Ricardo Ortega
La Microbodega Urbana, en la calle Francisco Zarandona de Valladolid, acoge el jueves 19 de febrero la presentación del Concours Mondial de Bruxelles 2026. El acto comenzará a las 11,00 horas y contará con la presencia de Baudouin Havaux, presidente del certamen.
El Concours Mondial de Bruxelles (CMB) es uno de los concursos más prestigiosos del mundo y se encuentra en pleno giro estratégico: ir más allá su rol tradicional para convertirse en un socio activo de productores, distribuidores, importadores y consumidores.

En un contexto de caída del consumo el CMB responde a tres necesidades fundamentales: restablecer la confianza, simplificar la elección y reconectar emocionalmente con el consumidor.
En esa nueva etapa se involucra la Microbodega Urbana, que durante este año ofrecerá, por copas, todos los vinos seleccionados como Gran Oro en el CMB.
El local dirigido por el enólogo Roberto del Campo se ha distinguido en la última década como un baluarte de la cultura del vino. Cuenta con una parroquia fiel en la ciudad de Valladolid y su entorno, además de ser parada obligada para cientos de visitantes que se acercan a la provincia atraídos por su propuesta enoturística.
Como señalan desde la organización del CMB, la experiencia del vino no comienza en la copa, sino en el momento de la decisión. «Un vino se disfruta más cuando se comprende: conocer su estilo, sus aromas y la emoción que proyecta permite al consumidor anticipar el placer de la compra o la degustación», apuntan.
Al simplificar el lenguaje técnico y traducir la cata en perfiles visuales, claros y accesibles, el CMB “elimina las barreras de la intimidación”, señalan.
“El consumidor ya no elige por azar o reputación, sino por afinidad y satisfacción garantizada. Las medallas del CMB dejan de ser solo distinciones para convertirse en guías de confianza tanto para profesionales como para aficionados”, recalcan.
Un mensaje universal que rompe las barreras del conocimiento técnico: «La medalla actúa como un referente de confianza absoluta». Por eso se apuesta por las «descripciones intuitivas», en las que se sustituye el vocabulario «críptico» por perfiles aromáticos: en lugar de notas afrutadas se habla de «frutas exóticas, manzana o pera».
En cuanto a sensaciones, se apuntan «frescura y ligereza». Pero todo ello «desde el rigor absoluto», puesto que esa promesa de satisfacción «se apoya en la excelencia de nuestras catas a ciegas», realizadas por un jurado de expertos internacionales.
«Visibilidad» para los productores
Esta transformación del CMB representa una «oportunidad estratégica», porque participar en el CMB no solo significa aspirar al reconocimiento internacional, «sino también integrarse en un ecosistema directamente vinculado a la distribución».
Desde una perspectiva comercial, «los vinos premiados ganan en visibilidad, lo que facilita su comprensión, recomendación y promoción por parte de los distribuidores, bodegueros y restauradores asociados al concurso».
Una visión orientada hacia el futuro
Con esta nueva orientación, el Concours Mondial de Bruxelles reafirma su ambición: agilizar la llegada de los vinos galardonados al mercado y aportar valor a toda la cadena.
En un sector que busca reinventarse, «el CMB se posiciona como el puente entre la exigencia técnica y la simplicidad comercial». «Porque al hacer que el vino sea más comprensible, lo hacemos, sencillamente, más accesible para todos», remachan.



