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La Vera Cruz, un templo único a los pies del Alcázar de Segovia

Separada de los grandes monumentos de la ciudad de Segovia, la iglesia de la Vera Cruz sorprende al visitante por su original arquitectura basada en un templete central con, ni más ni menos, que doce lados

Ricardo Ortega / Fotografía: José Miguel Martín

El circuito cerrado en que se ha convertido la ruta principal del turismo segoviano impide a la mayor parte de los visitantes acercarse a algunas de las grandes joyas que atesora la ciudad. Japoneses, norteamericanos o franceses apenas llegan a apuntar sus cámaras o teléfonos hacia el monasterio de los Carmelitas Descalzos o el Parral cuando detienen su marcha ante la colosal fortaleza del Alcázar; son muy pocos los que terminan por acercarse a esos espacios guardianes de la historia en los que reina la tranquilidad. Vistos desde lo alto, apenas se presentan como pequeñas maquetas con las que jugar en el salón de casa.

Iglesia de la Vera Cruz desde el Alcázar

Lo mismo cabe decir de la iglesia de la Vera Cruz, fundada en 1208 y que la imaginación popular atribuye a los caballeros templarios. Se trata de un error, fruto sin duda de la confusión entre las diferentes órdenes hospitalarias y militares que operaban en tiempos de cruzadas y reconquistas.

Dejemos aquí consignado que el templo fue mandado construir por los Caballeros del Santo Sepulcro y que hoy pertenece -tras la fusión de ambas entidades- a la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta. Para los amigos y para abreviar: la Orden de Malta.

Como apunte histórico, decir que en 1919 la iglesia fue declarada Monumento Nacional y que en 1951 dejó de estar en manos de la diócesis para regresar a la Orden de Malta. Sus caballeros se encargan hoy de su custodia y conservación.

Se trata de un templo singular, casi único en Castilla y León, que sorprende y encandila al visitante no por sus dimensiones y por la riqueza de sus ornamentos, sino más bien por lo contrario: las paredes interiores han perdido casi la totalidad de los frescos que un día las iluminaban, y con ello la fábrica destaca más su sobriedad, la pureza de sus líneas.

Iglesia de la Vera Cruz

Un templete central

No es extraño encontrar a visitantes que cuentan el número de lados de este templo asombroso. Digámosles desde aquí que se trata de un edificio de planta dodecagonal, es decir, con doce lados que se corresponden con los del edículo -o templete- de dos plantas que ocupa la parte central.

Se accede a la planta baja de este elemento arquitectónico a través de uno de los cuatro accesos de arcos apuntados, orientados hacia los cuatro puntos cardinales. Dentro podremos jugar con los sonidos y darnos cuenta de que el sentido del oído puede ser una vía idónea para engañar al siempre ingenuo ser humano.

Para visitar la segunda planta deberemos ascender por la doble escalinata y, una vez allí, deleitarnos con una nueva perspectiva de las paredes y ábsides que contemplábamos un minuto antes. Sobre nuestras cabezas hay una cúpula califal y en el centro de la estancia se encuentra un altar con decoración mudéjar. Aquí los caballeros velaban sus armas hace ocho siglos y aquí se escenifican, todavía, los ritos religiosos de los caballeros de la Orden de Malta.

Iglesia de la Vera Cruz, lado norte. Foto de AdriPozuelo

El edificio original

La documentación que se entrega al visitante le permitirá refrescar sus conocimientos sobre esta orden hospitalaria, aunque también se le exigirá un cierto ejercicio de imaginación: visualizar cómo era este templo en el momento de ser construido, cuando aún no se habían añadido la torre, el ábside que en la actualidad se utiliza como sacristía y los otros tres ábsides que conforman la cabecera actual del edificio.

Vistos desde el interior, en el ábside central podemos contemplar una imagen de Cristo crucificado del siglo XIII, mientras que en el izquierdo hay un imagen de san Juan Bautista, patrono de la Orden de Malta. En el derecho se halla la imagen románica de la Virgen de la Paz. Situado en una de las paredes de la nave circular encontramos el retablo de la Resurrección, que data de 1516 y que en su momento adornó el ábside central.

Retablo de la Resurrección

La decoración del espacio central incluye una sucesión de banderas de la orden, que hacen referencia a las ‘lenguas’ en las que se divide: lengua del Delfinado y Auvernia; de Italia; de Castilla y León; de Alemania; de Aragón y Navarra; de Francia, y de Provenza.

En este escenario celebran los caballeros de la Orden de Malta sus actos religiosos. Como en el Viernes Santo, en especial la procesión del Cristo Yacente y del Lignum Crucis, en la que desfilan con negros hábitos.


La torre es de planta cuadrada, con tejado a cuatro aguas. Tiene cuatro cuerpos y en el último se alojan las campanas. En la base se refuerza con contrafuertes y en el interior se aloja la capilla de Lignum Crucis. En ella se veneró una reliquia asociada por la tradición a la cruz en la que murió Cristo, aunque hoy se guarda en la iglesia parroquial de Zamarramala, el barrio segoviano situado a poco más de un kilómetro y que forma una unidad urbanística separada. En esta capilla se puede contemplar una hornacina del siglo XVI tallada en piedra y con los escudos de uno de los comendadores de la Orden del Santo Sepulcro.

La contemplación de los muros nos recordará que estamos ante un edificio de estilo románico, si bien en plena transición hacia el gótico. Están construidos a base de sillería, en la que se abren pequeñas ventanas saeteras de medio punto que permiten la iluminación natural del templo.

No conviene abandonar el templo sin detenerse a contemplar la puerta que hemos atravesado al principio. Está conformada por un arco de medio punto y carece de tímpano.

Sobre ella, en la parte exterior, un relieve representa las Santas Mujeres y el ángel al pie del sepulcro vacío de Jesús: de nuevo, una referencia a la resurrección. Las arquivoltas están sin ornamentar y los capiteles están decorados con motivos vegetales, con alguna figura de bustos humanos y pájaros-sirena.

Segovia vista desde la iglesia

La puerta se halla frente al lugar en el que se encuentra la lápida de dedicación del conjunto, que ruega en latín: “Los fundadores de este templo sean colocados en la sede celestial, y los que extraviaron los acompañen en ella”. Desconocemos qué fue de aquellos caballeros, pero a buen seguro se han convertido en polvo y han regresado a la tierra. Menos mal que, antes de ello, mandaron construir este templo casi único, mudo testigo de la historia que miles de turistas contemplan desde lo alto.

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