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Espejo de verdades incómodas

Ricardo Ortega

No es nada nuevo decir que el mundo está habitado por personajes mediocres y también viles, capaces de exagerar su devoción religiosa (o su adhesión tribal al color de una bandera) para ocultar su afán por manipular en la sombra, por acumular poder y riqueza.

Sin ir más lejos, es esa hipocresía la protagonista del ‘Tartufo’ de Molière, el genial escritor que vio esta obra varias veces cercenada y prohibida, y cuyo final debió adecuar para reconciliarla con el poder. Aquello sucedió en la Francia anterior a la Revolución, aunque tres siglos después la obra posee -tristemente- toda su vigencia.

‘Tartufo’ es uno de los últimos montajes de la compañía Azar Teatro, con un libreto que ofrece una lúcida mirada a la sociedad de hoy; quizá lo más singular sea que la obra no pone el foco en el personaje mezquino, el falso devoto Tartufo, “sino en quien se deja engañar, porque entendemos que la sociedad actual se está dejando timar”, como subraya el director de la compañía, Javier Esteban.

Y es que el trabajo de Azar, que acaba de cumplir 25 años de existencia, consiste básicamente en “trasladar a la sociedad una reflexión sobre lo que ocurre, es decir, lo que supone el principio fundamental de la existencia del teatro desde tiempo de los griegos”.

En otras palabras, lo que hace es “plantarte como espectador un espejo ante la cara para que veas, pienses y reflexiones”. Pero evitando el tono panfletario: “Nos limitamos a ofrecer una ficción para que tú halles una conexión entre ella y lo que te rodea”.

ruta del hereje

Romper los techos de cristal

Tras un cuarto de siglo como compañía imaginativa, heterodoxa, versátil, que ha debido reinventarse en varias ocasiones, “echamos la vista atrás y resulta que nos hemos centrado siempre en una cosa concreta: vivir el hoy y trasladar nuestra visión al espectador, siempre ligada a lo que hay en nuestro entorno”.

Y ello a pesar de que, a lo largo de su trayectoria, el equipo formado por Javier Esteban, la actriz Mercedes Asenjo y los actores Carlos Tapia y Francisco Mateo ha debido enfrentarse a diferentes techos de cristal, como el que construyen sobre él quienes tratan de encasillarlo como compañía de teatro de calle.

Es cierto que Azar ha sido un referente en esta modalidad, especialmente gracias a haber creado escuela en relación con los mercados medievales. “Con ellos recorrimos toda España durante una década, y aún nos recuerdan por ello, pero eso no significa que solo podamos hacer teatro de calle. Porque nosotros sabemos hacer teatro; no en la calle o en sala, con texto o sin él… hacemos teatro, y lo hacemos en todas sus manifestaciones”.

el hereje

«¿De verdad no sois catalanes?»

Otra frontera invisible la sitúan quienes señalan que la compañía no puede emular a otras con mayor renombre en su ciudad, Valladolid, como si no pudiera haber más de un conjunto de enorme talento en un mismo espacio y un mismo tiempo. También, incluso, existe ese límite psicológico que resulta chusco de oír: “El de las personas que nos preguntan, y han sido decenas, si somos de Cataluña o de Francia, y que no pueden concebir que nuestra estética, la puesta en escena innovadora de montajes como Barroco Roll, pueda provenir de una ciudad castellana”, lamenta el director.

“Les cuesta mucho asumir que somos de Valladolid por el frescor de la propuesta. Eso te habla del carácter que hay de echar atrás lo nuestro, de no creer que una cosa que llama la atención provenga de nuestra ciudad”.

Se trata de un prejuicio “que tiene arraigo popular y que también se ha alimentado en ciertos estamentos, que han generado una cultura que hace que no rompamos: lo extraordinario es lo que viene de fuera. ¡Pero lo extraordinario surge aquí también! ¡Déjalo crecer!”, reclama.

A pesar de críticas e ideas preconcebidas, desde Azar siguen generando espectáculos de sala, que marcan hitos, “y creamos teatro: seguimos haciendo lo que nos da la gana contra toda esa opinión”.

Bruno

El teatro como señal de alarma

La siempre triste, la lamentable actualidad es quien en buena medida ha marcado la pauta de las obras y montajes que ha ido generando esta compañía a lo largo de los últimos años. Así es como surge ‘El Juicio de Dayton’, que narra las penalidades de un profesor que se ve procesado en EEUU por un atrevimiento inconcebible: enseñar a su alumnado los descubrimientos de Darwin.

“Esa obra surge del retroceso impresionante que percibimos, de que sale de nuevo la caverna”, apunta Esteban. Una obra necesaria ya que, “si tengo que reivindicar que dos titiriteros hagan teatro en una plaza sin que los metan en la cárcel, también es posible que venga alguien que nos diga que no se puede ir en contra lo que dice la Biblia”, apunta.

Otra vuelta de tuerca en la bajada a los infiernos en que parece convertirse cada nuevo telediario: ‘Bruno XXI’ aparece tras la vergüenza de Guantánamo y Abu Ghraib, “que es la nueva Inquisición”.

Con tres montajes distintos, consigue transmitir el mismo mensaje en diferentes formatos y escenarios. Uno de ellos convierte en laberinto el Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo, en Valladolid; un recorrido por un centro cultural que ningún visitante olvidará fácilmente.

¿El futuro del teatro? Vendrá dado por la realidad, “como el del conjunto del arte, desde siempre”. De hecho, “las vanguardias surgen como fruto de la realidad. Duchamp pone un urinario como obra de arte porque tiene que criticar el mercantilismo del arte de su época, no por una idea feliz, y Gustav Klimt se sale de lo figurativo como reacción a lo que ve en su entorno”, señala el director de Azar.

Y es que para Javier Esteban el arte no persigue la imitación de la vida. “Eso ya lo superaron los griegos hace tiempo. El arte es político, de la ‘polis’, el pueblo. Es un referente crítico y un espejo de lo que hay”.

La libertad de pensamiento recorre las calles de Valladolid por San Pedro Regalado

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