Ricardo Ortega
Nos recuerda la sabiduría popular que “si parece un pato, camina como un pato y hace ‘cuac’ como un pato, probablemente sea un pato”, pero está por ver si ese dicho se puede aplicar en Zaratán, localidad de 6.500 habitantes situada junto a Valladolid.
Si el viajero se dirige a la salida del pueblo en dirección a Wamba, junto a la carretera de la Mota podrá contemplar un teso o cerro, muy visible desde todo el casco urbano pero también muy desconocido: esta ‘mota’ tiene una inequívoca silueta de estructura defensiva, con diferentes taludes y niveles, rematado por una torre que el visitante podría identificar con un castillo. ¿Quizá una ermita?

No existe documentación sobre excavaciones arqueológicas en esta elevación del terreno. “Las únicas excavaciones que hay las hacen los conejos”, destaca socarrón un vecino de las urbanizaciones situadas frente al cerro.
Quizá hubo excavaciones de otro tipo, como veremos, pero antes debemos recurrir al visor de yacimientos arqueológicos de la Junta de Castilla y León.
En él comprobamos que el teso o mota tiene nombre: San Cristóbal. “Emplazado sobre el remate troncocónico de un teso próximo al pueblo, se trata de un yacimiento un tanto enigmático”, se subraya.

“Si por un lado conserva un topónimo quizá revelador de su primitiva función religiosa, al mismo tiempo posee una indiscutible personalidad topográfica, manifiesta no solo en el perfil de su zona superior, sino además en el abancalamiento de sus laderas”.
Lo cierto es que la “relativa ambigüedad” de los únicos materiales arqueológicos visibles, fragmentos de teja curva y ‘lanchas’ de caliza, unido “al silencio de las fuentes escritas”, impiden corroborar la más verosímil de las conjeturas: que estemos ante un edificio de culto de origen medieval “cuya vida tal vez se hubiera prolongado hasta la Edad Moderna”.
Ese “tal vez” del texto choca con algunos documentos que se conservan. En los registros antiguos de Zaratán, como en la visita pastoral de 1621, se menciona la existencia de una ermita dedicada a San Cristóbal, situada sobre una cuesta algo distante del casco urbano y que ya entonces se encontraba “muy mal parada”.

También se sabe que en el siglo XVII existía en Zaratán una cofradía dedicada a san Cristóbal. Está documentada desde 1618.
Los científicos dirán algún día si este pequeño cerro (120 metros de largo por 80 de ancho) es de origen natural o fruto de la actividad humana. Pero, ¿qué hubo antes de la ermita?
El Archivo de la Real Chancillería de Valladolid conserva un auto de 1684 relacionado con la causa “contra Pedro Sacristán y Alonso Herrera, vecinos de Zaratán, y otros consortes de diferentes vecindades, por haber cometido diversas pendencias, enfrentamientos y altercados al haber sido descubiertos cavando una zanja junto a la ermita de San Cristóbal de Zaratán para buscar un tesoro”.

Al parecer, la memoria colectiva asociaba el cerro a la existencia de otra cosa, quizá una fortaleza, y esta a un posible tesoro oculto. Una vez más nos acordamos de ‘El tesoro’ de Miguel Delibes.
Por cierto, si trepamos por el terreno resbaladizo que nos lleva hasta lo alto de la torre o ermita descubriremos, además de magníficas vistas, un hoyo de dimensión considerable, testigo de que alguien con interés por el pasado ha tirado de pico y pala.

Otros indicios de que haya habido una fortaleza nos los ofrece el propio callejero de la localidad: a pocos metros del cerro arranca la calle Trascastillo. Curioso nombre para una localidad en la que oficialmente nunca hubo fortificación de tipo alguno.
Los indicios que vamos sumando cobran sentido a la luz de una reflexión de Consuelo Escribano, arqueóloga de la Universidad de Valladolid. Hace ya años prestó atención a las construcciones defensivas terreras, que pasan “desapercibidas para muchos” pero que ofrecen “un campo de investigación frecuente en el mundo de los arqueólogos”.
De este modo, “enormes taludes, colinas artificiales precedidas de fosos excavados, rampas, cercas y muros pueden intuirse como elementos del relieve e identificarse a través del ojo experto”. ¿Como en Zaratán? Sigamos leyendo…
Al hablar sobre construcciones terreras medievales, Escribano apunta «que algunas de ellas enmascaran estructuras de mampostería de piedra, pero otras muchas podrían ser adscritas al grupo de lo que se conoce como motas», en las que se combinan defensas de tierra y construcciones de madera.
Algunas de aquellas, ya muy transformadas, han conservado en la toponimia su esencia, como ocurre en la Mota del Marqués o en el propio castillo de la Mota, de Medina del Campo, “mientras que en otras muchas el recuerdo de su fortificación se mantiene como El Castillo, el Castillón, Teso de la Horca, la Altamira o advocaciones de ermitas que crecieron a su abrigo, como ocurre en San Cristóbal de Zaratán”, apunta la arqueóloga.
Parece entonces que la intuición del viajero es correcta, y que en este lugar emblemático de la localidad pudo haber una fortaleza de este tipo.
¿Cuenta con protección este cerro?
Por la documentación hallada por este visitante curioso, el paraje está formado por fincas rústicas, según el Catastro, y figura en las Directrices de Ordenación Territorial de Valladolid y Entorno, DOTVAENT. En ellas se considera a San Cristóbal un espacio de interés natural y paisajístico, dentro de la categoría de ‘Cuestas y laderas’.
Quizá los responsables de las administraciones deberían otorgar a este lugar enigmático algún tipo de protección adicional. No porque los conejos sigan supliendo la labor de los arqueólogos, sino porque hoy constituye un circuito improvisado para la bici de montaña y el motocross. Un destino un tanto chusco para una fortaleza, aunque duerma mientras espera a ser descubierta.

