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El otoño nos descubre el Valle de Ancares

Una ruta circular por los principales tesoros de este valle leonés, en la frontera con Galicia y Asturias, nos recuerda que merece la pena volver a calzarse las botas de monte. El crujido de las hojas bajo nuestros pies y los tonos marrones y rojizos de la comarca son un alimento para nuestro cuerpo y nuestra mente

Tienen suerte los aficionados al senderismo porque el planeta ha seguido girando y nos ha devuelto al otoño, quizá la estación más propicia para visitar uno de los espacios que deben al aislamiento geográfico el haber preservado la singularidad del habla, de la arquitectura y del paisaje. No hay como escuchar el crujido de la hojas bajo los pies en los Ancares, el valle del noroeste leonés, en la comarca del Bierzo, donde una naturaleza exuberante espera a ser descubierta.

Estamos en un entorno arrancado a la roca gracias a la acción de los glaciares, entre alturas elevadísimas. Por aquí discurre el río Ancares, afluente del Cúa, dentro de la cuenca del Sil. El valle justifica no una, sino al menos una decena de rutas de senderismo antes de cerrarse en el extremo sur del término municipal de Candín, que viene a coincidir con los límites naturales de la comarca. Después de atravesar un desfiladero, el valle vuelve a abrirse en San Martín de Moreda y desemboca en el Cúa, en el municipio de San Pedro de Olleros. Seguimos en el Bierzo, pero no adelantemos acontecimientos.

Paisaje otoñal desde el Camín de Suquestro cerca del Molino de as Graneras, en el río Ancares, llegando a Pereda.

Una de esas rutas es la que nos lleva a la cascada de Fumeixín, que se dibuja entre una gran variedad de árboles milenarios; ‘soutos’ o sotos de castaños, hayas, robles, abedules, avellanos y chopos, y que son el hábitat natural de multitud de especies como el corzo, el rebeco, el jabalí, el ciervo o el gato montés. Por supuesto, también del oso pardo y del siempre huidizo urogallo, que transita por el valle desde la era glaciar y que hoy se encuentra entre las especies protegidas.

La ruta circular, con los correspondientes descansos para recrearse en el paisaje, puede llevar una mañana o una tarde. Tiene su inicio en Candín, cabecera del municipio, desde donde tomaremos el camino viejo de Rioseco para dirigirnos a las canaletas de riego. En este punto, avanzamos hasta encontrar a la izquierda del camino una senda ascendente que nos llevará a admirar el arroyo de Fumeixín, que cruzaremos.

El molino de As Graneras, en Pereda de Ancares, se funde con la naturaleza en una estampa representativa de esta comarca leonesa.

Después de unos treinta metros por un leve repecho se presenta ante nuestros ojos la Fuente Mineral (Fe), que nos maravilla con sus colores rojizos. En el lado izquierdo del camino, más o menos a la misma altura, encontraremos la impresionante cascada de Fumeixín.

El arroyo de Fumeixín

Tras admirar el salto de agua, probablemente nos quedarán ganas de seguir alimentando nuestros sentidos. Por eso bajaremos por el arroyo de Fumeixín y cogeremos un camino en descenso que nos encontramos a nuestra izquierda; así llegamos al puente sobre el arroyo de Rioseco. Dejamos atrás el puente y continuamos por el camino durante unos metros hasta encontrar a nuestra derecha una pista con la que iremos ganado altura y que nos permitirá disfrutar de algunas de la vistas más increíbles del valle de Ancares.

Continuamos por la pista que se va haciendo más benévola, hasta llegar a un punto conocido como ‘A Cú del Castro’, y a partir de aquí empezamos el descenso que nos llevará a la localidad de Pereda de Ancares.

Excelente lugar para tomarnos un merecido descanso y refrescarnos en las piscinas municipales, en verano, o disfrutar de sus interesantes instalaciones deportivas. Podremos visitar el Aula de la Naturaleza, la Palloza del Señor Antonio como interesante muestra de la arquitectura popular y descubrir cómo era la vida en este tipo de construcción o acercarnos a Artesanía Pumarego, una casa-taller de talla de madera en la que nos mostrarán todos los secretos para dar forma a este noble material.

La tranquilidad del río Ancares a su paso por la localidad de Candín.

El puente del Carril

Ya con las fuerzas renovadas tomamos el camino que lleva al puente del Carril, pasamos por debajo y llegamos al molino de ‘As Graneras’ y al río Ancares.

En este punto se nos presentan dos opciones: una es tomar el camino que nos encontramos a la izquierda, que nos lleva al pueblo de Tejedo de Ancares y la espectacular visión que nos ofrece su cascada; la otra es tomar el camino que sale a la derecha por el ‘Camín de Suquéstro’ y que, después de pasar el llano de ‘Campo da Venta’ nos llevará a la carretera.

Si nos dirigirnos a la izquierda llegaremos a los pueblos de Suertes, donde una vez más el agua nos hace un regalo en forma de cascada, y Espinareda de Ancares. Tomando la carretera a la derecha, pronto llegaremos al Pozo de Xán en el río Ancares. Atravesando el puente amarillo y tras un corto repecho, llegamos de nuevo a Candín, nuestro punto de partida.

Mampostería y pizarra

El pueblo se divide entre la parte baja, el Barracón, donde se encuentran los servicios comerciales y turísticos, y la zona alta, donde están los edificios históricos. Es una ocasión para familiarizarse con la arquitectura local: casas construidas en mampostería y tejados de pizarra. Cerca del pueblo hay muchos restos de antiguas explotaciones auríferas, caminos entre ‘murocas’ (montones de piedras, producto de clasificación y lavado), catas, cortes, balsas, así como la mina de oro de As Cabanias.


Reportaje gráfico: Ricardo Meléndez (Planet Ancares)

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