
Si tenemos en cuenta cómo está el mundo, expresión cada vez más utilizada para expresar el malestar general existente, y todavía más actualmente con las tensiones y conflictos internacionales que se están produciendo, parece que celebrar este año el V centenario del nacimiento de la llamada Escuela de Salamanca, en relación a su máximo protagonista y generador, Francisco de Vitoria, casualmente tiene más sentido y oportunidad de realidad, y de traer el pasado a la actualidad.
En un mundo donde todo parece estar volcado hacia una carrera de inversión tecnológica, como salvación del ser humano y sin desdeñar que la tecnología es necesaria para avanzar como especie, y que nos puede hacer la vida más cómoda y aportar otras cosas sobre todo de ámbito material, pero, ¿nos hace más felices?, ¿nos hace estar mejor con nosotros mismos y equilibrados?, ¿nos hace que tengamos menos conflictos o nos relacionemos mejor y civilizadamente entre las personas?
Habría que pararse a pensar y reflexionar estas cuestiones, pues realmente en lo necesitamos invertir, es en el propio ser humano, en cómo hacernos más humanos, en nuestra esfera interior y moral que sí tenemos, para poder tener una sociedad y un mundo más pacífico y feliz, en el que las relaciones humanas se basen en valores y principios morales, y dignidad humana, no dejando como parámetro principal el económico y material.

Esos valores y principios ya los conocemos y los tenemos establecidos, pero tenemos que incidir también en que la herramienta del Derecho pueda ejecutar eficazmente los derechos humanos universales.
Francisco de Vitoria y otros personajes de aquel siglo XVI así lo percibieron. En aquel principio de la globalización, en el que dos mundos se encontraron con el descubrimiento de América, cambió para siempre la visión de los habitantes de este planeta.

En ese momento es cuando desde Salamanca, ante la realidad, muchas veces cruel, que se estaba viviendo en la conquista del nuevo continente, el fraile dominico Francisco de Vitoria, del Convento de San Esteban, acompañado de otros frailes y profesores de la universidad, se posicionaron e iniciaron una corriente de pensamiento innovadora, que fue religiosa, jurídica, filosófica y económica, en la que el centro y eje fue el propio ser humano y su dignidad.
Fue un revulsivo del humanismo. Una llamada y reivindicación clara hacia la concreta defensa de los indígenas americanos y también general de todo ser humano. Se visualizó la concepción y papel del ser humano más allá de las naciones o países de cada uno, para universalizarlo a todos los niveles, también jurídicos y económicos.
Se considera por tanto aquel momento el inicio de los derechos humanos y del Derecho Internacional.
Todo este movimiento, en su época, ya suscito recelos y oposición por parte del poder, pero con el tiempo y ahora así lo celebramos, generaría transformaciones positivas y sobre todo una esperanza en la que la familia humana del mundo, aspirara a que las relaciones entre ellos no fueran de fuerza bruta, sino civilizada basada en la palabra y el Derecho.
Este patrimonio inmaterial, intelectual y cultural que tenemos, es una oportunidad para pararnos a repensar nuestra condición humana. No tenemos que olvidar la premisa de que somos animales sociales y por tanto seres interdependientes, nos necesitamos unos a otros más de lo que creemos; y cuya perfectibilidad (encaminarnos hacia el bien individual y común, felicidad y paz) tal como proclamaban aquellos maestros humanistas, se tiene que hacer en sociedad; solos no llegamos a ninguna parte.

Para dar forma y poder transitar en este escenario es necesario el Derecho, la mejor herramienta que ha inventado el ser humano para poder gestionarnos y relacionarnos de manera civilizada, pues de otra manera ya sabemos por la experiencia y antecedentes de nuestra propia historia, dónde nos lleva. Primemos la inteligencia a la fuerza, el resultado claramente es mejor.
Por ello, en este año 2026 fundamentalmente hay que agradecer a la orden de los Dominicos y al Convento de San Esteban de Salamanca, este fruto e hito histórico emanado de sus muros, pero que salió y trascendió internacionalmente, para dar a la humanidad un soplo de esperanza y posibilidad real de convivencia.
Esperemos que esta conmemoración sirva para recoger el testigo y nos pongamos manos a la obra, continuando y reforzando la senda humanista.
En este sentido y a parte del atractivo artístico y patrimonial que tiene el convento de San Esteban y la propia ciudad de Salamanca, como ciudad renacentista por excelencia, este año 2026 es un idóneo momento para su visita.



