La plaza de toros de Arroyo de la Encomienda se convirtió el 23 de junio en un enorme corral de comedias donde los más de 1.800 asistentes se deleitaron con la genialidad y el buen humor de Ara Malikian. Y con los sonidos de los instrumentos de cuerda clásicos de su ‘banda’, que interpretó piezas tan dispares como el Réquiem de Mozart o el rock duro de Led Zeppelin y su éxito Kashmir, con una sorprendente versión conjugando la fuerza de la banda británica y los ritmos orientales que caracterizan a Malikian
Texto y fotografía: Silvia del Río y Raúl G. Leralta
Más de dos horas de concierto, con una excelente calidad de sonido, y la puesta en escena a la que nos tiene acostumbrados el artista libanés afincado en Madrid: violines, violas, violonchelos, contrabajos, guitarras eléctricas, batería y percusión se conjugan gracias a un ramillete de artistas, con un virtuosismo extremo, y con un look característico y transgresor, que no deja indiferente: el negro y el cuero empastan a la perfección con temas de Mozart, Paganini, suyos propios, y cómo no, versiones adaptadas de Jimi Hendrix o David Bowie.
El hilo conductor del concierto, y de la gira, es el violín familiar que pasa de padres a hijos y que le permitió a su serio abuelo Krikor, apodado ‘el Bailarín’ (pese a que afirma Ara que nunca nadie le vio bailar), en 1915 y en pleno genocidio armenio, hacerse pasar por violinista y cruzar la frontera entre Armenia y Líbano.
Posteriormente este violín es el que permitió a Ara Malikian, gracias a su don especial para la música, a la ortodoxia de su padre (según nos cuenta en el concierto, amante de la música clásica, que no le consentía poner un poster de Led Zeppelin en su habitación), y a su esfuerzo y trabajo, desarrollarse profesionalmente como músico. Y emigrar de Líbano, pese a sufrir hasta los 15 años el conflicto armado: Alemania, Francia, Italia, y definitivamente eligió España como su residencia habitual.
Durante las más de dos horas de concierto diálogos amenos y divertidos, y muchos momento emotivos, destacando especialmente el tributo a David Bowie con ‘Life on Mars’, a John Travolta y a Tarantino con Misirlou de Pulp Fiction, y el remate final bajándose del escenario y tocando el violín entre el público interpretando magistralmente el Aria para Orquesta nº 3 de Johann Sebastian Bach.