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Rutas teatralizadas. Un manual de urgencia

Romper la previsibilidad, hacer que nuestra acción sea única, conseguir la singularización del proyecto, son algunas de las claves de las rutas turísticas teatralizadas en opinión de Javier Esteban, director artístico de la compañía Azar Teatro

El mundo de las rutas y las visitas turísticas teatralizadas tiene tantas especificidades como propuestas puedan existir. La primera de ellas podría ser la de la propia denominación porque se suele emplear el término ‘teatralizada’, pero también podría ser una ruta ‘dramatizada’, ‘animada’, ‘tematizada’… denominaciones que en realidad esconden matizaciones realmente importantes.

Javier Esteban.
Director artístico Azar Teatro

Teatralizar se define como dar forma teatral o representable a un tema o asunto y dramatizar es dotar de forma y condiciones dramáticas, lo que no implica la representación, sino las condiciones previas necesarias para poder encararla. Animar, en el contexto que nos interesa, es dar movimiento, calor y vida a una concurrencia de personas o a un paraje y tematizar es topicalizar, convertir algo en tema central de un discurso. Estos términos forman parte de un mismo campo, pero contar con todos o centrarse en alguno determina la forma que tendrá nuestro acercamiento al público.

Entre los factores mínimos fundamentales que cabe analizar antes de encarar el proyecto, en lo que podemos considerar un apresurado manual de urgencia, cabría destacar:

  • El objetivo. Definir qué tipo de público se quiere atraer y en qué momento, saber cuál va a ser la temporalidad de la acción y lo que se pretende al crearla. No se trabaja de igual modo para promocionar un nuevo atractivo turístico que para mantener o aumentar el número de visitantes en un periodo puntual o de una forma sostenida en el tiempo.
  • La excusa o efemérides. Es fundamental que sea atractiva y relevante, que tenga sentido por sí misma, que ponga de manifiesto y amplifique los recursos históricos o monumentales que motivan el evento. Si el motivo es insustancial es posible que sea más rentable la realización de otro tipo de acción.
  • El entorno o recorrido. Modifica aspectos tan importantes como el número de participantes, la duración, los espacios de intervención y los medios que se requieren. También su disponibilidad física y temporal, las posibilidades de interacción con la arquitectura o los objetos, las restricciones de uso que podamos encontrar, etc.
  • El tiempo / duración. Varía en función de la extensión del recorrido y su interés, y viene determinado por las posibilidades reales que se tienen de mantener la atención -y la capacidad de sorpresa- en el visitante. Qué decir cuando este, además, ha de estar continuamente en movimiento y generalmente no en las mejores condiciones de expectación.
  • Las posibilidades dramatúrgicas. Las posibilidades de teatralización requieren del estudio de los personajes, el entorno, el sesgo y número de participantes, el tipo de impacto que se pretenda generar con la acción (económico, educativo, divulgativo…) y el presupuesto empleado. En función de todos esos aspectos, el profesional debe diseñar y escribir las intervenciones buscando el adecuado equilibrio entre lo espectacular y lo turístico, para evitar que un aspecto engulla al otro.
  • La profesionalidad. Solo personas con una formación solvente son capaces de desenvolverse con soltura en las labores de dramaturgia, dirección y actuación que requiere este tipo actividad. Es triste encontrarse con vestuarios recién sacados de una tienda de disfraces o con gente a la que una esforzadísima voluntariedad no le basta para suplir la falta de recursos propios del ámbito profesional. Espantan las caracterizaciones tópicas y previsibles, así como los largos diálogos entre lo inaudible y lo gritado. La buena voluntad del público no hará que la actividad sea recomendada si la experiencia no alcanza unos mínimos de dignidad profesional.
  • Esa profesionalidad también ha de trasladarse al ámbito del guía turístico. Es un error pretender que un actor o actriz asuma los cometidos de un guía o viceversa. En demasiadas ocasiones estos papeles se confunden y se entrega el éxito de la ruta al carisma de una persona obligada a cumplir los dos roles; lo ideal es que ambos actúen de forma simultánea y se complementen, haciendo que cada uno brille en la que es su competencia.
  • Inversión vs. retorno económico. Es muy importante dirimir si la acción debe financiarse por sí misma (por ejemplo a través de la venta de entradas), si es sostenida por alguna empresa, por una institución o es considerada una inversión en aras de la promoción de una oferta turística determinada. Este aspecto condiciona enormemente las posibilidades y el entorno contractual en el que se va a desarrollar el trabajo.
  • La originalidad, la sorpresa, lo inesperado. Romper la previsibilidad, hacer que nuestra acción sea única, conseguir la singularización del proyecto, incluso si la acción está por encima del atractivo patrimonial. Es entonces cuando se entiende el concepto de inversión y no de gasto, sobre todo en el ámbito de la promoción turística.

Fotografía: Ricardo Ortega

 

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