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Las aguas más puras del Alto Bierzo

Entre bosques y cascadas, una ruta de dificultad media serpentea por la Sierra de Gistreo. Una cita con el senderismo, la naturaleza y la salud

El Alto Bierzo es rico en localidades que nos trasladan con facilidad a otros tiempos, menos tecnológicos y con una mayor relación entre el territorio y las personas que lo habitaban.

El viajero llega a Noceda y reconoce el espíritu berciano en sus calles, en sus tejados de pizarra, en su callejero, en el tono amable que emplean los vecinos para indicar al turista, ese intruso, la ubicación del horno tradicional, del lagar, de la ruta de los molinos.

En esta ocasión nuestra pregunta se dirige a la ruta de las fuentes. Hace calor en esta época del año y es de agradecer la presencia de agua en la ruta. Tanto por la compañía del susurro que genera en su discurrir como por el alivio de las altas temperaturas.

No vamos a mentir: hemos venido a Noceda atraídos por la fama de sus aguas, como el protagonista de la película ‘Casablanca’, solo que esta vez hablamos de un líquido que ha demostrado, o casi, sus propiedades oligominerales.

De alguna de las fuentes mana agua bicarbonatada sódica, y dice internet que fortalece los huesos, permite combatir el reúma, previene la caries y da mucha vida. Sin restar mérito a estas surgencias, a nosotros nos basta con que nos ayuden a combatir la sed.

Estamos en la cara sur de la sierra de Gistreo, cadena montañosa que se puede considerar prolongación meridional de la cordillera cantábrica en dirección a los Montes de León. Es tierra de astures, también de romanos, y la toponimia nos habla de abundancia de nueces. Noceda (de ‘nux’, nuez) no es solo el nombre de la localidad. También se llama así el curso que lleva las aguas hacia el Boeza.

Hemos buscado una sombra que cobije nuestro coche en los alrededores del albergue y nos hemos adentrado en nuestra ruta, guiados por postes de señalización. Ya respiramos la exuberancia del bosque, de los primeros castaños. De aquí sale la castaña de la variedad parede, la más utilizada para los magostos de León.

Noceda ya ha quedado a nuestras espaldas cuando llegamos a la primera fuente del recorrido, la de Juan Álvarez. Continuamos la marcha y los castaños van dejando paso a robles, abedules, avellanos y otros árboles atlánticos.

Quizá haya sido el espíritu protector de los antiguos astures el que haya permitido que el ecosistema se haya mantenido dentro de una suave evolución a lo largo de los siglos. En zonas cercanas el fuego y la actividad humana han devastado la flora autóctona, sustituida en multitud de ocasiones por amplísimos pinares.

A medida que ascendemos comprendemos mejor el topónimo de Gistreo, que deriva de la palabra ‘gistra’, planta que crece en los pastizales y que se recolecta para la elaboración de aguardiente.

Abandonamos la pista principal y tomamos un sendero que trepa entre los robles. Cruzamos otro cauce, casi un río, a través de un puente de madera y, al poco, al caminante se le da la opción de visitar otras dos fuentes: la de la Salud y la del Azufre.

El sendero sube entre urces y llega a un robledal, que atravesamos para volver a cruzar el reguero y llegar a una pista que supone la subida más dura. A nuestra izquierda, el valle de la Silva, que alberga pinos, robles y abedules, junto con unas peñas que bien podrían albergar fauna tan importante de conservar como el lobo, el oso o el urogallo.

Llegamos al mirador de la Gualta, desde el cual tenemos una buena vista de todo el valle. Contemplamos las vaguadas boscosas que descienden de Gistreo y a través de las cuales descenderemos.

Lo hacemos a través de unas escaleras con cuerda que facilitan el descenso, aunque no podemos perder de vista el suelo a cada paso que damos. Es fácil tener un accidente en este tramo, sobre todo en las épocas del año en que el suelo es resbaladizo.

Volvemos a penetrar en una masa de robles de gran talla, que no logran esconder una doble cascada que se precipita desde el mirador hacia el valle. Son las cataratas de la Gualta, que proporcionan una excelente sensación al caminante que se aventura a conocerlas.

Como en otros lugares de esta comarca singular, fronteriza, la toponimia hace que salga a la superficie el sustrato asturleonés que siempre está presente. El nombre de Gualta puede derivar de ‘agua alta’, es decir, de agua que cae desde las alturas. Por eso en vez de ‘la Gualta’ deberíamos escribir ‘L´Agualta’, si deseamos comprender mejor el suelo que pisamos.

Seguimos descendiendo hasta un nuevo puente de madera, sobre el que volvemos a cruzar el reguero. Otro tramo de vegetación exuberante, acompañada de la fuerza del agua y de la penúltima fuente del recorrido, la del Canalijo.

Ya llegamos al valle, al prado y al bosque de ribera, para enfilar la última parte del recorrido, la más cómoda. ¿Hemos dicho que aún quedaba otra fuente? Es la del Rubio, para la que deberemos caminar otro kilómetro.

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