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El ábside románico que viajó a Nueva York a cambio de seis frescos de San Baudelio

La iglesia de San Martín de Fuentidueña y la ermita de San Baudelio tienen sus cuerpos divididos por el océano Atlántico a causa de una larga historia de expolio que las conecta

Expolio. Una palabra muy conocida en el medio rural español, donde la historia creó abundantes y valiosas obras de arte. Tanto, que cuando llegó el siglo XX, marcado por la pobreza y la despoblación, todo ese mosaico artístico se convirtió en un instrumento de mercadeo entre vecinos y unos marchantes de arte que se aprovecharon de esta situación para sacar del país muchos tesoros que ahora echamos de menos.

Y hay dos lugares en Castilla y León que reflejan a la perfección esta lacra: la ermita de San Baudelio (Soria) y la iglesia de San Martín de Fuentidueña (Segovia). Ambos monumentos están conectados por una larga historia de expolio, mercadeos y trueques que dispersaron sus obras a miles de kilómetros de donde fueron concebidas.

San Baudelio, el expolio de la ‘Capilla Sixtina’ del románico

Esta historia comienza en la segunda década del siglo XX en Casillas de Berlanga, municipio al que pertenecía la famosa ermita de San Baudelio, clasificada como mozárabe y calificada como la ‘Capilla Sixtina’ del románico. El templo atesoraba en su interior unas excelentes pinturas murales que adornaban por completo toda la cámara. Pero eso los vecinos a los que pertenecía la ermita no les interesaba que la usaban como almacén de aperos y de ganado.

Exterior de la ermita de San Baudelio. Foto: Soria ni te la imaginas

Entonces llegó Leone Leví, un anticuario que se interesó por las pinturas e inició en 1922 las gestiones para su compra por 65.000 pesetas. De nada sirvió que la ermita fuera declarada Monumento Histórico Artístico en 1917, ni el pleito por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas que, junto a los intelectuales del momento, detuvieron el proceso de sustracción de las pinturas y pusieron el caso en manos de la justicia.

Ermita de San Baudelio de Berlanga. Foto: Soria ni te la imaginas

El litigio finalizó tras una sentencia del Tribunal Supremo en 1925 en la que se consideró que la venta de las pinturas era legal, pero el edificio estaba protegido y cualquier modificación necesitaba una autorización expresa del Ministerio. En 1926 Leví retomó el arrancado de las pinturas, aunque no contaban con el permiso del Ministerio, y finalmente las pinturas desaparecieron el 25 de julio de este mismo año.

Según parece, los 23 lienzos arrancados de San Baudelio viajaron primero a Londres y después embarcaron en dirección a Estados Unidos, donde las pinturas acabaron dispersas por varios museos norteamericanos. Pero la historia no acaba aquí.

Vista general de Fuentidueña (Segovia)

El intercambio por un ábside románico de Fuentidueña

El pueblo segoviano de Fuentidueña fue un importante enclave para los reyes cristianos de Castilla en la frontera con el territorio de Al Ándalus. De su esplendor durante los siglos XII y XIII nacieron varias iglesias románicas, como la iglesia de San Miguel Arcángel, rematada con una bella galería porticada exterior, o la iglesia de San Martín, situada en una imponente colina debajo de un castillo fortificado.

Pero, pasados los siglos, el esplendor medieval se fue convirtiendo en decadencia, algo que los templos fueron reflejando en sus muros. Una de ellas, la iglesia de San Martín, se abandonó en el siglo XIX y estuvo en mal estado durante mucho tiempo. Fue en 1957 cuando su ábside románico fue cedido de forma ‘temporal indefinida’ al gobierno de Estados Unidos a cambio de dinero para reparar el templo de San Miguel Arcángel, que también acusaba graves deficiencias. Pero, además, en el intercambio se obtuvieron seis pinturas de San Baudelio de Berlanga en un préstamo igualmente a largo plazo. Estas pinturas actualmente descansan en el Museo del Prado.

Ábside de la iglesia de San Martín expuesta en el Museo de Nueva York. Foto de Ad Meskens

Y mientras las obras de San Baudelio volvían a su país, que no a su pueblo, las piedras del ábside de San Martín fueron dispuestas en tres mil trescientos cajones con un peso total de 370 toneladas. Se trasladaron en camiones al puerto de Bilbao desde donde llegarían en barco a Nueva York y, desde allí, a su último destino y donde descansan ahora: el Museo de los Claustros de Nueva York.

 

Restos de la iglesia de San Martín en Fuentidueña

El resultado de toda esta historia es un pueblo de Fuentidueña con unas ruinas de piedras desordenadas que hacen difícil interpretar lo que un día fue la iglesia de San Martín, y una ermita de San Baudelio que sigue sin llenar de color esos huecos en sus muros que nunca debió tener.

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