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Arañar el cielo en Salamanca

Durante todo el año se pueden visitar las torres medievales de la catedral y las de la Clerecía, en un recorrido mágico que nos llevará por la historia de la ciudad. Es una de las mejores maneras de diferenciar la Catedral Vieja de la Nueva, y de acariciar las cicatrices del terremoto de Lisboa

La capital del Tormes es una de las ciudades preferidas por los visitantes para pasear y participar en la vida cultural, y también nocturna, hasta caer de agotamiento. Para quien desee una nueva forma de conocer su patrimonio histórico, y de forma singular el conjunto de sus catedrales, existe la fórmula de visitar sus dos torres medievales: la denominada Torre Mocha, de carácter defensivo y situada a los pies de la Catedral Vieja, y la Torre de las Campanas, de 110 metros de altitud y compartida por ambos templos.

fotografía: Enrique Carrascal
fotografía: Enrique Carrascal

Su visita es en realidad un recorrido por la historia de la ciudad y los avatares vividos por ella, desde el incendio de 1705 hasta las grietas que dejó el terremoto de Lisboa de cincuenta años después. El recorrido por el interior de las torres nos muestra salas nunca antes visitadas. También terrazas y tejados nos regalan impagables vistas de la ciudad.

El recorrido por ambas torres se inicia desde la plaza de Juan XXIII. Adquiriremos nuestra entrada en la Sala de la Mazmorra, donde se encuentra una pequeña tienda de regalos, y viviremos una primera sorpresa a continuación, en la Sala del Alcaide: su ventana geminada permite ver el interior de la Catedral Vieja; a través de un catalejo podremos ver cada una de los 53 tablas policromadas que componen su maravilloso retablo. Más adelante alcanzaremos la Sala de la Torre Mocha, dedicada a los archivos y a la ‘memoria constructiva’, de modo que tendremos acceso a los dibujos de los distintos arquitectos que han participado en la construcción y restauración de diferentes templos.

fotografía: Enrique Carrascal
fotografía: Enrique Carrascal

La Sala de la Bóveda se considera la verdadera piedra angular de la catedral. Reforzada tras el terremoto de 1755 como soporte del edificio, conserva las grietas producidas por el temblor, entre otras huellas del tiempo. Ya falta menos para alcanzar la terraza de la Torre Mocha, una salida al exterior que nos permite contemplar en todo su esplendor el conjunto catedralicio y mirar al lado sur de la ciudad.

Caminaremos sobre el tejado de la Catedral Vieja a través de una pasarela metálica hasta casi acariciar la Torre del Gallo, y después podremos caminar por el triforio interior de la Catedral Nueva. Más adelante, encontraremos la Terraza Norte, el mejor mirador de la ciudad, que permite el paseo entre arbotantes, pináculos y gárgolas. Pero el punto más alto de la ciudad está en la Sala de Campanas, que es también el punto álgido de nuestra visita.

La escalera del cielo
A muy pocos metros de la Catedral, en la Real Clerecía de San Marcos, se encuentra otra opción para arañar las nubes. La ‘Scala Coeli’ o escalera al cielo da nombre a la visita a las Torres de la Clerecía es una experiencia única. Panorámicas espectaculares mientras descubrimos la historia del Colegio Real de la Compañía de Jesús. El edificio, que alberga en la actualidad la Universidad Pontificia de Salamanca, data del siglo XVII y supone una manifestación espléndida del estilo barroco. Destacan su Escalera Noble y el magnífico Patio Barroco rodeado de un claustro de dos pisos. Una forma diferente de acercarse al patrimonio y a la historia de Salamanca.

 

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