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Una ruta diferente en el Bierzo: el Camino Real de Invierno

Numerosos peregrinos medievales optaban por la ruta conocida como el Camino Real de Invierno, que atraviesa parajes tan deslumbrantes como el de Las Médulas, para evitar el durísimo ascenso al Cebreiro antes de poner pie en Galicia

Ricardo Ortega // El Bierzo

El Camino francés de la ruta jacobea no sería el mismo sin el ascenso al monte Cebreiro, un caramelo agridulce con el que la vía de las estrellas obsequia al peregrino; una dura subida que pone fin al tramo berciano del Camino para adentrarse en tierras gallegas; una prueba de fe en las propias posibilidades que muestra su cara más ingrata en invierno, especialmente cuando arrecian las tormentas de viento, agua y nieve.

Del carácter inhóspito de la subida a ‘O Cebreiro’ nace el bautizado como Camino Real de Invierno, la ruta empleada por numerosos peregrinos medievales para evitar esa subida inhóspita. A cambio, el caminante aprovecha el trazado de antiguas calzadas romanas para verse obsequiado por paisajes impagables, como el del yacimiento de las Médulas (declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997) o la garganta del río Ferreiros, un espacio natural de belleza poco común vigilado por la mirada pétrea del castillo de Cornatel.

camino flecha

La parte berciana del Camino Real de Invierno recorre apenas 43 kilómetros antes de penetrar en la provincia de Orense, que atraviesa para empalmar en Lalín (Pontevedra) con el Camino Mozárabe-Sanabrés. Nace en el ponferradino puente de Pomboeza y parece retroceder hasta Toral de Merayo, una localidad llena de dinamismo en la que recibe al peregrino la ermita del Cristo, cuya sencillez resume las cualidades de la arquitectura religiosa del Bierzo: una sola nave, tejado de pizarra y una poderosa espadaña.

Solo tres kilómetros después, en los que el caminante se reencuentra con el paisaje característico de la comarca, se alcanza Villalibre, con sus casonas y su ermita del Santo Cristo de la Vera Cruz. El camino se convierte en una senda serpenteante, que parece jugar al gato y al ratón con la vieja carretera, a la que se acerca para huir a continuación, como si deseara mantener al peregrino alejado de todo signo de civilización. Y es de agradecer, porque en los dos kilómetros que faltan para llegar a Priaranza se respira un aire trufado de madera de nogal y castaño, junto al aroma húmedo de los huertos.

fuente villavieja bierzo peregrino camino de santiago

A tres kilómetros y medio se encuentra Santalla, y en el camino entre ambas localidades pasamos junto a la talla de un caballero templario, recuerdo de la protección que esta orden militar ofreció a los caminantes durante siglos. Se trata, sin duda, del icono jacobeo más relevante de esta ruta que echa a andar, y su visión nos traslada una sensación reconfortante difícil de describir.

En Santalla nos recibe el conocido como Balcón del Bierzo, un mirador de hormigón ciertamente antiestético, pero que nos regala una vista poco conocida de la comarca, con una sucesión de bosques y taludes rojizos formados por el material arrastrado desde las Médulas.

monumento temple templario

Atención, porque a seis kilómetros se encuentra Villavieja, pero antes de llegar deberemos ascender por el paraje, embriagador, del valle del Ferreiros. Sobre nosotros, la imagen imponente del castillo de Cornatel, íntimamente ligado a los templarios y situado a tanta altura que parece increíble que vayamos a pasar frente a su puerta. Antes se atraviesa el pueblo de Villavieja, cuya iglesia de Santiago vuelve a recordarnos que estamos en una ruta jacobea.

Siempre que hay que contar con la suerte en el Camino. Si esta vez nos acompaña, los guías estarán en el castillo de Cornatel para mostrarnos sus sólidos restos y hablarnos de su relación con la orden del Temple, así como con los apellidos Osorio, Quirós y Cabeza de Vaca. Será una ocasión única para contemplar los picos de la Aquiana, las Médulas, el lago de Carucedo o los Ancares.

castillo de cornatel el bierzoA casi seis kilómetros se encuentra Borrenes, donde podemos sellar la credencial de peregrino, y cinco kilómetros después llegamos al pueblo de Las Médulas, enmarcado por el gigante rojizo de lo que fue un monte antes de convertirse en la gran explotación minera de Hispania. La ‘fiebre del oro’ de hace dos milenios arrasó el paisaje para dejarnos como legado este cuadro de gran belleza, que por sí solo debería animar a numerosos caminantes a escoger esta ruta frente al Camino francés.

toral de merayo

A las puertas de Galicia

Doce kilómetros más y llegamos al último pueblo de nuestro recorrido, Puente de Domingo Flórez, cuyas calles en cuesta nos hacen pensar que hemos llegado a la costa gallega. A esa sensación engañosa también contribuye la gastronomía local, con abundante presencia de marisco y pulpo.

Tras cruzar el río Cabrera sobre el puente que da nombre a la localidad -hoy construido a 30 metros del original- nos espera Quereño, en el orensano Concello de Rubiá. Faltan 228 kilómetros hasta Santiago, pero debemos tener cuidado al dar los primeros pasos: una mano traviesa ha pintado flechas amarillas de más y podemos acabar andando en círculo. No debemos hacer esperar a la ciudad de Santiago, destino de nuestros pasos.

camino las medulas bierzo

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