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Catedrales de barro

Inspiraron a artistas, pintores y poetas. El mismo Cervantes describe el palomar que proporcionaba alimento a don Alonso Quijano, mientras el Lazarillo de Tormes asegura poseer “un palomar que a no estar derribado como está, daría más de doscientos palominos”. En pleno siglo XXI, cerca de 7.000 de estos monumentos tradicionales siguen siendo motivo de inspiración en Castilla y León

Ricardo Ortega

No son monumentos religiosos ni militares y no cuentan con la declaración de Bien de Interés Cultural, pero forman parte del paisaje de Castilla y León como verdaderos estandartes de su cultura.

Durante siglos garantizaron un alimento complementario en el medio rural. El palomar nace de la tierra, puesto que se construye con los materiales más próximos: piedra y adobe. Al desaparecer, regresa al suelo y cierra un ciclo que convierte en impensable el concepto de residuo. El palomar, elemento de la arquitectura popular vinculado a la economía doméstica, se hace presente en todo el territorio de Castilla y León, de forma especial en la comarca de Tierra de Campos, extendida por las provincias de Zamora, León, Palencia y Valladolid. Allí perviven 3.000 de estos edificios, cuya silueta es tan emblemática para la zona como los molinos de viento para La Mancha.

Una peculiaridad de las ‘guarderías de pichones’ es que, al margen de cuál sea su estado de conservación, siempre sorprenden al viajero. Llama la atención su enorme versatilidad y su extraordinaria mutación en diversas formas, desde circulares, cuadradas o rectangulares hasta hexagonales. En todos los casos, con variaciones en cuanto al tipo de tejado empleado o respecto a la existencia de un patio interior.

Palomares

Se trata de edificaciones funcionales, concebidas para un aprovechamiento económico. Son elementos patrimoniales llenos de vida y de riqueza artística. Así se revela al estudiar sus pináculos, ornamentos o cerraduras de hierro. Especial mención merecen los palomares en forma de herradura, característicos del norte de Portugal y que dan entidad propia a varias comarcas de la zona.

Piedra, madera y adobe

Piedra, madera y adobe son los principales elementos empleados en la construcción de los palomares. De ellos, el tercero es el más habitual, ya que su uso responde a las características de buena parte de Castilla y León: la escasez de piedra de calidad y lo limitado de la producción de madera -combustible esencial para la cocción del barro- condiciona la implantación del adobe frente al ladrillo tradicional. La mezcla de agua y tierra se emplea bajo dos modelos: mediante ladrillos de adobe secados al sol y por medio del tapial, elemento definido por el empleo de tablas a modo de encofrado.

Herencia romana

Aunque el empleo de las palomas y pichones hunde sus raíces en la historia más remota, los palomares de la Península Ibérica son herederos de la civilización romana. Desde la época clásica y hasta la segunda mitad del siglo XX, Castilla y León tuvo en estas explotaciones uno de su principales recursos para la subsistencia de las familias, hasta el punto de contar con 10.000 de estos monumentos de la arquitectura popular en los momentos de mayor implantación.

Desde mediados de los años 60, la industrialización de las ciudades y el abandono del campo llevaron al descuido de los palomares, al ser explotaciones que no se adecuaban a la rampante economía de mercado.

 
Fotografía principal: Luis Miguel González
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