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Homenaje al senderismo en Miranda de Ebro

A tres kilómetros de Miranda de Ebro se funden lo mediterráneo y lo atlántico, la meseta y el Ebro, lo burgalés con lo vasco y lo riojano. Una ruta por senderos y cortafuegos pone a prueba nuestra resistencia y nos acerca a las tradiciones de esta ciudad de frontera, trufadas de leyenda. Un pulmón verde que es escenario de fiesta,  de ocio y de práctica deportiva
Ricardo Ortega

El viajero que llega a la comarca de Miranda desde la meseta barrunta la presencia del Ebro al atravesar la Bureba, pero se da de bruces con un cambio radical de escenario al cruzar el desfiladero de Pancorbo. Ya ha conocido la rocosidad abrupta de los Obarenes, y ahora se aproxima al punto en el que convergen el País Vasco, La Rioja y Castilla y León. Donde conviven el pino y la encina con el quejigo y el madroño.

El Santo Miranda de EbroSan Juan del Monte

El paraje de los Montes de Miranda y Ameyugo supone una vasta extensión de 3.600 hectáreas, aunque solo una pequeña parte está declarada Zona Natural de Esparcimiento: la que corresponde al conocido como Monte de San Juan por los vecinos de Miranda. Y es que este pulmón verde ofrece un área de ocio y deporte a lo largo de todo el año, pero sobre todo posee un significado de monte sagrado para la inmensa mayoría de los mirandeses, que en primavera celebran con una alegría que roza el fanatismo sus fiestas de San Juan del Monte.

A cinco kilómetros del casco urbano se extiende el paraje de la Laguna, donde se extienden las casetas que ejercen de sede de las diferentes cuadrillas. Nos ofrece un buen punto de referencia para dejar nuestro vehículo e iniciar una de las muchas rutas posibles.

Cabe ofrecer al forastero el destino de la Cruz de Motrico, de diez metros de altura y erigida en 1955 como homenaje a los senderistas locales. El monumento se instaló por el club Deóbriga, hoy denominado Club Mirandés de Montaña, y ha sido restaurado recientemente.

San Juan del Monte Miranda.El camino más corto para llegar a este punto emblemático es también el que pondrá a prueba con mayor contundencia nuestra resistencia. Partiendo desde la parte alta de la Laguna por una pista forestal, a unos tres kilómetros de distancia un camino se abre a nuestra izquierda. El resto del camino puede hacerse duro y, de hecho, cuando alcancemos la infraestructura puede sorprendernos que apenas nos hallemos a 851 metros sobre el nivel del mar: habremos ascendido 257 metros desde la Laguna.

No es mal mirador para contemplar la ciudad de Miranda extendida a lo largo de la ribera del Ebro, los pueblos, los Montes de Vitoria; los Obarenes a nuestra izquierda y a la derecha, más allá del río, la Sierra de Cantabria, que nos sitúa en La Rioja. Como hito curioso, y poco conocido fuera de la comarca, localizaremos el monasterio de Nuestra Señora de Herrera, monasterio cisterciense fundado en el siglo XII y que desde 1923 está habitado por ermitaños de la orden Camaldulense.

Miranda industrial, autrigona, ermitaña… y pop

Entre tres comunidades

Es posible que esta ruta le haya sabido a poco al intrépido senderista, de modo que le puede interesar otra opción algo más compleja: partir desde la Laguna y continuar la senda hasta la ermita del Santo. En ella no se venera ninguna advocación del santoral católico; su localización fue escogida al azar por un grupo de fervientes mirandeses hace ya varios siglos. En realidad, lo más probable es que nunca existiera el ermitaño al que se conmemora con verdadera pasión, pero entrar en disquisiciones nos enfrentará a los parroquianos y, lo que es peor, nos distraerá de nuestro camino.

Senda de los Tejos San Juan del Monte Miranda

Realizada la foto de rigor junto a este templo improvisado, y contempladas las vistas desde el mirador, podemos tomar la ruta que continúa por el costado de la ermita y dirigirnos hacia los montes que se asoman a la comunidad riojana.

Existen pocos mapas de la zona y la mejor ruta es la que nos ofrezca nuestro sentido de la orientación, auxiliado quizá por las piedras que han apilado los propios montañeros a modo de poste. Si este no nos deja tirados, podremos coronar alturas como el Avellano, Peñalrayo o Montefuerte.

Jembres son dos cumbres puntiagudas, la más alta de las cuales se eleva hasta los 856 metros. La sensación de poderío resulta inmensa sobre las jorobas de este camello de roca, máxime cuando nuestra mirada se dirige al sur; allí podremos contemplar la superficie cuarteada en parcelas agrícolas de La Rioja.

A nuestros pies divisamos los primeros viñedos, que curiosamente no pertenecen al territorio riojano, sino al municipio de Miranda: son los enclaves de Sajuela y el Ternero, que suman 350 hectáreas y cuya uva está amparada por la DOCa Rioja. Es otra de las sorpresas que vivirá quien se acerque a este punto de encuentro entre tres comunidades.

Hijos de Roma en el cerro del Infierno

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