus basílicas y templos. Sin olvidar algunos de esos lugares de representación del poder en forma de escenario teatral. Volvemos a Tiermes pero miramos, sobre todo, a Clunia.

Llego al final de mi espacio. Solo he dado unas pinceladas retratando lo más conocido. Seguro que el jefe me va a proponer -guiño, guiño- nuevas entregas. En ellas habrá que fijarse en lo pequeño, en lo cotidiano, en la articulación del territorio que hemos heredado, en el Derecho Romano, en los nombres de nuestros pueblos, en las pelis que se veían en los tele-clubs, con Ben Hur, Espartaco o Cleopatra. Y en las resistencias a Roma. De esto también habrá que hablar.

Mosaico de la ciudad romana de Clunia Sulpicia.
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