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Francisco Escribano, el cura liberal de Corrales de Duero

Hoy la frase “viva la Pepa” se asocia a cachondeo y exceso de permisividad, pero en su día era un grito reivindicativo de la primera Constitución Española, la denominada ‘Pepa’ (de 1812).

Fue la primera constitución del país, de corte liberal burgués y una de las más avanzadas de su tiempo, establecida por las Cortes de Cádiz hacia el final de la Guerra de la Independencia española contra la Francia de Napoleón.

Fernando Repiso Granado

Básicamente instauraba la monarquía parlamentaria, con la división de poderes y la soberanía residente en la nación, que no en el rey, además del sufragio universal masculino y de la libertad de empresa. No llegó a aplicarse inmediatamente, dado que al ser restaurado Fernando VII en el poder, a pesar de haberla jurado, implantó un férreo régimen absoluto.

Tuvo una breve vigencia años más tarde, a partir del levantamiento de Riego y durante el Trienio Liberal (1820-1823), que finalizó con la intervención de las potencias absolutistas europeas y la reocupación francesa por los Cien Mil Hijos de San Luis. Siguieron unos años de represión y persecución de los liberales exaltados, la “Década Ominosa” (1823-1833).

En aquellos tiempos convulsos en la historia de España, en Corrales de Duero hubo un núcleo liberal liderado por el cura, Francisco Escribano, que entroncaba con el ambiente liberal en el entorno de la Ribera del Duero y con los focos de Roa y Aranda. Escribano organizaba reuniones clandestinas en su casa, la Casa del Cura en Corrales, a las que acudirían personas del pueblo y de fuera. Aquellas reuniones debieron llegar a oídos de la diócesis, por lo que el cura fue procesado, ignorándose su destino final.

Escribano debió de tener una estrecha relación con el Empecinado, conocido exguerrillero, militar y héroe nacional de Castrillo de Duero que acabó ajusticiado en Roa por orden de Fernando VII. Al igual que el militar, el cura Escribano perteneció a la sociedad secreta Confederación de Comuneros Españoles, relacionada con la masonería disidente y formada por partidarios del liberalismo exaltado, no colaboracionista con el rey absolutista.

Escribano acudió a una reunión confabulatoria en la casa del Empecinado, apenas unos cuatro meses después de su ajusticiamiento (diciembre de 1825). Incluso el propio Escribano llegó a ser identificado como Empecinado, quizá por su procedencia de Castrillo de Duero.

La Casa del Cura era la vivienda de los curas (presbítero-párroco) y de sus ayudantes (diáconos) en el pueblo de Corrales de Duero, integrado en el arciprestazgo de Peñafiel y, por aquel entonces, perteneciente a la diócesis de Palencia, propietaria del inmueble.

Ofrecía las condiciones idóneas para reuniones secretas, dado que comunicaba con la posada, subterráneamente y por debajo de la calle de Las Parras, a través de un túnel de bodegas del pueblo, con salida en otra manzana a la plaza-cruce del Corral de los Carros.

Los forasteros podían alojarse perfectamente en la posada sin levantar muchas sospechas y podían huir rápidamente en carro por la carretera o por algún camino, en caso necesario.

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